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| «No me parecieron conocidos, Sancho». Foto: BAER |
1. Escoger la historia. Una historia llamativa va a tener una carga afectiva que cada lector adaptará a sus circunstancias personales; para el caso de éste que escribe, las narraciones que más aprecié en su momento, vinieron del formato impreso más humilde que pudiera haber que era el cómic o historieta para los mexicanos, tbo’s para los españoles y con otras denominaciones para el resto de la América Hispana. Dije humilde no por su elaboración que es bastante compleja, sino por sus contenidos que, según la imagen popular, eran para las mentalidades infantiles, ya que una lectura adulta no debía incluir dibujitos; algo debía objetar don Eduardo del Río con todas las obras que produjo durante más de cincuenta años y cuyos temas variados, solían ser bastante densos y profundos.
2. Escoger el formato. Si partimos de la base de que los libros son el origen de todas las historias (porque los guiones de radio, cine y televisión lo son) tendremos a los medios electrónicos de difusión como los alternativos para presentar un trabajo, sin olvidar al teatro; cada uno de ellos tiene un lenguaje específico al que hay que atender para aprovechar las bondades de cada uno sin perder la esencia de la historia que va a transmitirse. La lógica indica que debemos escoger el medio que mejor entendemos y manejamos, sin embargo, abordar cualquier otro sólo requiere de tener algo que decir de la mejor y más clara manera posible, la parte técnica es relativamente sencilla de aprender si tomamos en cuenta que casi todos se basan en el audio y lo visual, todo en imágenes.
3. Pertinencia de la técnica. Así como hay un lenguaje para cada medio, también existen técnicas para lograr las impresiones buscados con las imágenes y los sonidos; éstas deben conjugar el uso de onomatopeyas, encuadres, planos, diálogos y efectos que, junto con colores y tonos, mantengan la coherencia en el mensaje a transmitir; pensemos en dos producciones, una para radio y otra para televisión, podría tratarse de la misma historia, por ejemplo, «Corazón salvaje» de la mexicana Caridad Bravo Adams, novela publicada en 1957 y adaptada para cine y televisión, así como en fragmentos para radio. En los medios audiovisuales podemos ver, mediante movimientos de cámara y encuadres los paisajes, los desplazamientos y gesticulaciones de los personajes y los sonidos ambientales, en audio, todo debe ser producido con herramientas sonoras.
4. El tono. Se plasma con varias perspectivas y aunque una sea dominante, pueden presentarse todas en una misma obra, la cual pudiera ser solemne, crítica, irónica o humorística, usando como herramientas los sentimientos cotidianos como la ira, el deseo, la frustración, etc. Es algo así como el papel de envoltura con el que vamos a presentar el escrito de una adaptación, por lo que podemos ver puestas en escena o películas de obras clásicas u originales, por ejemplo, sátiras de la guerra de las galaxias, de don Quijote de la Mancha o de los miserables. Los resultados de tales adaptaciones (como de los originales también) dependerá de las actuaciones y la inteligencia al plasmar las emociones, para no caer en exageradas redundancias. Salud.
Beto



