martes, 25 de agosto de 2020

Rumbo al soplo divino

En algún momento los títeres se liberarán.
Foto: BAER

Por supuesto en nada se parecen ni me atrevería a compararlos en su aspecto físico; el resultado anímico de “parir” a un personaje semejaría un poco a dar vida a un hijo, empezando porque hay que dotarlo de una fisonomía que cause sentimientos o sensaciones a quienes vayan a conocerlo, debe ataviársele de ropajes acordes a su estampa que representen, además, el origen que se le haya asignado, su crecimiento puede representar toda su vida, una etapa, una temporada, un día o un instante, pero debe cuidársele como si fuera a dar sus primeros pasos, todo en aras de que sea aceptado por personas que le darán otros rostros.

Cuando llegue a su etapa madura y esté apto para volar, las relaciones derivadas de sus aventuras ya nada tendrán que ver con su creador, tendrá que defenderse por sí mismo además de soportar toda la posible crítica negativa en su contra, así como mantenerse ecuánime ante los elogios, sin olvidar por supuesto, que pertenece a una casta de personajes hecha o por nacer. Dialogará al mismo tiempo con sus compañeros de páginas y lectores ávidos de asomarse a una ventana que les brinde otra perspectiva de la grandeza y la miseria humanas donde verse reflejados.

Un personaje es, entonces, un emisario de dualidades al que cada uno de los lectores abordará dándole la dirección que crea conveniente, en una suerte de mímesis conciliadora entre el ser real y la ficción. Cada uno de esos puentes se volverá entrañable en la medida de la identificación que se establezca dando así, pie a un sinfín de modalidades en las relaciones sean éstas potenciales o en uso; la curiosidad vendrá a sazonar a cada una de ellas conforme al tiempo que se dedique al ejercicio del ponerse en los zapatos del otro, ajeno pero dispuesto a ser explorado.

El aprendizaje se dará en automático, para eso son loas comparaciones; una vida en la ficción no hace más que resaltar detalles de la realidad que servirán de marco para un entendimiento más profundo de la propia existencia. Si un personaje, cualquiera que sea su origen o trascendencia, sirven como referente o punto de partida para iniciar una etapa de crecimiento, habrá cumplido con un cometido designado desde lo más profundo de un espíritu creador heredado de tradiciones que en la mayoría se perciben como normales, pero habrá alguien curioso que se encargue de resaltarlas. Salud.

Beto

martes, 18 de agosto de 2020

También te transformas si no lees.

Kafka o cómo hacer que Borges no te vea
como bicho raro. Foto: BAER

Hay obras literarias a las que estamos obligados a leer pero que representan un reto más allá del simple entendimiento de lo escrito, pues quienes ya las leyeron , las han envuelto en un halo misticismo o de intelectualidad excluyentes, tanto que de forma inconsciente, los de a pie nos sentimos indignos de posar nuestras miradas por esas páginas que creemos, están reservadas para inteligencias superiores. La privación de ese goce, puede repercutir en caer en las garras de lecturas menores que impedirían aventurarnos más allá de la comodidad cuaSi monosilábica.

Esta suerte la he pasado con La metamorfosis de Kafka, un libro llevado y traído que sirve de referencia para algunos que desean posicionarse como buenos lectores que no se conforman con el “Sensacional de trileros” o las reediciones de Memín pinguín; en lo particular, aunque cuento con una copia de la obra, por desgracia me he conformado con conocer la historia por boca de terceros, algunas veces preguntando por pasajes en específico y otras, poniendo cara de “lo sé”, aunque no me percate de que estaban hablando de ella sino hasta un rato después.

Quizá, también tuvo que ver que en la contraportada apareciera el comentario firmado por Jorge Luis Borges, otro monstruo de las letras que de cierta manera me intimida, al proponer en sus escritos datos que, a decir de sus admiradores, pudiera ser que no existieran obligándote así, a realizar sublecturas para entender su obra. Es ahí donde la erudición me parece al tramposa, pues creo que, si vas a ofrecer algo como cierto, no deberías esperar suspicacias por parte de quienes te leen sólo para probar que tus conocimientos van más allá de la media universal.

Volviendo a Kafka (que ninguna culpa tiene de lo anterior), tendré que deshacerme de la pachorra para vencer al pretexto escondido tras lecturas emergentes y así saber de una buena vez si lo que me han contado durante estos años es cierto o sólo es un exageración; tampoco deseo convertirme en algo similar a lo que el mismo Franz describe en sus primeras líneas: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, después de un sueño agitado, se encontró en su cama transformado en un monstruoso insecto”. todo por rehusarme a leerlo como se debe. Salud.

Beto

martes, 11 de agosto de 2020

Somos lo que escribimos y leemos

Todos estamos escribiendo la gran historia.
Foto: BAER
Cuando la primera respuesta de alguien es “no sé escribir”, pareciera más la negación a la oportunidad de hacerlo por cuestiones gramaticales más que la ausencia de creatividad; en un país como el nuestro, acostumbrado y entrenado para contar y escuchar historias, resulta contradictorio que sólo una pequeña parte de su población se anime a escribir si no es en forma de chiste o anécdota breve. es posible que se trate de una necesidad imperiosa de agradar o el tránsito por el intento empático de compartir el dolor de manera menos tortuosas, sin embargo, la “escritura seria” parece reservarse para algunos elegidos.

Pero, ¿quién establece qué es un texto digno de leerse o de difundirse a gran escala? La respuesta obvia sería que una casa editorial, un corrector de estilo o alguien ya probado en el oficio de la pluma, aun cuando todos entendemos que quienes encumbran a un escritor es nada menos que el lector al igual que pasa con los cantantes o actores y sus seguidores, con la diferencia de que éstos últimos pueden hacer uso de su físico para agradarles. El escritor, junto con el pintor o el escultor, deben atenerse al alcance que logren sus obras.

Así, la dependencia a la que se someten con el público o algún mecenas que se encarguen de la difusión, es tan fuerte como el tiempo que dure el gusto de los posibles consumidores y con todo, la figura del líder de opinión adquiere un peso que se ha mantenido por mucho tiempo. Este personaje no necesariamente es alguien con poder social, que ostente un poder político o aparezca en algún medio de información, se trata de alguien en quien confiamos y tenemos sus argumentos en alta estima; alguien muy cercano en cualquiera de los rubros de nuestra vida.

Aparte del guardarropa, la forma en que se cocina y las palabras que usamos para comunicarnos, el tipo de libros que lucimos en el librero también conforman una buena radiografía de quiénes somos y con quiénes nos relacionamos; incluso, es un buen punto de partida para valorar las historias que somos capaces de contar. No es cuestión de la cantidad de páginas almacenadas o leídas, sino de lo que hayamos entendido de ellas y la utilidad que les encontremos en nuestra realidad, Los medios están, como nunca antes, al alcance falta decisión. Salud.

Beto

martes, 4 de agosto de 2020

El último romántico

La poesía está en los ojos del poeta. Foto: BAER
N
o, no se trata de mí, aunque podría tener motivos para tal regresión al siglo diecinueve, como el continuo abandono de mis objetos amorosos, posiblemente la única coincidencia porque del talento y el sentido poético... El título lo ostenta Gustavo Adolfo Bécquer, sevillano nacido en 1836, de nombre kilométrico como se usaba entonces y perteneciente a una familia de artistas. Sin embargo, no es su biografía lo que llamó mi atención, sino su concepción de la poesía la cual está perfectamente perfilada en su rima IV publicada en 1870:
Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera ¡habrá poesía!
Este pequeño fragmento resume la perspectiva de Bécquer con respecto del espíritu poético, pues en otras palabras e imágenes, las demás estrofas siguen el mismo tenor y el motivo de traerlo a colación este día, tiene que ver con lo que yo llamaría una enajenación del sentimiento.
Nada que no hayamos hecho como humanidad en cada etapa de nuestra historia; primero creamos una idea, dejamos que crezca, la dejamos libre para terminar venerándola. Lo anterior lo aplicamos independientemente de la disciplina que se trate, sin tomar en cuenta que sólo es una herramienta mental que nos ayuda a ordenar nuestros pensamientos. Incluso, algunas reflejan un egocentrismo que, como especie, no ha hecho más que diferenciarnos en razas o en ubicaciones geográficas como los regionalismos o la idea de que el tiempo es universal.
Sin querer decir que Bécquer estaba equivocado, pues la carga poética de sus afirmaciones en su rima IV debe observarse desde su propio universo, es necesario advertir que la literalidad en sus versos no tiene cabida; pensar que la poesía existe sin el poeta sería tanto como afirmar que la medicina existiría sin los médicos o las escuelas sin los maestros y alumnos. Las ideas las creamos los humanos para entender el entorno no para esclavizarnos. La poesía no es un ente que flote en el ambiente, es la facultad que tenemos todos para vestir de belleza al mundo. Salud.
Beto
Para un análisis detallado:
LSV (2012) lenguasanchi.blogspot.com, octubre 22.
Poemario (2014), https://poemario.org/rima-3.
www. cervamntesvirtual.com/Cronología

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...