martes, 27 de agosto de 2024

Sin alucines

Como todo, escribir no sale a la primera,
pero sí sale. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Hemos vivido vidas ajenas desde que tenemos uso de razón, nos place saber cómo es que se lo pasan personas que nada tienen que ver con nosotros. Las historias en los libros o en los medios electrónicos tienen el encanto de parecer inocuas, al menos para quienes saben diferenciar entre lo real y lo ficticio, la realidad circundante es también adaptable a las formas culturales con las cuales crecimos, para que después, la plasmemos en múltiples formatos que repetirán lo mismo para completar el círculo creativo. Estoy adelantándome porque me ganan las ansias, pero volvamos al principio, ¿qué nos mueve a indagar en vidas ajenas? ¿No es suficiente lo que pasamos en la realidad para andar metiéndonos en los problemas de otros? No creo que sea el simple gusto por el chisme, debe movernos algo más profundo o significativo, como el encontrar las semejanzas que nos sirvan de referencia para entender lo que pasa en los círculos más cercanos.

Sean seres ficticios o históricos, lo que vivieron tiene el atractivo de la inmunidad ya que a nosotros nada nos pasará al leerlo, cuanto más, podríamos identificarnos, admirarnos o indignarnos pero sin compromisos ni consecuencias; ver algunas realidades dentro de una burbuja nos permite darnos cuenta de todo eso de lo que gozamos pero también de lo que carecemos, incluso si la historia que leemos está en las páginas del diario de nota roja. Es un alivio que a nosotros no nos pase lo malo aunque sea una lástima que suceda, pero ¿qué podemos hacer? Sólo enterarnos de lo sucedido y tratar de evitar que esos «accidentes» se produzcan cerca de nosotros o de los nuestros; la imagen de una vitrina también sirve aunque nos pone en una plataforma ajena a lo observado, que es quizá, la forma más utilizada por todos para tratar de comprender el exterior dado que es un mecanismo que nos permite mantenernos objetivos ante lo observado.

Al menos eso deseamos creer, pero la identificación con los personajes creados por otros, nos facilita el trabajo de crear universos alternativos, pero no merma de ninguna manera el uso de la imaginación; para efectos de la producción literaria habría que hacer acopio de toda la visión infantil que nos quede en bodega, desde recuerdos hasta todo eso que nos sacó una expresión de sorpresa, admiración contagiada por alguien cercano, lo cual le da el valor extra de ser compartido con cierta lógica, por ejemplo, el ser fanático de un deporte y de un equipo específico, seguir la trayectoria de un atleta, aficionarnos a un tipo de lectura o música, permite desarrollar el sentido de pertenencia a la sociedad en la que vivimos y, posiblemente, descubrir todo aquello que es presumible del espacio geográfico que ocupamos porque, después de todo, gran parte de nuestro cometido en esta vida, es dar razón de lo que hicimos en ella.

Describir los parajes, las elevaciones, los edificios o las calles del lugar que habitamos es un trabajo especializado que no muchos se animan a realizar, puesto que hay la tendencia a creer que es difícil hacerlo, pero yo objetaría a esa suposición que la única existente es el descubrir la manera en que nos gusta platicar (si es que nos gusta), porque los temas se nutren con lo que leemos o escuchamos, lo corto de palabras se soluciona averiguando en un diccionario (por lo que hay que tener uno a la mano siempre) y lo fantasioso se equilibra con el uso de la lógica. En estas líneas pareciera que estoy simplificando demasiado el camino a la escritura, quizá sea así pues aún no he mencionado uno de los elementos más importantes que distingue al escritor de quienes ven remota la posibilidad de convertirse en uno que es la voluntad. Las hojas y las plumas están en su lugar, nada más falta usarlas. Salud.

Beto

martes, 20 de agosto de 2024

El caso Polo

Al parecer, en las cortes de lo familiar,
no se necesitan jurados. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Confío en que todos entendemos la diferencia entre ficción y realidad (fuera de discusiones académico-bizantinas) y a su vez, en que comprendemos que la mayor parte de los contenidos de la televisión son inventados; ya el suponer que es el medio el que crea los contenidos y no éstos los que definen al medio, se los dejo a los teóricos de la comunicación. ¡Ah, caray! Yo soy comunicólogo, así que no estaría mal que me ocupara de ello; a varias décadas de que Laswell emitiera su famoso paradigma en el que todos hemos basado alguna explicación de lo que entendemos por fenómeno comunicacional y que más o menos por el mismo tiempo Marshall McLuhan se aventara la puntada de afirmar que «el medio es el mensaje», la investigación en comunicación ha apuntado a varias metas.

Para el mundo del reality (que no deja de ser ficción) la intención es supuestamente, transmitir lo que alguien de interés público ofrece como su ida cotidiana en un ambiente controlado y con una competencia de por medio, lo cual me hace pensar en una forma específica de tomadura de pelo; por lo que respecta a los que ventilan las cosas de la «gente común», un fraude doble. Porque dígame, ¿quién en su sano juicio se pone a exponer sus miserias a todo color y a nivel internacional? Pareciera gente demasiado necesitada de atención, a menos que en realidad no fueran gente normal, digo, de los actores lo entiendo, de eso viven pero, ¿y si acaso los que salen como cualquier hijo de vecino fueran..? ¡Una triple tomadura de pelo!

No sé cómo se maneje exactamente la palabra «reality» pero en español «realidad» implica algo que no es mentira o falso, pero hemos aceptado que nos vendan programas de «laboratorio» como si se tratara de la vida cotidiana, lo que en términos científicos cuando un ambiente está controlado, difícilmente el objeto de estudio se comportará normalmente. A manera de adelanto, todos sabemos que la cotidianidad de cualquier persona es sumamente aburrida en una pantalla, por lo tanto, algo debe introducirse como variable para hacerla medianamente atractiva, vimos algo de eso en Big Brother, The Truman Show y en varios otros programas televisivos como Caso Cerrado de la denominada abogada y presentadora Ana María Polo.

La dicha variable no es otra cosa que actores y actrices que representan un personaje «real» para hacer creíbles las tramas que, en la circunstancia de Caso Cerrado tenemos a la estupenda actriz de reparto y doblaje Liliana Barba, quien interpretó a una mujer llamada «Liliana» que demandaba a su madre por discriminación religiosa, para mayor referencia, Liliana barba hacía la voz de Carlitos en la serie «Aventuras en pañales». No puedo alegar que haya un engaño puesto que en todos esos programas «reales» lo que menos abunda es la realidad, por otro lado, sólo basta con haber visto algunas de las muchas películas o series gringas de abogados, para saber que en una corte de allá no se puede funcionar sin jurado como lo hace autoritariamente la Polo en algunos casos. Salud.

Beto

martes, 13 de agosto de 2024

Un paso a la ficción

Blanca Nieves esperando a que le digan
de dónde salió su versión. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Si ya el insertarnos en lo que llamamos realidad es difícil, verla a través de una pantalla pareciera una locura; eso podría pasar como una alegoría de nuestra tendencia a la intermediación por parte de los demás, puesto que para todo requerimos de intérpretes que nos faciliten la comprensión de lo que vemos y escuchamos; varios autores se han encargado de imaginar una sociedad intelectualmente inutilizada a la que nada más hay que dirigir hacia un punto con la única obligación de satisfacer las necesidades básicas de una población indolente e irracional, fanatizada en contra de fantasmas teóricos y enemigos inventados. Más que obras literarias, parecen las profecías de modernos vaticinadores que han descubierto una profunda depresión que nos vuelve autómatas.

Mucho de lo que nos inspira surge de lo cotidiano, de lo que solemos hacer por rutina, la seguridad por mucho que la post modernidad abogue por salir de la «zona de confort» (cualquier cosa que eso sea), la verdad es que los periodos de tranquilidad son el sustento de los conflictos, si no los tomamos en cuenta, no podríamos contrastar cada episodio. Cada detalle que nos rodea podría ser un actante en nuestras historias, dotándolos de características antropomórficas o dejando intacta su naturaleza, lo que los anima son las circunstancias con las que revestimos sus hábitats por lo que podríamos ver nacer de un huevo a una mariposa de acero o ver volar tortugas armadas con sables y pensar que todo eso es posible en todos los universos alternos que se nos ocurran.

Como mediadora, la pantalla fija limita el movimiento aunque mantiene la atención, la pantalla portátil, amplía el movimiento pero limita la atención; nos hemos vuelto un peligro para nosotros mismos dado que antes al apagar el televisor, buscábamos la compañía humana, ahora al separarnos de la casa, buscamos una conexión de wi-fi. Pareciera que, conforme estamos ampliando los horizontes físicos, restringimos los afectivos; podemos alegar lo que sea pero no debe pasar inadvertido que la inmediatez de la información nos ha vuelto intolerantes a la frustración, lo cual es lógico considerando que los habitantes de estas benditas tierras, siguen siendo los eternos adolescentes que salieron desde los días de la independencia. Seguimos teniendo la piel muy delgada.

Entre el surrealismo y el realismo mágico los naturales de este lugar nos encontramos con que la nuestra es una realidad desfasada de los demás países del orbe pues mientras ellos han valorado sus periodos de paz, de este lado pasamos la vida imaginando cómo partirnos la cara, si por allá buscan la manera de disfrutar su tiempo libre, nosotros lo hacemos en el tiempo laboral; Einstein podrá ser el padre de la relatividad pero aquí vivimos quienes estiramos o encogemos las horas según sean nuestras conveniencias. «Ahorita» es una medida de tiempo perfectamente válida para encontrar los «destos de la desa» y entregárselos a «fulano »o «mengano» y andar sin preocupaciones por «esos caminos de Dios», todo así de exacto y perfecto. Salud.

Beto

martes, 6 de agosto de 2024

La virtualidad

¿De verdad no nos es posible separa la ficción
de la realidad? Foto: BAER

Irapuato, Gto. Es posible que estemos viéndola como la nueva realidad y no como una alterna que, imagino, había sido concebida como complemento a las dinámicas que establece la post modernidad. ¿Cómo es posible que la aceptemos tan fácilmente? Hay que recordar que nosotros somos lo que el exterior (los demás) perciben de nuestro entorno y ese «ser interior» al que llamamos conciencia, es una parte que en alguna etapa de nuestra vida, nos hace creer que estamos «viviendo» la vida de otro. Las series de radio, los programas de televisión, las películas y las novelas realizan un fenómeno similar en nuestro cerebro al identificarnos con los protagonistas de esas historias y son historias también las que consumimos en las nuevas tecnologías de la información en la red.

El mismo servicio que intentamos satanizar porque «los jóvenes están siendo mal influenciados por los mensajes que ahí consumen» sin entender que en nuestro ámbito educativo (casa) no hemos puesto en claro los parámetros que deben regir los consumos, tanto de los equipos móviles como de los contenidos; esto se ha dado por una simple razón: hemos dado por entendido que manejamos los mismos conceptos de comportamiento, dejando que términos como «emergencia» o «necesidad» queden flotando sin ninguna aclaración de lo que deben representar para cada familia y menos en la escuela. Otro sobre entendido es que ésta última deberá corregir los vicios con los que enviamos a los niños a las aulas «pero sin que traumen a los querubines».

Existir «como si viviéramos» es la verdadera virtualidad y tan la encontramos en las pantallas como en las hojas impresas de un libro, las revistas o los periódicos y ni siquiera me refiero a inserciones literarias, sino a las notas «pelonas» que retratan de la manera más cruda lo que sucede en el mundo, pero como son realidades en las que sólo podemos presentar empatía, pasan a las filas de lo virtual que, desde un punto de vista platónico, será tratada como una realidad alterna, ya que si lo piensas existe. Habrá quien piense que los mundos virtuales son una proyección de lo que deseamos, no sólo como creadores sino como consumidores de mensajes también, de ahí sale la identificación con los personajes y la búsqueda de similitud con los espacios.

Vivir la virtualidad es hacer como que se vive, ya ni siquiera es ponerse en los zapatos de otro sino el «trasladar» nuestro ser a una realidad alterna por medio de avatares o como sea que se llamen esos personajes que corren en nuestro lugar, que batallan en parajes inhóspitos o tiran de balazos a diestra y siniestra acabando con todo lo que se les atraviesa; no caeré en la tentación de echarle la culpa a los video juegos de hacer que aumente la violencia, pero quizá sí de normalizarla, un argumento con el cual no estuve de acuerdo en los setenta cuando se acusó al programa Ultramán de volver agresivos a los niños, pero entonces teníamos conciencia de que era otro el que actuaba, mientras que en los video juegos, es una representación personal la que dispara. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...