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| “Quedaban dos minutos” Foto: BAER |
Debía apurarse pues no tardaban en bajar los escoltas de Estévan Corcuera; al turno de la noche no le tomaba más de cinco minutos hacer el cambio con el turno de la mañana y ése era el único momento en que el vigía no tenía los ojos puestos en el automóvil, por lo que preferentemente, no debía dejarse ver por él a su entrada y así dejara su puesto confiado en la rutina diaria. Esperó a que los dos escoltas subieran por el ascensor para inmediatamente poner manos a la obra. El dispositivo, del tamaño de una huella dactilar y tan delgado como una hoja de papel, debía colocarse en la parte más alta de la salpicadera delantera derecha, con el cuidado de no activar la alarma térmica.
Ésta había sido colocada en los Estados Unidos en una agencia privada que proveía a la CIA de insumos para el espionaje, gracias a un contacto que había logrado don Emilio Corcuera por su colaboración en la captura de un narcotraficante a gran escala. Las circunstancias de tal colaboración siempre se manejaron con la mayor discreción, por lo que ni el gobierno norteamericano ni el mexicano hicieron cuestionamientos al respecto. Para la cámara de vigilancia, colocó la impresión fotográfica del auto frente al lente con el mismo ángulo, para lo cual, aprovechó el parpadeo de un segundo que tenía el sistema por defecto de fabricación, sólo debía esperar el turno que correspondía a ésa en especial.
Un leve pitido en su detector de impulsos electromagnéticos le indicó el lapso de tres segundos para la falla, colocó la foto y de inmediato se puso a un lado de la llanta, se calzó una manga de aislamiento, quitó la película que cubría el adhesivo del microgenerador y con una leve presión logró fijarlo en la salpicadera. Cuando trató de sacar el brazo, la manga se atoró en una saliente que servía de soporte a la parte trasera del faro impidiendo la acción; forcejeó unos segundos sin lograr zafarse, no podía meter la otra mano, pues el cambio de temperatura activaría la alarma de inmediato, ni podía forzar la pieza pues podría deformarla o romperla con el mismo resultado. Le quedaban dos minutos. Continuará. Salud.
Beto

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