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| Los adolescentes perennes nos acomodamos donde sea. Foto: Baer |
Ya no es suficiente con ser niño, adulto y anciano, después de que se inventaron las modalidades de adolescente, adulto joven, y adulto mayor (que parecían lógicas todavía), se las ingeniaron para enjaretarnos lo de pre-adolescente y la novedad: adulto emergente. Como si no tuviéramos con toda los conflictos de identidad imperantes.
Pero más que una cualidad por edad, es una etapa circunstancial surgida por el tiempo excesivo que se impuso para la planificación de una "mejor vida", un pretexto para quienes no quieren perder los privilegios de vivir a costa de sus progenitores o el impedimento para quienes sí desean independizarse, pero que no obtienen las condiciones laborales para lograrlo.
La especialización que alguna vez mencioné en otro espacio como este, ha traído como consecuencia que se alarguen las etapas escolares y no son más que distractores de mano de obra y de cerebros que deberían insertarse en el campo laboral, no como empleados, sino como emprendedores de proyectos que promuevan la economía nacional.
También funcionan como filtros para quienes aspiran a los puestos que ya funcionaban con anterioridad y que no han evolucionado pero sí han aumentado los requisitos para acceder a ellos. Por ejemplo, si se desea ser docente en varias de las universidades de prestigio en el país, se requiere mínimo poseer (reitero POSEER) maestría.
El hecho es que, aun cuando tenemos al alcance varios espacios donde poder obtener papeles que avalen un cierto conocimiento para hacer las cosas (aunque a veces no las habilidades para ello), la calidad de vida humana sólo se segmenta en piezas cada vez más pequeñas sin que esto nos lleve a un desarrollo tangible. Seguimos siendo los mismos salvajes de antes. Salud.
Beto

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