martes, 26 de septiembre de 2023

Ser lector

Hasta se ven bonitos juntos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En otro momento habíamos establecido que leer es más que repasar la mirada sobre letras y repetir mentalmente lo que está escrito, ahora nos avocaremos a la avidez que provoca la lectura en serio; no implico que haya lectura en broma, ya que hasta la compilación de chistes requiere de seriedad en su lectura, según sea la intención pues la comedia es algo serio. Ser lector de tiempo completo requiere de habilidades que se adquieren con el tiempo y van transformándose conforme cambian nuestros intereses pues compramos libros, percibimos actitudes, medimos velocidades y pesamos actitudes con el cambio de empleo o de círculo de amistades; sopesamos las oportunidades de mantenernos en un nuevo lugar siendo como somos y/o aplicamos los cambios que sean necesarios.

Los espacios se especializan según las creencias que adquirimos, las personas con las que convivimos y las actividades que realizamos; en la casa por lo general, además de los usos comunes, cada espacio se valora por los recuerdos que van formando, si llegamos a tener uno especial para la lectura, la intimidad generada se vuelve una inversión que afectará continuamente el estado de ánimo en el que nos encontremos, para bien o para mal. La base de esos cambios es el diálogo que llevamos a cabo con cada libro, cuya personalidad se adaptará a lo que vayamos percibiendo de él que, curiosamente, también cambia con cada lectura ya que encontraremos cosas distintas en cada ocasión y, aunque no lo parezca, cada vez que compartimos con alguien más, esas impresiones.

La magia comienza con la primera palabra que pasa por nuestros ojos, la necesidad de contar historias con la disposición de ser engañados se unen como dos eslabones de una gran cadena que comenzó desde la invención de la escritura. Las necesidades se engarzan no como la simple unión de individualidades, sino como las piezas dependientes de un todo; la simbiosis se complementa en cada evento, un escritor no existe sin un lector ni éste sin aquel; la lectura convierte a los desdoblamientos en aventuras catárticas, a las evasiones en la percepción de las debilidades humanas; por así decirlo, cada lectura es un curso intensivo de cómo se reacciona en diferentes circunstancias, con diferentes personas o mejor dicho, personajes que mantienen intereses muy diversos.

Más que una afición, la lectura podría ser una forma de convivencia entre seres reales y ficticios que se sirven de sus propias experiencias para proponerse como espejo el uno del otro, compartir los escenarios y sus amistades, rara vez concordarán en todo lo que piensan pero cuando lo hacen, no habrá conexión más fuerte que ésa, ni en la ficción ni en la realidad. La infidelidad no existe en el acto de leer, el libro es un gran amante al que no le importa la promiscuidad de un librero ni sus páginas se corrompen con la proximidad de otros, sus lomos ofrecen un atractivo más a las paredes de cualquier recinto cantando sus títulos las veinticuatro horas del día. Sus contenidos, como el ave Fénix, podrán olvidarse o perecer, pero estará latente la oportunidad de resurgir. Salud.

Beto

martes, 19 de septiembre de 2023

El estilo del tío Lolo

No deberíamos necesitarlos,
sólo son una carga. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Parecía burla pues una vez hecha la declaración en su mañanera, me asaltó la pregunta, ¿qué les van a revisar, si ya les encontraron errores? Hablaré como editor independiente y les diré que en un trabajo cualquiera, el protocolo incluye la revisión de la obra por parte de agentes externos a su producción, puesto que ojos ajenos pueden ser capaces de detectar los posibles errores que lleven sus páginas, obviamente es una tarea que deben llevar a cabo expertos. Si con todo eso llegara a colarse uno que otro y se llega a la parte de la encuadernación, una de dos, el cliente prueba que hubo un fallo y rechaza el trabajo, por lo que la editorial asume el costo o se llega a un acuerdo y se adhiere una fe de erratas, también costeada por la editorial, así que el “vamos a revisar los libros” salió sobrando.

Prevaleció el estilo de la 4T, poner parches a lo hecho a medias y al vapor y más que libros de textos, resultaron guías de estudio, lo cual es bueno si aceptaran las cosas como son pues este gobierno de austeridad nos hubiera ahorrado varios pesos si en lugar del formato de libro, se hubieran impreso folletos con bibliografía de consulta, la explicación de lo que llaman campos de conocimiento y cómo debe ser la participación de los padres de familia. Como plan es casi una genialidad, pero creo que los teóricos que participaron en la creación de material, no tomaron en cuenta las condiciones laborales de los proveedores en cada núcleo familiar, tanto laborales como de transporte para llegar y regresar de sus fuentes de empleo y la figura del tutor es casi inexistente.

Posiblemente, cuando se den cuenta de la precariedad de muchas de las familias del país, parafraseen a María Antonieta para que, en lugar de usar sus libros, les digan que consulten todo en la red, pues el menor de los problemas que representan su uso es el hecho de que “fueron elaborados con base en programas sintéticos y analíticos” según la titular de la SEP, Leticia Ramírez Amaya, lo que quizá quiera decir que la información contenida en los libros de texto es casi nula, por lo que fuerza a los maestros y padres de familia a consultar otras fuentes pero, ¿y los que no cuentan con recursos para comprar libros o no poseen una biblioteca o no pueden acceder a una pública? Ni hablar de los que no tienen tiempo para visitar amigos con recursos materiales o electrónicos.

O quizá repliquen el gesto de su jefe, el del 16 de agosto, cuando fingió no escuchar los cuestionamientos de la prensa (quiero pensar) que no funge como su palero y al otro día fingió dar razón de lo sucedido mientras los acusaba de perversos porque él nunca se atrevería a burlarse de la desgracia ajena. La única explicación lógica que encuentro es que la locura senil lo invade porque ni siquiera le daría el beneficio de la compañía del “alemán”, una enfermedad que ya no existe para un mitómano olvidadizo. Las siguientes administraciones pintan igual, por ende, las dependencias a su cargo se harán tontas incumpliendo con sus obligaciones; si no fuera porque llevamos cargando una larga historia de desconfianza entre nosotros, propondría una autogestión total. Salud.

Beto

martes, 12 de septiembre de 2023

El mecanismo de la adhesión

¿Cómo prepararnos para encajar?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Muchos de los conceptos que utilizamos cotidianamente, son parte de una familia de significación escalafonaria que implica que cada uno presenta distintos grados de involucramiento e intensidad; pertenecer a un grupo activa o pasivamente, requiere de cumplir con los requisitos básicos que éste exige pero que no representan el porcentaje total de la pertenencia puesto que el complemento se encuentra en el convencimiento del aspirante a querer cumplirlos. Los pasos que habría que cubrir en su mente, irían desde la identificación en dos pasos 1) saber de la existencia del grupo y 2) saber qué le hace semejante a él; pasaría por la afinidad, también en dos fases 1) comprobación de la funcionalidad de las semejanzas y 2) el sentirse identificado (perteneciente); hasta la adhesión o involucramiento total.

Lo que hay que saber de cada grupo de nuestro interés es si a eso que se dedica lo evidencia de alguna manera, es decir, si da a conocer sus actividades con lo cual comprobar si es lícito, de asistencia social, deportivo, etc., pero el simple interés no basta, habría que observar si sus métodos, filosofías y metas son alcanzables y podemos ajustarnos a ellas. Una vez establecidas, que lo que nos atrajo nos sirva para mantenerlos funcionando por un tiempo prudente para que el sentido de pertenencia sea factible de heredarse a otras generaciones con el conocimiento de causa suficiente para sentir orgullo de ello. La pertenencia implica siempre un escalafón, se aspire a escalarlo o no aun la respuesta sea negativa, va a afectar a todos los miembros del grupo en sus aspiraciones.

Así como la identificación grupal es importante, la individual nos proveerá de la seguridad suficiente como para presentar una buena argumentación de lo que se es para con el grupo, es decir, dar razón de lo productiva que es nuestra participación hacia el interior; funciona tanto para la filiación deportiva como para la presunción del gentilicio, teniendo ambas como base la dinámica tribal. Pertenecemos porque somos y viceversa, sería el grito de batalla de cada agrupación a la que perteneciéramos, fácilmente observable en la escuela cuando compiten los del cuarto “A” contra los del “B” en equipos deportivos, en las empresas y hasta en los departamentos que la componen, lo cual nos involucra al grado de invertir emociones y hasta nuestros sentimientos llegando a considerarnos parte de diversas familias.

La sobrevivencia no es la misma que en los primeros momentos de la humanidad, pero es igual de letal desde el establecimiento del sedentarismo y las clases sociales pues aunque la mayoría de las intrigas no resultan en la pérdida de la vida, sí se pierde presencia y se deteriora la imagen que se haya forjado; el respeto de las formas debería ser la única garantía de permanencia en cualquier asociación, sin embargo, nos hemos encargado de enturbiar todo tipo de relaciones, exentándolas de la honorabilidad que debería privar por el hecho de considerar a todo ser humano como igual. Sabemos que no ha sido así y que lo escrito desde la ilustración es casi letra muerta en la práctica, no queda más que confiar en los microuniversos, aportando eso de lo que hemos carecido históricamente, poco a poco. Salud.

Beto

martes, 5 de septiembre de 2023

La búsqueda de símbolos

Para cada uno hay un símbolo y lo interpreta
según sus circunstancias. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los aprendizajes van moldeando la imagen que deseamos que los demás observen de nosotros; lo que sabemos lo adquirimos desde lugares disímbolos aunque amalgamados en eso que llamamos cultura. Un principio de identidad nos conduce a buscar afinidades que pueden ser mediados por objetos significativos de carácter comunal, objetos que hagan factibles las cercanías. A diferencia del ícono (tildada la “i” por su uso en América) los símbolos tomarán el lugar del objeto o la idea que representen sin que tengan que ver con la imagen original, lo que los hace una abstracción que vale por sí misma al alcanzar cierta autonomía de eso que sustituye. El escudo nacional, por sus componentes y la conjugación de los mismos, nada tienen que ver con el contenido total de lo que llamamos México.

Trataré de explicarme, el laurel y el olivo no son plantas endémicas de estos lares, pero en sí mismas guardan un significado heredado de Europa; al nopal, como cactácea, lo encontramos también en distintas latitudes, pero lo adecuamos a nuestros sentires como nación; águilas y serpientes habitan un gran porcentaje del mundo, sin embargo, nos apropiamos de sus significados hasta convertirlos en algo que nos representa exclusivamente a nosotros como país; lo mismo pasa con el traje de charro o las suertes a caballo que ellos hacen. Cada símbolo aparecido en este mundo, es una apropiación de la adecuación de significados a una identidad ideológica, que logra reunir por convicción, a un gran número de personas en cada región de este planeta.

Pero antes de encontrarlos, ¿nos preguntamos qué queremos simbolizar? ¿Para qué queremos esos símbolos? ¿Nos sentiremos adaptados, acogidos o medianamente incluidos si portamos un símbolo? Dado que las personas no son factibles de convertirse en símbolos, pero la imagen que nos creamos de ellas sí, no es raro encontrarnos son efigies de gente conocida estampadas en playeras o accesorios que nos brindan cierto status ante los demás, al menos eso creemos. Por así decirlo, adquirimos algunas características de los símbolos que portamos puesto que, al llevarlos a todos lados, hacemos de la suposición de los demás que los consumimos, como el vestir una prenda que ostente a los personajes de Mafalda, el rostro del Che Guevara o la cara de Sheldon Cooper queriendo parecer con ello intelectuales-activistas pero gracioso.

Una vez encontrado, el símbolo permite una identificación tácita, ya no es necesario gritar a los cuatro vientos lo que pretendemos ser o parecer; una cruz, un azadón con martillo o una estrella de David, nos ahorran el tiempo de dar explicaciones sobre nuestras convicciones aunque algunos sólo sean resultado de alguna moda o gusto estético, el caso es que con ellos, los demás ya se hicieron una idea completa de nuestra imagen, aunque posiblemente esté errada. En esa búsqueda va intrínseca la fabricación misma de un símbolo pues cada uno está supeditado a la interpretación, individual o colectiva, de lo que va a representar efectivamente; si bien una svástica no presenta más que dos variables, la imagen de Maradona podría dispararse en varias direcciones, según la perspectiva que se tenga de su vida. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...