martes, 29 de septiembre de 2020

No lo tiene ni Gepetto

No todos los horizontes son aptos para
la creatividad. Foto: BAER
De entre las actividades que tienen un beneficio para la salud mental está la encuadernación. Reúne las características de aquellas manualidades que recomiendan los psicólogos para mejorar la concentración, reforzar la atención y posiblemente, regular el ritmo cardiaco además de ejercitar la motricidad fina. Es un oficio que ha pasado a las filas de los que están en peligro de extinción como el de afilador de cuchillos, con la ventaja de que los libros son menos desechables que las hojas de acero, además, tienen ciclos de uso diferentes, lo que hace que el desgaste sea mucho menos significativo en las hojas impresas.

Un libro difícilmente se convertirá en un arma mortal, aunque sea posible que tenga en su interior más muertes que la espada de César, por otro lado, un puñal matará a una persona una sola vez mientras que un libro lo hará cada vez que sea leído; la restauración de un cuchillo lo vuelve a una única utilidad, la de un libro traerá un sinfín de enseñanzas según sea la cualidad de las manos que la lleven a cabo en cada caso. Las heridas que producen son diametralmente opuestas, pues mientras las del cuchillo pueden sanar, las de un libro son perennes.

Como ejercicio mental, traté de recordar un episodio entrañable con algún cuchillo Lenox o Barrilito y, fuera de que pude casi rebanarme un dedo cortando cebolla, no tuve algo que contar, en cambio, podría volver a sorprenderme repasando las páginas de La metamorfosis o tratar de imaginar a qué hora se transformaba y desdoblaba doña Consuelo en Aura o de qué otra manera debo observar a la publicidad en Seducción subliminal o angustiarme de nueva cuenta porque de las novecientas sesenta y ocho páginas de contenido del libro de Cálculo y geometría analítica, no entendí ni una.

Por todo lo anterior, creo que me resulta más satisfactorio fabricar y reparar libros, aunque sea de manera artesanal, con herramientas poco ortodoxas y adaptadas por la urgencia en un espacio que comparten equipos de sonido, fotográfico y de video, que a veces es un taller de micro carpintería y costura, que al mismo tiempo hace las veces de hemeroteca, discoteca y sala de ejercicio. Que a pesar del caos imperante, mantiene todo a la mano para que el plagado, cosido y pegado de hojas quede a mi gusto y a la entera satisfacción del cliente, que generalmente soy yo. Salud.

Beto

martes, 22 de septiembre de 2020

In memoriam

Faltan muchos como mi tío Cándido,
pero siempre están presentes. Foto: BAER

Las ausencias tienen la gracia de entrelazarse de manera caprichosa con los recuerdos, a veces se hacen notorias en el rostro que tiende a imitar algún gesto, en ocasiones se trepan en la espalda volviéndose una carga que, aunque liviana, evidencia algún faltante en la diaria contabilidad de las emociones; las frases que decía uno, los reclamos de la otra, el candor de la mirada de aquella más lejana pero siempre presente, hacen que las fechas se confundan por lo que ya no importa cuándo se fueron, sino qué día los hicimos nuevamente presentes compañías eventuales.

Con un pequeño esfuerzo, nuestra máquina del tiempo puede traer los aromas, los sonidos, los sabores que compartimos con ellos; los favores, las penas, las enseñanzas, el orgullo de haber compartido cada uno de esos momentos que suelen repetirse involuntariamente con los más insospechados detonantes, insisto, sólo hace falta un detalle. La mejor clase de geografía y fenómenos climáticos me la dio uno de mis tíos, aunque de rebote porque la plática no era conmigo; la prudencia y la paciencia las vine a ejercitar con indicaciones e mis abuelas.

El desprendimiento lo entendí con un sacerdote jesuita; el gusto por los boleros y la bohemia, un compañero de la universidad; la disposición a ayudar con otra compañera; la importancia de documentar antes de hablar con un mastro y amigo; hasta aquí, quizá suene frío o parezca una simple enumeración de eventos, pero tengan por seguro de que cada uno de ellos ha tenido un gran significado en lo que me he convertido, influyeron incluso en mis preferencias teóricas y artísticas, pero ahora por sus decisiones o por cumplir ciclos, están ausentes.

Cada uno se habrá construido un cielo acorde a sus gustos; los imagino deisfrutando de todo lo que aprendieron en vida, quizá degustando algún platillo, tocando un instrumento, jugando con un balón; quizá estén aprendiendo otras cosas porque todos tenían en común una gran curiosidad. Me daría muchos gusto, si existiera la posibilidad, que se conocieran, que pudieran intercambiar impresiones, que aumentaran los espacios de paz que se agenciaron en este mundo y, por supuesto, que vayan apartando otro, para cuando nos toque visitarlos. Salud.

Beto

martes, 15 de septiembre de 2020

Hay cosas mejores que hacer

Así sea muestra de traje de baño, el esfuerzo
es igualmente respetable. Foto: BAER

La ambientación del estudio está lista para que las páginas de la ya muy gastada libreta empiecen a llenarse de signos, algo rebuscados en ocasiones, pero simples en sus aspiraciones; la espera por una buena idea suele ser tormentosa máxime si se le fuerza a asomarse a un ambiente poco cordial con la libertad de expresión. Es posible que el primer pensamiento sobre el ejercicio o prohibición de esta libertad sea acerca de la denuncia, cierto, ocupa un lugar muy importante aunque no se ejecute como se debiera quizá por el temor al revanchismo desgraciadamente presupuestado.

Sin embargo, la libertad de expresión tiene que solventar otros muy variados obstáculos, desde la burda y tórrida mofa hasta la implacable descalificación actualmente cobijadas en la inmediatez tecnológica, la ignorancia por desechabilidad o el anonimato por amontonamiento. Todo accesible ahora, hasta en un estadio de futbol, bueno, antes de la pandemia. ¿Tiene algún sentido censurar mediante la agresión? Planteado así de pronto, la respuesta inmediata podría ser no. no obstante habría que observar las causas que motivan el querer participar del protagonismo ajeno.

El fenómeno que se da hacia la denostación de los realizadores de contenidos, en video principalmente, obedece creo yo a dos premisas: uno, la supuesta facilidad con la que se valúa a la imagen en movimiento por atractiva, impactante y fácil de insertar en alguna categoría y dos, el doble trabajo que implica hacer lo mismo pero con el texto. El consumo de ambas formas de expresión trajo consigo la manifestación de una exigencia obtenida sin esfuerzo, un simple botón accionado desde la comodidad del adormilamiento cotidiano ha dado el poder de descalificar el trabajo de personas con la que no se tiene relación alguna ni se les considera importantes en la vida de cada uno, ello sin tomar en cuenta el esfuerzo ni el coraje requeridos. para exponerse a la crítica de una masa informe, ávida del desquite por soportar condiciones de vida depauperadas y sin motivo alguno. También es cierto que existen contenidos que no debieron siquiera pensarse pero, ¿de verdad es necesario hacerles patente a sus creadores, mediante comentarios hirientes e insultos baratos, que se está en desacuerdo con lo que realizan? ¿No sería mejor ignorarlos y dejar de hacerles el caldo gordo? Yo diría que sí. Salud.

Beto

martes, 8 de septiembre de 2020

Sólo por hoy

La dirección puede estar marcada,
el chiste es saber cómo llegar: Foto: BAER
La mesura, como forma impuesta de convivencia, exige cierta uniformidad que la sangre latina tiende a desdeñar; cada triunfo supone un festejo en la medida de lo que se obtuvo, cierto, pero lo es el que cada óptica impone la magnitud de sus alcances. Es decir, si un pequeño ratón lograra ascender el Everest, magnificaríamos tal logro como el más portentoso del mundo, aunque no supiéramos qué motivó al roedor hacerlo. Lo bueno es que ninguno de esos pequeños seres tiene la necesidad de andar anunciando lo que va a hacer o ha hecho con miras a conseguir “laics” como los humanos.

Como parte de esta pandémica especie, caigo en los brazos de la vanidad y me regodeo como guajolote en arena con la noticia que recibí anoche por parte de una entrañable maestra, colega por un buen tiempo; resulta y acontece que utilizó una de mis publicaciones (Cultura Mexicana # 17) como tema de una de sus clases universitarias. Puede parecer poco y por supuesto que no reuní a una turba para caminar por las calles gritando consignas en favor de que siga sucediendo, pero qué bien se siente saber que algo que pasó por mi mente, fue leído por ojos ajenos y neutrales.

Además debo agradecerle que se haya fijado en mi escrito como para pensar que pudiera parecerle interesante a sus alumnos (al menos eso espero); por otro lado, ese acto incrementa mi  responsabilidad al grado de imaginar que el atosigar sólo a mis diez lectores no será así en ocasiones, por lo que debo variar puntos de vista, aumentar datos, adherir propuestas, en fin, aceptar que realmente me estoy convirtiendo en escritor. Porque una cosa es dibujar palabras en papel como divertimento y otra muy distinta, saber que se tiene el poder de modificar, aunque sea un poco, la perspectiva de alguien.

Hay algo de nervio que no permito que se vuelva miedo, lo mantengo en inquietud, en cosquilleo que antaño anticipaba la entrada al escenario o a un salón de clase. Nunca desaparece, es un duendecillo que juguetea en mi oreja recordándome que está allí para recordarme que soy falible, que lo que haga o escriba debe tener la ambición de la perfección o al menos, la decencia de lo coherente; el susurro se vuelve grito y por hoy la libré. Y como en la película Torero de Carlos Velo, me siento en la silla haciendo eco a la voz de Luis Procuna: “¿Y la próxima semana, qué?”. Salud.

Beto

martes, 1 de septiembre de 2020

FIL UG 62

Navegar por páginas mágicas y olvidar
la rutina por un momento. Foto: BAER

Concluyó hace dos días la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Guanajuato en la que se homenajeó a Amparo Dávila, Juan García Ponce, “La China” Mendoza y al maestro Eugenio Trueva. Asimismo contó con pabellones en línea como “El día que desaparecieron los significados”, organizado por el Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato que contó con la participación del autor Gilberto Hernández y Luz Verónica Mata. “Cuentos de maldad (y uno que otro maldito)” fue una plática con la autora Alma Delia Murillo que tuvo el toque de una charla de café.

Una presentación que ha recorrido varios foros donde la autora describe a la escritura como una forma de escape, pues en la ficción puedes zafarte de las presiones de un trabajo “normal”, incluida la escritura misma. Además el oficio de escritor permite espacios de humor dirigidos esencialmente por los personajes. En cuanto a si la literatura es una actividad asexuada o el género determina las formas de abordar cualquier tema, la autora encuentra la diferencia en cuanto a los sistemas de dirección, inversión u otorgamiento de apoyos, pues el esquema es machista.

Por otro lado, está de acuerdo en que escribir es escribir dado que el proceso creativo no reconoce de qué género es la neurona que lo lleva a cabo. Es éste el punto de interés primordial de su plática, pues para crear no se necesita ser macho o hembra, sino tener y manejar adecuadamente a un tiempo y un espacio específicos, las herramientas que nos conviertan en escritores, por su parte, el sistema de administración requiere de cambios, pero eso significa romper paradigmas aún enraizados en nuestras costumbres políticas. Algo así como un nuevo renacimiento con fumigación incluida.

La pluma de Alma Delia, así como se ocupa de plasmar sus casi viajes astrales, también asienta pensamientos dirigidos a la crítica social desde su columna quincenal sabatina en el periódico Reforma, llamada Posmodernos y Jodidos algo que, a decir de ella misma, llega a produciirle tal inquietud que sólo resuelve al escribir ficción. A sus cuarenta y tres años ha comprendido la utilidad de las multiplataformas para lograr una mejor distribución del trabajo editorial, lo que se demuestra en su actividad alternativa en su página de Patreon y revistas como Confabulario. Hay mucho que ver. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...