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| “Saltó eufórico bajo la mirada divertida de sus acompañantes...”. Foto: BAER |
Envalentonado por el primer triunfo en mucho tiempo, Estévan no objetó el cambio pues ya se veía codeándose con apostadores profesionales de todo el mundo; la maquinaria se había echado a andar, de pronto la pantalla mostró el listado de recintos abiertos en el orbe. Después de un rápido vistazo, el joven Corcuera eligió Singapur, pues recordó haber estado alguna vez allí, mencionando que recordaba un cambio de color en la puerta del tercer carril que servía de señal a los espectadores para saber en cuales colocarían a los caballos favoritos, algo que sólo se hacía en ese lugar. Un detalle que puso en alerta a todo el equipo pues no habían considerado algo así, de inmediato se pusieron a averiguar cuál era la forma de la señal.
Como el truco de una falla técnica pondría en riesgo la operación, Lina puso en juego todos sus encantos para sacarle a Estévan la información, esto debía ser lo más pronto posible puesto que no debían manipular demasiado las imágenes, pues corrían el riesgo de que aparecieran en ellas “fantasmas” de color que evidenciarían el fotomontaje. Juan tomó el “ratón” de la máquina que operaba el Gato por ser la que tenía a la mano, con el programa de diseño, trazó unas líneas mientras escuchaba por el auricular la descripción de la mancha de pintura que hacía Estévan a una Lina que se esforzaba por mantener una expresión de interés que estaba lejos de sentir y Ruth hacía plática con los escoltas que parecía iban a adivinar al plan en cualquier momento.
Pasados unos minutos, el emplaste quedó perfecto, con un pequeño detalle, Juan lo había puesto en la puerta dos y nadie lo hubiera notado de no ser porque el escolta más joven, aburrido porque nadie atendía su plática, se fijó en la pantalla, “jefe, ¿qué no había dicho que la marca estaba en la puerta del carril tres?” Más intrigado por la osadía de que la hablara cuando estaba ocupado que por verificar el error, Estévan volteó a ver qué era lo que sucedía con su empleado, segundo que aprovechó Juan para cambiar de lugar el señalamiento. “¿Qué dices insensato? Yo la veo donde dije que estaba”. Después de unas cuantas burlas de su patrón y su compañero, todos se dispusieron a ver la carrera. Continuará. Salud.
Beto

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