martes, 17 de noviembre de 2020

Guardameta de la pluma

Un escrito puede ser un gol en contra.
Foto: BAER

El escritor es como el portero en el fútbol, hay muchos momentos de soledad, generalmente las metas se festejan sin compañía y en una jugada puede convertirse en héroe o villano. No importa la extensión del escrito, la lectura será implacable con cualquier error cometido, sin que se tome en cuenta el tiempo ni el esfuerzo que se haya tomado la preparación, por lo cual, el nivel de locura que deben manifestar tanto el escritor como el portero, estará por encima de la crítica porque, al final de cuentas, nadie le pidió que trabajara en ello. Entonces, ¿por qué la necesidad de escribir? Por mucho que exista la necesidad de entretenimiento o la complicidad para creer lo que se lee, nadie señala hacia una persona en especial para que escriba.

Se podría argumentar vocación, pasión por contar historias, quizá simple gusto, la exposición es la misma y los sinodales igualmente infinitos; aun así, la locura prevalece esperando en un marco imaginario la jugada que lo encumbre al nivel de celebridad, al menos por un partido, con la esperanza de repetir la faena en otros estadios ya sea de local o de visitante o ¿por qué no? en un escenario mundial. Las demás posiciones seguirán realizando sus tareas como defensas-artesanos, medios-profesionistas o delanteros-artistas con la atención que les corresponde según su espectacularidad, pero con la seguridad de que su trabajo es fundamental para asegurar su supervivencia.

El escritor-portero debe confiar en que su accionar, fluctuante entre la dependencia y la independencia, obtendrá de sus coequiperos los argumentos necesarios para mantener su arco invicto. Sin embargo, todo el mundo sabe que, si su actuación es discreta, se debe a que su equipo trabajó muy bien, por lo cual sus servicios no fueron necesarios, pero si lució con acciones espectaculares, fue porque la escuadra a la que pertenece hizo agua y, al final de cuentas para eso está. Rara vez dará órdenes, pues cada línea del grupo tendrá su líder aunque, por su visión amplia del campo, se le concederá en derecho a señalar algún movimiento siempre a la defensiva.

Si logra el suficiente respeto y convertirse en referente de su equipo, tendrá el derecho a opinar sobre cómo mejorar las condiciones o las estrategias de acción, pero no tanto como para hacerlo desde adentro, para ello deberá despojarse de su investidura y convertirse en otra cosa, Ya no será más escritor-portero, se tendrá que transformar en entrenador-político con la consecuencia de que deberá transformar asimismo, su fiabilidad en concertación, renunciar a su libertad de discernimiento para vigilar la libertad de expresión de los demás. Por lo tanto, el escritor-portero tratará de extender su vida productiva más allá del retiro legal, por fortuna su puesto lo permite. Salud.

Beto

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