martes, 8 de junio de 2021

La familia Grande 25a. entrega

“¿Qué hay que hacer para que cumplas
con tu trabajo?” Foto: BAER

Ése era un trabajo que José podía hacer sin problema, pero no debía ser visto de ninguna manera, por lo cual, se optó por cobrar un favor a uno de los trabajadores del Servicio Satelital de Televisión de Paga, que era de los pocos ajenos al edificio que tenía acceso irrestricto a las instalaciones. Lo que debía hacer, era colocar un pequeño dispositivo generador de microondas  semejante al usado por Rosa en el Teléfono de la esposa del ingeniero Landín; pare el técnico con más de diez años de experiencia, no  le fue difícil cortar el servicio de varios de los inquilinos para que se solicitara su presencia de manera urgente, pero era necesario en la hora de la mañana más adecuada.

Antes de todo eso, debieron asegurarse de la reubicación temporal de los Landín con el fin de que no hubiera represalias en su contra, para ello acondicionaron una de las varias casas que tenían al rededor de la república. No hubo reclamos en contra del ingeniero, comprendieron que la presión lo orilló a tomar acciones, pero le advirtieron que no volviera a hacerlo porque no volverían a hacerse cargo de ellos en caso de que estuvieran en peligro. Acataron cuanto se les dijo y de inmediato, una vez reunidos, enfilaron hacia su destino provisional, el encargado de llevarlos fue uno de los empleados de Jacinto, que entendía el protocolo a seguir en esos casos en que el tiempo apremiaba.

A las siete y media de la mañana, Esteban Corcuera tenía por costumbre, antes de bañarse y después de su sesión de ejercicios, encender el televisor que tenía instalado en la pared frontal de su cuarto cuya pantalla la cubría casi por completo; el “gis” de la superficie de plasma llenó de luz la habitación sin ofrecer imagen alguna. Estaba acostumbrado a que todo funcionara como lo deseaba así que un detalle, nimio para algunos, pero superlativo para él pues obstruía su rutina diaria de enterarse de lo acontecido en la bolsa en el noticiero matutino, hacía que mostrara su frustración de muchas maneras, generalmente vociferando en contra de los subalternos que suponía responsables de los inconvenientes.

El teléfono de la caseta de vigilancia no paraba de sonar y la voz monótona del portero era insuficiente para calmar la molestia de los inquilinos afectados; cuando llegó el turno de Esteban, mal levantó el auricular cuando su voz estentórea tronó el tímpano del empleado: “¿Acaso se te paga para que derroches inutilidad? ¿Qué hay que hacer para que cumplas con tu trabajo? El portero tragó grueso y conteniendo su molestia, contestó lo más amablemente que le fue posible: “Imagino que se trata de la falla de la señal, señor. Ya estoy en eso”. “Pues apúrate que no tengo tu tiempo”. Colgó y de inmediato marcó el número que tenía indicado en una pequeña agenda. Sin expresión alguna, dio instrucciones para que el técnico entrara por el portón de la cochera. Continuará. Salud.

Beto

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