martes, 18 de agosto de 2020

También te transformas si no lees.

Kafka o cómo hacer que Borges no te vea
como bicho raro. Foto: BAER

Hay obras literarias a las que estamos obligados a leer pero que representan un reto más allá del simple entendimiento de lo escrito, pues quienes ya las leyeron , las han envuelto en un halo misticismo o de intelectualidad excluyentes, tanto que de forma inconsciente, los de a pie nos sentimos indignos de posar nuestras miradas por esas páginas que creemos, están reservadas para inteligencias superiores. La privación de ese goce, puede repercutir en caer en las garras de lecturas menores que impedirían aventurarnos más allá de la comodidad cuaSi monosilábica.

Esta suerte la he pasado con La metamorfosis de Kafka, un libro llevado y traído que sirve de referencia para algunos que desean posicionarse como buenos lectores que no se conforman con el “Sensacional de trileros” o las reediciones de Memín pinguín; en lo particular, aunque cuento con una copia de la obra, por desgracia me he conformado con conocer la historia por boca de terceros, algunas veces preguntando por pasajes en específico y otras, poniendo cara de “lo sé”, aunque no me percate de que estaban hablando de ella sino hasta un rato después.

Quizá, también tuvo que ver que en la contraportada apareciera el comentario firmado por Jorge Luis Borges, otro monstruo de las letras que de cierta manera me intimida, al proponer en sus escritos datos que, a decir de sus admiradores, pudiera ser que no existieran obligándote así, a realizar sublecturas para entender su obra. Es ahí donde la erudición me parece al tramposa, pues creo que, si vas a ofrecer algo como cierto, no deberías esperar suspicacias por parte de quienes te leen sólo para probar que tus conocimientos van más allá de la media universal.

Volviendo a Kafka (que ninguna culpa tiene de lo anterior), tendré que deshacerme de la pachorra para vencer al pretexto escondido tras lecturas emergentes y así saber de una buena vez si lo que me han contado durante estos años es cierto o sólo es un exageración; tampoco deseo convertirme en algo similar a lo que el mismo Franz describe en sus primeras líneas: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, después de un sueño agitado, se encontró en su cama transformado en un monstruoso insecto”. todo por rehusarme a leerlo como se debe. Salud.

Beto

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