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| “Por esa astucia le quedaba el mote de El Gato”. Foto: BAER |
Estévan aún no termina de digerir lo sucedido aquella extraña jornada en el Palacio de Comunicaciones; salvo algunos detalles, sus abogados no tuvieron mayores problemas para que tomara posesión de la fortuna de los Corcuera, algo que a varios de sus parientes les cayó como un fardo en la cabeza, les molestó tanto, que algunos advirtieron que apelarían la decisión de su abuelo. Nada de eso parece importunarlo, él está tranquilo con los consejos legales y entusiasmado planeando su boda con Lina. Supongo que desea formar una familia alterna; imagino que se ve recomponiendo las formas en las que creció y las ausencias de las que no tuvo conocimiento hasta el fin de la existencia de “sus” padres, de cuya memoria él sabrá cómo guardar.
Sólo un detalle ensombrece los planes en los que nos hemos enfocado y es la aparición de Jimena en el velorio de Efraín; a decir de Saúl, habría que tener cuidado con ella puesto que, al haber sido parte algún tiempo de la agencia, conoce los movimientos y podría representar un riesgo en futuras acciones. Casi olvido a Sergio; su actitud cambió y al parecer se aliará a nosotros, siempre y cuando lo que emprendamos no infrinja las leyes o, al menos no muchas. Lo más emotivo fue la “ceremonia” del paso de estafeta que Luis, mi padre y Saúl le hicieron a Estévan “coronándolo” con el sombrero que Efraín dejó junto a los documentos con los que se comprobaba su status de heredero, algunas de nosotras no pudimos evitar el soltar una lágrima y creo que los hombres tampoco.
“Nora, apúrate que llegamos tarde”. Ésa fue la voz de Luis, mi padre, quien se aferra a mantenerse activo, según él porque no quiere que la vejez lo atrape en una silla de ruedas. Yo creo que se siente el vigilante del negocio y no desea que Estévan vaya a perderlo en alguna maniobra errónea, aunque le hemos dicho que eso ya no le corresponde. En fin, lo cierto es que somos las mujeres las que debemos brindar todo nuestro esfuerzo para seguir dando el servicio que nos fue encomendado; seguramente Efraín lo hubiera querido así, dejándonos inclusive la dirigencia, de no haber descubierto las ventajas que nos traerían tanto el haber descubierto su paternidad como la fusión de las dos fortunas. Por esa astucia le quedaba bien el mote de El Gato. Fin.
Beto

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