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| “Ay José, lo lastimas. Se te pasó la mano.”. Foto: BAER |
“Me lastima”, dijo la muchacha mientras sentía que su cuerpo casi iba en vilo. “Y más haré si en este momento no me dices qué es lo que está pasando”, contestó el hombre casi iracundo. Fingiendo sorpresa, Lina casi balbuceando contestó, “No sé a qué se refiere”. “No intentes colmar mi paciencia, que tengo muy poca; ¿acaso pensaron que no me daría cuenta? No están tratando con un idiota”. “Le repito que no tengo idea de qué me está hablando”. “Ya deja de fingir. Comprobé mi sospecha en la segunda carrera; de verdad fue un manejo muy torpe el usar el nombre de uno de mis caballos para intentar engañarme. además no sé cómo lo lograron, pero debes decirle a quien te haya hecho los videos, que tiene varios saltos de imagen en ellos.
Un par de piernas se movilizó por el pasillo de acceso, el zumbido de un inductor de sueño fue el aviso para que Ruth diera cuenta de los dos escoltas que la custodiaban, gracias a su experiencia en las artes marciales aprendidas en el ejército israelí, no tuvo resistencia alguna, mientras el Gato acomodaba al que había reducido en la entrada en una silla, atándolo fuertemente a ella, Ruth asomó por la puerta con una interrogación dibujada en la mirada; “Búscala, no deben estar lejos”, ordenó Efraín sin dar mayor detalle, Después de unos segundos, logró encontrar a la pareja forcejeando. “Déjela en paz”. “¿O qué?” contestó Estévan, “¿Quién va a detenerme, usted?”. “No, yo lo haré”. Como salido de la nada, José se plantó detrás del apostador y le aplicó la dosis del inductor.
Después de unos espasmos, Estévan cayó inerte al piso, Lina no pudo contener una expresión mezcla de indignación y sorpresa. “Ay José, lo lastimas, se te pasó la mano”. “Qué va, si apenas lo toqué, pero estas cosas son una chulada”. “Cualquiera diría que te interesa este sujeto”. increpó Ruth. Titubeante, Lina apenas pudo negar con un gesto de desaprobación. “Mejor apurémonos, porque el efecto del inductor se le puede pasar rápido”. “No hay problema, sólo le aplico lo mismo que a sus guardias y ya”. “Voy, ¿a poco muy efectiva?”, dijo José con cierta sorna. “Cuando quieras puedo darte una muestra”. “No gracias, lo creo”. Rieron los tres pero interrumpieron su efusividad al llegar el Gato. “¡Ya están los ‘paquetes’? Alístense que nos vamos en cinco”. Continuará. Salud.
Beto

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