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| Nosotros decidimos qué tipo de lecturas queremos para dormir. Foto: BAER |
1. Concepción cambiante. La niñez ya no es lo que fue, es cierto, pero ¿cuántas veces en la historia de la humanidad se habrá dicho algo así? Se afirma que en la Grecia antigua Sócrates o Patón, se quejaban del uso de los libros por parte de los jóvenes porque eso les iba a atrofiar la memoria, coincidentemente, algo así afirmamos milenios después acerca de los teléfonos móviles. Las narrativas literarias, así como las que usamos para justificar la vida diaria, también mantienen ciertos rasgos que las identifican por géneros en las primeras y por costumbres en las segundas, lo que influido en lo que les contamos a los niños; la prisa que crea la inmediatez cambió la fisonomía de los textos, de cuartillas repletas de letras con pasajes muy amplios a libros de unas cuantas páginas en las que predominan los grabados coloridos.
2. Valoración de dientes para afuera. Las terroríficas historias de los hermanos Grimm dieron paso a adaptaciones de ellas mismas y a otras que cambiaron los secuestros y martirios, por paseos gratificantes en bosques apacibles, esa acción debió responder a una razón de dos posibles, por un lado, debe haber desaparecido el riesgo permanente que representaba vivir en o cerca de los bosques al formarse las grandes ciudades, por lo que ya no era necesaria la advertencia de muerte en esas historias, por el otro, aunque los peligros sólo se transformaron y trasladaron de un paraje semi selvático a la «selva de concreto», debió considerarse que torturar a los niños no era conveniente pues se estaría obrando en contra de su inocencia y de la seguridad misma que ofrece el entorno urbano, aunque esto sea sólo un mito.
3. ¿Qué cosas les contamos? Como la mayor parte de lo que hacemos para niños tiene la tendencia a educar, suponemos que lo que se escriba para ellos debe tener por fuerza una moraleja. Del lado opuesto está la consideración de que a los niños sólo hay que divertirlos, pero eso se manifiesta más que nada en la televisión, un medio que alguna vez pareció rivalizar con los libros sin que hubiera un argumento convincente sobre tal cuestión, por lo pronto, suponemos que el oponente actual es el teléfono móvil, posiblemente porque los adultos nos vemos superados por las generaciones más jóvenes en su uso y en el ritmo de actualizaciones que presenta, por lo tanto, hay que satanizarlos pues ha copado el espacio en el cual les contábamos cosas a los niños. Sin embargo no ha sido así, como en todo, la subsistencia de un medio y sus historias es cuestión de hábitos.
4. La modernidad. Seguramente todavía haya muchos padres que les cuentan historias para dormir a sus hijos, los que no, no se preocupen, seguramente tienen otras dinámicas para crear lazos con ellos; en favor de las lecturas nocturnas, podemos decir que en su base pueden crear un ambiente bueno de descanso, procurador de imágenes oníricas placenteras, siempre y cuando la historia no sea de terror; el uso de la imaginación para recrear las situaciones narradas despierta la inquietud de seguir consumiendo literatura en los años posteriores, la mejor consecuencia sería la de cuestionarse sobre los hechos, si están bien o mal, si pudieron evitarse o no, si la situación hubiera sido distinta... También es posible que vaya desapareciendo porque el ritmo lo impide. Salud.
Beto



