martes, 27 de abril de 2021

La familia Grande 19a. entrega

“La información requirió de un ‘trabajito’ extra”.
Foto: BAER

En cuanto treparon al auto, salieron rumbo a calzada Guadalupe para después incorporarse al Circuito Interior donde el primer vigilante fue relevado. El tráfico dificultaba el seguimiento, hasta hubo necesidad de realizarlo en partes por varios conductores. Luis detuvo su unidad  en las calles de Tlatilco, muy cerca del Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud del Instituto Politécnico Nacional, donde al salir, volvió a tomar a la muchacha de la mano y caminaron hacia el centro de estudios de la misma manera en que lo habían hecho minutos antes. En una de las entradas intercambiaron algunas palabras y unos pequeños papeles que guardaron al mismo tiempo.

La muchacha dio algunos pasos al interior y pronto se confundió con un mar de estudiantes que entraban y salían algunos con prisa y otros con cierta parsimonia luciendo batas arrugadas que evidenciaban el trabajo al que habían sido sometidas. Después de unos segundos en que Luis mantuvo su mirada apuntando quién sabe a dónde, tomó su teléfono mientras regresaba a su coche, se reportó al “cuartel”, lo que fue la señal para que Jacinto diera por concluida la vigilancia. Condujo sin prisa, sabedor que aunque se retrasara un poco, los demás comprenderían la razón que lo obligó a no llegar a la hora convenida en el momento en que se los explicara.

Pero no estaba seguro de que ése fuera el adecuado para externarles su situación; no corría ninguna prisa, además, no era el primer hombre con un problemita de esa índole. Cuando llegó a la reunión, el Gato ya había comenzado a explicar el papel que representaría cada uno y la manera en que habrían de conducirse. Nadie hizo aspavientos, así que tomó su asiento y se dispuso a escuchar la explicación sobre la logística que seguirían por parte de Saúl; como sólo la llevarían a cabo en tres días, cada uno sería una puesta en escena casi independientes en las que el protagonista sería un personaje distinto cada vez, para mantener el interés del sujeto.

Al hijo del empresario en cuestión le gustaba el orden por encima de todas las cosas; a pesar de su vida disipada, hacía que todo marchara como relojito por lo que sus fraudes a la empresa de su padre, tardaron en salir a la luz, pero aún no había pruebas de que él los hubiera cometido. Se sabía que en su oficina guardaba los comprobantes de todas sus transacciones, legales o no, en una caja fuerte de nueva generación, lo que implicaba datos físicos del dueño del aparato como peso, estatura, temperatura corporal promedio, huellas dactilares y algo que parecía muy novedoso, el índice de grasa corporal. Toda esa información requirió de un “trabajito” extra por parte de José. Continuará. Salud.

Beto

martes, 20 de abril de 2021

La familia Grande 18a. entrega

“Un secreto bien guardado”. Foto: BAER

Jacinto no tuvo empacho en utilizar cuanto recurso tenía  a la mano, el principal era la red de conductores de servicios de transporte particulares y choferes de taxis que cubrían casi toda la extensión de la ciudad de México. Desde su salida de la casa de los Grande y a pesar de su declarada emancipación sabía que el lazo de sangre que los unía a él y al Gato se había fortalecido por ese encuentro, casual o no, en la gasolinera; su primo por parte de madre le había mostrado la comprensión que su tío y padre adoptivo no le procuró, por lo que su salida le obligó a buscar un sustento rápido que le brindara un flujo de efectivo inmediato; servir en el transporte le dio esa oportunidad.

Además, su don de gente en la forma de un ceremonioso comportamiento y su habilidad para el fútbol, le abrieron muchas puertas y le agenció varias amistades en el gremio. Con el paso del tiempo, se compró varias unidades que puso a disposición de sus conocidos más allegados con los que formó una extraña sociedad en la que procuraban salir todos ganando. Fue con ellos y sus múltiples conocidos con los que montó la red de vigilancia que mantendría seguro a Luis e informado al Gato de sus pasos. Fue localizado por los rumbos de Vallejo, muy cerca de metro La Raza, entrando en un taller de motos en la esquina de Saint Sáenz y Robles Domínguez.

Hasta ahí, nada había de raro, pues siempre mostró interés en todo lo relacionado con los motores, así que encontrarlo en una zona donde también había refaccionaria, taller mecánico y venta de motores no representaba ningún riesgo. Pasaron aproximadamente veinte minutos cuando salió del local enfilando hacia León Cavallo, paralela a la calle donde se encontraba; llegó a un local a media cuadra, algo descuidado, con un telón muy quemado por el sol en el que, a ras de la entrada atendía un joven afanoso volteando tortillas y gordas fritas a la sombre de un letrero que ostentaba el nombre de antojitos “Las Hermanas” en letra cursiva color rojo.

Eso sí se salía del esquema, pues Luis no se permitía ingerir ese tipo de alimento desde que el angiólogo le advirtió sobre un posible infarto allá por la década de los ochenta; sin embargo entró, después de mostrarse muy afectuoso con el joven de la entrada. El conductor que lo había seguido hasta ese lugar, esperó pacientemente hasta que, después de unos quince minutos, vio salir a Luis conduciendo de la mano a una dama joven de regreso al taller donde había dejado el carro. A pesar del gesto tan familiar, no parecía que se conocieran pues ambos caminaban con la vista fija al frente y sin dirigirse la palabra. Continuará. Salud.

Beto

martes, 13 de abril de 2021

La familia Grande 17a. entrega

“Necesito que lo localices y lo sigas
a todos lados”. Foto: BAER

Sabes que no me refiero al traslado, sino a qué le pasa a Luis”. La voz de Saúl mostraba verdadera preocupación, aunque en el fondo confiaba en que no sería nada de cuidado lo que obligó a su compañero a salir de pronto. La expresión casi neutra de Efraín en nada mejoró su ánimo pues éste era conocido entre otras cosas, por su casi mítica inexpresividad ante cualquier situación; más tardó el Gato en hacer la llamada, que Jacinto en llegar, dieron las últimas instrucciones a Plutarco sobre los detalles de las vestimentas comprometiéndose el actor a entregar en dos días, mismos que aprovecharía el grupo para realizar y afinar tiempos y movimientos del montaje.

Se subieron ambos en el asiento trasero, más por costumbre que por ninguna otra razón, pues al frente siempre se sentaba Luis cuando él mismo no iba conduciendo. “Disculpe la pregunta señor, pero ¿no me había dicho que venían los tres?”, la mirada del Gato se posó en sus pupilas a través del espejo retrovisor; a cualquier otro conductor ni siquiera se hubiera dignado a verle, pero Jacinto era como del equipo, así que contestó la pregunta aunque sin mayor detalle, “y deja de hablarme de usted, que bien sabes que no es necesario”. Los tres hombres rieron discretamente mostrando con ello que más que una complicidad, los unía una profunda amistad.

Pasaron a dejar a Saúl a su casa, aunque esto contravenía la ruta que comúnmente realizaban, Efraín dio como razón de ello que deseaba que Jacinto lo llevara a otro lado y no quería distraer a Saúl de sus tareas inmediatas, lo que retrasaría los preparativos. Éste no hizo ningún cuestionamiento limitándose a despedirse y, una vez que estuvo dentro de su domicilio, el auto arrancó rumbo a casa de Efraín. “Quiero disculparme por la pregunta de hace un momento, la razón de ella era que imaginé que habrían tenido problemas con el carro y me preocupaba no haber llevado las herramientas necesarias, así que se me hizo curioso encontrarlos sólo a ustedes dos”.

“No te preocupes”, dijo el Gato, “la razón por la que deseaba estar solo contigo es para que me hagas otro favor”. La expresión de Jacinto cambió pues intuía que tenía que ver con Luis. “En efecto, necesito que lo localices y lo sigas a todos lados donde vaya cuando no esté con alguno de nosotros”. “¿Acaso desconfías de él?”. “Nada de eso, me preocupa que esté en algún problema en el que crea que nos pone en riesgo, por lo que no nos pide ayudarlo”. Terminó diciéndole que esa sería su prioridad en esos días y que él vería cómo moverse, si en el transporte público o con algún otro conocido. Estuvieron de acuerdo en el horario en que Jacinto le daría su reporte. Se imponía total discreción. Continuará. Salud.

Beto

martes, 6 de abril de 2021

La familia Grande 16a. entrega

“De manera inesperada, Luis dijo que
debía retirarse”. Foto: BAER

Por supuesto que no, hay trabajo para todos”, dijo el Gato dejando en claro que no deseaba seguir con el tema. Las prendas empezaron a desfilar una a una frente a sus ojos, la facultad de análisis de Saúl se puso a trabajar comparando formas, colores y tallas con el contexto de lo que harían para satisfacer las demandas de su cliente, lo que requería a una mesera, una madre con su hija y a un corredor de apuestas con un grave problema económico. El Gato era de la idea de representar cuadros sin complicaciones puesto que, a pesar de que siempre atacaban desde las costumbres de sus víctimas, cada representación tenía como límite un máximo de cinco días.

Por lo tanto, debía escoger al menos treinta atuendos para cubrir el periodo; sabía que el Gato se haría cargo de sus cosas. Algunas veces ni ellos se daban cuenta de dónde o cuándo aparecería dado que tenía por costumbre no revelar sus disfraces hasta que ya había avanzado el trabajo; lo hacía para dejarlos fluir y asegurarse de que no correrían riesgos innecesarios o en caso de correr peligro, servir como válvula de escape. Otra ventaja, era que podía observar las acciones, sacar apuntes y conclusiones para mejorar en cada trabajo a realizar; incluso su programa de entrenamiento había mejorado a tal grado a tal grado que tenía nivel militar, tanto en el aspecto físico como en el manejo de armas.

Varios aspirantes habían tronado, algunos por no aguantar el ritmo impuesto y otros por no contar con la fortaleza mental necesaria. Al final, en ambos casos, se imponía una redirección cerebral se imponía para mantener la secresía del grupo, era la forma eufemística en que Luis llamaba al “borrado” de la memoria a corto plazo al que sometían a los rechazados, un trabajo que justificaba con creces su grado de doctor en psiquiatría obtenido en el extranjero. Por supuesto al no ser una práctica cien por ciento segura, podía dar como resultado que algo de la información aprendida quedara latente y pudiera ser usada, como en el caso de Jessica, su ahora competencia.

Por fortuna, eran casos aislados que requerían poca atención de su parte, hasta que los sujetos lograban hacer su vida normal. Casi terminaba la pasarela montada por Plutarco con sus propios modelos, cuando de manera inesperada, Luis dijo que debía retirarse; había recibido un mensaje de texto que logró inquietarlo un poco, así que tomó las llaves del auto en el que habían llegado y se despidió con un simple “ustedes pueden seguir con esto ¿no?” Sólo asintieron con la cabeza y vieron cómo la figura del psiquiatra desaparecía detrás de la puerta. “¿Y ahora?” preguntó Saúl, “No te preocupes, le hablo a Jacinto para que pase por nosotros”. Continuará. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...