martes, 3 de noviembre de 2020

Artesano culinario

Muy pronto, será un banquetazo. Foto: BAER

En la gimnasia cerebral los descansos también son importantes; dentro de la temporalidad en la que estamos insertos, es fácil entender los breves momentos y la necesidad de tomarlos en donde nuestros pensamientos deben tener un grado casi cero, en los que las neuronas puedan estirarse perezosas sin la carga de resolver problemas. Por ello tomé el día de muertos, me deslindé un rato de este mundo para tratar de no sentir, de no adquirir nuevas fobias ni reafirmar las viejas. No diré que lo usé para recordar a mis seres queridos que ya partieron al cielos que se hayan fabricado, a ellos los recuerdo sin que medie pretexto y a la hora que les venga en gana, porque sé que los recuerdos, en buena medida, los proveen ellos.

Me tomé el día porque necesitaba poner orden a mis pensamientos, algo que para los que gustamos de soñar despiertos, representa toda una obra de ingeniería que no redunda en una gran emoción, pues lo que impera en el caos sináptico es la sorpresa. Aun así, volqué mi atención en los utensilios de cocina que guardo más por el valor sentimental que por el uso que les haya dado hasta ahora, aunque he de decir que he puesto un sitio estratégico para retomar el incipiente... iba a decir arte, pero en mi caso sería la incipiente artesanía culinaria que dejé trunca por motivos laborales. Debo decir que mis frijoles refritos vuelven a tener la consistencia de antaño, al menos en pequeñas cantidades, ya que no suelo recibir visitas.

Claro que no pienso convertirme en Chapina Peralta; para los que no son de mi generación, ella es la precursora de los programas de cocina televisivos en México, mucho menos presumir que sé guisar, pero sí quiero estar preparado para cuando vuelva a tener a alguien a quien recibir y al menos poder ofrecerle un sandwich de pepino, ¡está bien! Emparedado. De lo que sí estoy seguro, es de que nunca se me quemará el agua; ya en serio, de lo que más me ha servido el trajín con las cazuelas, es para apreciar el esfuerzo y la sazón de los demás. A pesar de que aún no logro domar mi compulsión por comer, sí puedo decir que de la gente que sé que cocina, la mayor parte de sus platillos tienen un muy agradable sabor y un toque particular.

Por supuesto, mis papilas gustativas no están entrenadas para definir a ciegas qué plato corresponde a qué persona, pero eso lo veo como una ventaja, ya que cualquier variación siempre me parecerá única y original al no tratar de encontrar a fuerza, el sabor estandarizado. Quizá eso me convierta en el comensal que cualquier cocinero quisiera en su mesa. Pues bien, en estos días debo retomar la manufactura de las tortillas, las legendarias tlaxcalli, que me impulsaron a adquirir mi propia prensa de madera, que ahora está en rehabilitación, espero que lo pando de la tabla superior sea reversible, porque si no lo es, tendré que buscar otra para sustituirla, sólo espero que el carpintero no se mande con el cobro de la pieza. Salud.

Beto

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