martes, 6 de abril de 2021

La familia Grande 16a. entrega

“De manera inesperada, Luis dijo que
debía retirarse”. Foto: BAER

Por supuesto que no, hay trabajo para todos”, dijo el Gato dejando en claro que no deseaba seguir con el tema. Las prendas empezaron a desfilar una a una frente a sus ojos, la facultad de análisis de Saúl se puso a trabajar comparando formas, colores y tallas con el contexto de lo que harían para satisfacer las demandas de su cliente, lo que requería a una mesera, una madre con su hija y a un corredor de apuestas con un grave problema económico. El Gato era de la idea de representar cuadros sin complicaciones puesto que, a pesar de que siempre atacaban desde las costumbres de sus víctimas, cada representación tenía como límite un máximo de cinco días.

Por lo tanto, debía escoger al menos treinta atuendos para cubrir el periodo; sabía que el Gato se haría cargo de sus cosas. Algunas veces ni ellos se daban cuenta de dónde o cuándo aparecería dado que tenía por costumbre no revelar sus disfraces hasta que ya había avanzado el trabajo; lo hacía para dejarlos fluir y asegurarse de que no correrían riesgos innecesarios o en caso de correr peligro, servir como válvula de escape. Otra ventaja, era que podía observar las acciones, sacar apuntes y conclusiones para mejorar en cada trabajo a realizar; incluso su programa de entrenamiento había mejorado a tal grado a tal grado que tenía nivel militar, tanto en el aspecto físico como en el manejo de armas.

Varios aspirantes habían tronado, algunos por no aguantar el ritmo impuesto y otros por no contar con la fortaleza mental necesaria. Al final, en ambos casos, se imponía una redirección cerebral se imponía para mantener la secresía del grupo, era la forma eufemística en que Luis llamaba al “borrado” de la memoria a corto plazo al que sometían a los rechazados, un trabajo que justificaba con creces su grado de doctor en psiquiatría obtenido en el extranjero. Por supuesto al no ser una práctica cien por ciento segura, podía dar como resultado que algo de la información aprendida quedara latente y pudiera ser usada, como en el caso de Jessica, su ahora competencia.

Por fortuna, eran casos aislados que requerían poca atención de su parte, hasta que los sujetos lograban hacer su vida normal. Casi terminaba la pasarela montada por Plutarco con sus propios modelos, cuando de manera inesperada, Luis dijo que debía retirarse; había recibido un mensaje de texto que logró inquietarlo un poco, así que tomó las llaves del auto en el que habían llegado y se despidió con un simple “ustedes pueden seguir con esto ¿no?” Sólo asintieron con la cabeza y vieron cómo la figura del psiquiatra desaparecía detrás de la puerta. “¿Y ahora?” preguntó Saúl, “No te preocupes, le hablo a Jacinto para que pase por nosotros”. Continuará. Salud.

Beto

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