martes, 25 de noviembre de 2025

El cuento infantil

Nosotros decidimos qué tipo de lecturas
queremos para dormir. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Concepción cambiante. La niñez ya no es lo que fue, es cierto, pero ¿cuántas veces en la historia de la humanidad se habrá dicho algo así? Se afirma que en la Grecia antigua Sócrates o Patón, se quejaban del uso de los libros por parte de los jóvenes porque eso les iba a atrofiar la memoria, coincidentemente, algo así afirmamos milenios después acerca de los teléfonos móviles. Las narrativas literarias, así como las que usamos para justificar la vida diaria, también mantienen ciertos rasgos que las identifican por géneros en las primeras y por costumbres en las segundas, lo que influido en lo que les contamos a los niños; la prisa que crea la inmediatez cambió la fisonomía de los textos, de cuartillas repletas de letras con pasajes muy amplios a libros de unas cuantas páginas en las que predominan los grabados coloridos.

2. Valoración de dientes para afuera. Las terroríficas historias de los hermanos Grimm dieron paso a adaptaciones de ellas mismas y a otras que cambiaron los secuestros y martirios, por paseos gratificantes en bosques apacibles, esa acción debió responder a una razón de dos posibles, por un lado, debe haber desaparecido el riesgo permanente que representaba vivir en o cerca de los bosques al formarse las grandes ciudades, por lo que ya no era necesaria la advertencia de muerte en esas historias, por el otro, aunque los peligros sólo se transformaron y trasladaron de un paraje semi selvático a la «selva de concreto», debió considerarse que torturar a los niños no era conveniente pues se estaría obrando en contra de su inocencia y de la seguridad misma que ofrece el entorno urbano, aunque esto sea sólo un mito.

3. ¿Qué cosas les contamos? Como la mayor parte de lo que hacemos para niños tiene la tendencia a educar, suponemos que lo que se escriba para ellos debe tener por fuerza una moraleja. Del lado opuesto está la consideración de que a los niños sólo hay que divertirlos, pero eso se manifiesta más que nada en la televisión, un medio que alguna vez pareció rivalizar con los libros sin que hubiera un argumento convincente sobre tal cuestión, por lo pronto, suponemos que el oponente actual es el teléfono móvil, posiblemente porque los adultos nos vemos superados por las generaciones más jóvenes en su uso y en el ritmo de actualizaciones que presenta, por lo tanto, hay que satanizarlos pues ha copado el espacio en el cual les contábamos cosas a los niños. Sin embargo no ha sido así, como en todo, la subsistencia de un medio y sus historias es cuestión de hábitos.

4. La modernidad. Seguramente todavía haya muchos padres que les cuentan historias para dormir a sus hijos, los que no, no se preocupen, seguramente tienen otras dinámicas para crear lazos con ellos; en favor de las lecturas nocturnas, podemos decir que en su base pueden crear un ambiente bueno de descanso, procurador de imágenes oníricas placenteras, siempre y cuando la historia no sea de terror; el uso de la imaginación para recrear las situaciones narradas despierta la inquietud de seguir consumiendo literatura en los años posteriores, la mejor consecuencia sería la de cuestionarse sobre los hechos, si están bien o mal, si pudieron evitarse o no, si la situación hubiera sido distinta... También es posible que vaya desapareciendo porque el ritmo lo impide. Salud.

Beto

martes, 18 de noviembre de 2025

¿Para quien escribo?

El lector no tiene obligación de soportar
si no le gusta lo que lee. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Sin mercadotecnia. La pregunta no me la hice yo, fue un cuestionamiento de alguien que de editoriales sabe algo ya que prestó sus servicios para Salvat en España hace ya algunos ayeres; no lo he venido pensando en cuestión de difusión para la venta, aunque otra persona me haya dicho que si no tengo publicidad, es letra muerta. Por el contrario, sí pienso en función de quien me hace el favor de leerme, pero desde la perspectiva de que lo considero un igual y no alguien al que deba satisfacer sus necesidades de información, sería demasiado pretencioso de mi parte, por lo que escribo sobre lo que me parece interesante y pudiera compartirlo en una charla de café; ahora bien, como cuento con la paciencia de fieles lectores (tú uno de esos diez), claro que siento el compromiso de escribirles con todo y su heterogeneidad.

2. Sin un gran público. El éxito también ocupa un lugar en nuestra mente y cada uno tiene el derecho de sentirse triunfador de la manera que le dé la gana; el tener mucho dinero es un buen motivo, pero también lo son saber entablar buenas relaciones sociales, ser reconocido por tener buena sazón, saber dirigirse a grupos numerosos o tener un pequeño círculo de lectores, para los cuales el compromiso adquirido con ellos, es el mismo que si se tratara de miles; la lectura de pocos parece más íntima y cercana y cuando se conoce al autor hay dos caminos para abordarlo, uno, ser condescendiente y dejar pasar lo que pudiera considerarse un error o dos, ser extremadamente críticos porque suponemos que no cumplió con nuestras expectativas, ambos son sesgos que no nos permiten ver la obra lo más objetivamente posible.

3. Encontré el gusto. Escribir es lo más cercano a hacer trazos de dibujo con coherencia y ya que no tengo paciencia para hacer líneas con perspectiva y sombras, decidí hacer líneas con palabras y con los primeros buenos comentarios sentí la satisfacción de quien encuentra algo valioso; no es la letra en sí lo que me gusta, sino lo que provoca tanto en lo visual como en lo mental, es decir, el fondo y la forma en ese juego ancestral que los demás hacen el favor de notar. Escribir es un gusto que se vuelve vicio cuya resaca se cura justo con el mismo veneno, también es el único que cualquiera tiene a la mano y que bajo su influjo, nos volvemos bastante productivos. Apoyar un bolígrafo o una pluma en una hoja de papel o pulsar un teclado es como entablar un diálogo medio esquizofrénico en tono de debate donde ambas partes ganan.

4. Un tipo de lector. No escribo para todos, eso es claro y no es porque yo sea una vaca sagrada, por el contrario, al no ser más conocido que en un pequeño grupo, también la cantidad reafirma esa aseveración, aun así, no puedo asegurar que mis escasos lectores tengan un perfil definido a ultranza pues, aunque se trata de profesionistas en su mayoría, también los hay con otros niveles de escolaridad, lo cual me place pues me permite creer que cumplo con una de las condiciones básicas del comunicador, la de no discriminar con el propio mensaje. Aunque si tuviera que definir a mi tipo de lector, diría que es alguien abierto, dispuesto a apreciar otras perspectivas y aportar su opinión cuando sea prudente, algo que hace años era sólo un deseo y ahora se ha vuelto una muy motivadora realidad. Salud.

Beto

martes, 11 de noviembre de 2025

Límites de la imaginación

El único límite real es la muerte. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cómo alimentarla. Su dieta es bastante variada y con presentaciones que a veces nos sorprenden o no podemos creer de inmediato y, contrario a su esencia, su alimento es tangible sin admitir por ningún motivo, sustitutos genéricos; debe ser así porque la imaginación se alimenta de la vida, pero no en abstracto, sino de la que vivimos, bebemos y comemos. Nada suple para ella, aquello que vimos, escuchamos, olemos o tacamos, para paladearlo en los escenarios posteriores que ella se invente. No se interesará en crear sobre algo que no haya pasado por los sentidos, así se trate de dragones o castillos embrujados, para crearlos deberá tener referencias reales que después decidirá si magnifica, minimiza, coloca en un lugar aterrador o lo hace ser adorable como un unicornio en un bosque.

2. ¿Dejarla suelta? Quienes hayan tenido un gato entenderán la comparación; la imaginación es como un felino, libre, retozona, cariñosa y espléndida cuando le viene en gana y salvaje cuando se pretende controlarla. Es capaz de crearte una realidad alterna y se proclamará su propio cadenero que te permitirá entrar a ella cuando bien le convenga, pero hay que estar atentos, porque eso puede suceder en cualquier momento. La imaginación y el gato no se van porque ésa sea su naturaleza, te abandonan porque no los atiendes y así, no eres digno de estar en su presencia, tampoco se trata de estar sobre ellos todo el tiempo, porque eso implicaría volverte loco. En cada uno de sus juegos debe llegar el instante de dejarlos ganar, de no ser así, todo parará y será muy difícil retomarlo pues su confianza es muy frágil.

3. Experimentar. Imaginar es como andar en bicicleta, para empezar a usarla hay que treparse en ella y pedalear manteniendo el equilibrio, si caemos, debemos subirnos otra vez hasta dominarla y cuando seamos más o menos diestros, podríamos pensar en convertirnos en profesionales y vivir de ella; una persona imaginativa entiende cómo dirigir sus pensamientos para que se conviertan en realidades útiles en cualquier sentido. De una mar de escenarios imaginados han surgido historias que logran enternecernos, animarnos, envalentonarnos, solidarizarnos o indignarnos, interesarnos en las posibles variantes que pudieran tener bajo las lógicas del realismo o la fantasía, lo que nos lleva a la creación de versiones propias que vuelven a validar y valorar lo descrito por las palabras en páginas cuyos textos son más una invitación a viajar.

4. El universo. El espacio hasta ahora, se nos sigue presentando como algo infinito, tanto que podemos hacer paralelismos con la imaginación; así como las estrellas son inconmensurables, la ideas en nuestra cabeza también lo son, nada más que a la mayoría de ellas las vemos con los anteojos de lo cotidiano y a las que calificamos como buenas, las seleccionamos a cuentagotas, no creo que haya un censo o un estudio especializado sobre cuántas idea se le ocurren a un ser humano promedio, pero tengamos por seguro que son muchas, sin importar que seamos brillantes o no, claro que la mencionada brillantez es relativa y subjetiva. Universo e imaginación son bastos, permanecen por toda nuestra existencia y ambos tienen la misma característica como una señal divina, desaparecerán al mismo tiempo que nosotros. Salud.

Beto

martes, 4 de noviembre de 2025

La integración

Estar integrado provee de seguridad
para enfrentar el entorno. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Aportes literarios. El acto mismo de leer ya es de integración debido a que un libro o un texto en general, es una ventana para introducirnos en las vidas ajenas por cualquier motivo ya sea entretenimiento, conocimiento o información en general; la literatura misma es una invitación, además, a valorar lo que esas líneas en nuestras manos nos cuentan, a veces guardando las formas, otras con la desfachatez que da el estar seguro del mensaje, de ahí que no sea lo mismo leer a Tolstoi o a Neruda que a Balzac o a Rulfo, cada uno de ellos honrará a la lengua mediante lenguajes encendidos de inteligencia, la mitad de ella aportada por sus lectores; ambas partes, escritor y lector, confirmarán un todo cambiante cada vez que el acto de leer sea presente, sin importar el número de repeticiones.

2. Al comentar. El impacto producido por un libro es más duradero que el que se produce por otros medios, debido a la intimidad provocada por la lectura, en ella son sólo las palabras y nosotros, no existe el actor de por medio como en la radio, el cine o la televisión; en una página escrita somos nosotros quienes ponemos la voz y el aspecto de cada personaje, el trato es directo y cercano al grado de ponernos su piel como abrigo y tomar partido o estar en su contra, sin remordimiento pero con la mayor de las pasiones. Al comentarlo, revivimos lo que nos haya hecho sentir, reproducimos eso que más nos llamara la atención y tratamos de influir en quienes nos escuchan, para que lo lean también y se vuelvan cómplices en, quizá, una aventura semejante pero nunca igual.

3. Al tomar referentes. Para tener o crear motivos, eventualmente debemos contar con animadores, seres extraños que aparecen casi de la nada para darnos alternativas de acción en momentos en que pareciera que se acabó el camino; bien podemos recordar a aquellas personas que, sin tener que ponerse a hacer las cosas junto a nosotros, pronuncian las palabras exactas para que lo que hacemos cobre sentido. Fue el caso de Leopoldo Cárdenas, de muy grato recuerdo, en su etapa como responsable de la cafetería de la Casa de la Cultura de León, tuve a bien visitarlo en varias ocasiones, yo estaba redactando mi tesis de licenciatura por esas fechas y tenía más o menos tres años en ella, le platiqué lo entusiasmado que estaba y cuando me preguntó qué esperaba para terminarla, remató diciendo: termínala ya, de todos modos, «¿quién va a leerla?» La terminé en tres meses.

4. Al citar. El entorno y la imaginación se funden en una práctica que realizamos de manera intuitiva la mayor parte del tiempo que es la interpretación; interpretamos formas de caminar, tonos al hablar, tipos de gesticulación, el uso de ademanes, con el fin de replicarlos y hacer ver a las personas que tenemos en nuestro entorno, que los entendemos y estamos dispuestos a entablar diálogos en cualquier momento. Un encuentro fortuito en la calle con un compañero de la escuela después de varios años de no verse, es la oportunidad de crear un universo alterno a la rutina diaria, porque se puede optar por contar cosas que normalmente no se dirían o dar versiones distintas (no mentiras) de lo que se ha hecho hasta ese día y con ello, mostrar a una persona distinta a la que normalmente se ve. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...