martes, 1 de junio de 2021

La familia Grande 24a. entrega

“Robarlo era impensable, con todo
el sistema de geolocalización...”. Foto: BAER

Como la información podía ser captada en ambos sentidos, Saúl no tuvo problema en enterarse que la policía había sido advertida pero, por desgracias, no atinó a descifrar el contenido del mensaje, así que una vez que recibió los esquemas de instalación de las alarmas, envió una alerta a todos los integrantes del equipo; ante la premura, Rosa debió acelerar los tiempos de retención de Isabel, así que inventó un imprevisto a su amiga. La esposa del ingeniero Landín no disimuló la frustración que le generaba el dejar a medias la película que veían, así como la plática que ya había amarrado con sus nuevas amigas, pero no tuvo opción ni pudo negarse a la expresión suplicante de Rosa, que le urgía salir de allí.

Por su parte, sin prisas pero sin dilación, Saúl cerraba las ventanas que tenía abiertas en el ordenador de la biblioteca y con pasos normales enfiló hacia la puerta de salida, donde se mezcló con otras personas y algunos estudiantes que habían terminado su consulta; cruzó con Sergio y éste no advirtió su presencia, así que el disfraz cumplió con su cometido. Lo mismo pasó con José en el café internet en el que se encontraba, tuvo incluso un pequeño tropezón con los agentes que llegaron a toda prisa después de recibir la alerta. Como ninguno de los dos fue identificado y la policía debía hacer su trabajo de la escena del crimen, pudieron ambos dirigirse a sus destinos sin mayor contratiempo.

La mirada del Gato se clavó en las pupilas de Ruth; ésta entendió de inmediato que debía alistarse antes de lo pensado. Lina recibió el mensaje explicándole las circunstancias por las que debía adelantar el proceso un día, lo que implicaba tener que faltar a clases en una fecha imprevista. Jacinto había tenido vigilado al objetivo en los últimos tres días, así que ya contaba con un esquema de desplazamiento para suplir al servicio de transporte que éste usaba  cuando no contaba con su automóvil. Por supuesto, el caso requería de un toque de elegancia, así que rentó una limusina que contaba con los suficientes medios de entretenimiento.

Ya con los disfraces listos, los aparatos a punto aunque algo forzados pero con las líneas aprendidas, sólo faltaba sacar de la ecuación al Audi A8 de trescientos caballos de fuerza color Azul Luz de Luna que guardaba celosamente en la pensión privada en la zona de Santa Fe donde también tenía su departamento. Robarlo era impensable, con todo el sistema de geolocalización y los dispositivos de seguridad del edificio, cualquier intento de escape se dificultaba en gran medida, así que la opción era hackear la computadora para que el dueño tuviera que optar por mandarlo al servicio; el problema era que quien lo hiciera, debía estar al menos a tres metros de distancia del auto. Continuará. Salud.

Beto

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