martes, 18 de abril de 2023

Esgrimiendo la pluma

Hay que ser capaz de atender
a varios diálogos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como seguramente mencioné en la entrega anterior, es tiempo de utilizar mi propio método (el que he venido usando por más de un año en los blogs) pero ahora para avanzar en las novelas cortas que tengo comenzadas, un trabajo que comienza a tomar tintes de urgencia dado que debo justificar ya la existencia de la editorial. Los títulos se han convertido en centinelas que presionan en mi cabeza cada vez que tomo una tarea distinta a los objetivos que con ellos me he trazado, lo malo es que eso sucede a diario, como si no fuera dueño de mi tiempo; ahora entiendo porqué Sergio me dijo alguna vez que el no ser empleado de una empresa tenía sus bemoles, ya que al no tener que servir a un patrón, te dejaba a merced de las órdenes de muchas otras.

Y éstos pueden ser adquiridos o impuestos por uno mismo, puesto que para cubrir las propias necesidades, se deben fabricar los satisfactores por propia mano o brindar un servicio para, con el dinero obtenido, comprarlos; vamos por los compromisos adquiridos ya que son, se supone, los que podemos manejar a nuestro tiempo y como tales, la redacción de textos nos compromete mínimo a mantener un ritmo de escritura que podamos sustentar de manera coherente a nuestras actividades cotidianas. Por supuesto, habrá que tomar en cuenta que las historias pueden complicarse en la medida en que avanzan y/o se agregan personajes, lo que nos exige poner mucha atención en la creación de esquemas o mapas mentales que nos indiquen los caminos a seguir.

Desde un árbol genealógico hasta un esquema de niveles de mando pueden funcionar, quizá un diagrama de flujo o un modelo relacional, el caso es que de un solo golpe de vista la información quede clara. Lo que podría servirme sería un esquema de columnas donde catalogar cada novela, es decir, tener a los personajes, sus orígenes, trayectorias y circunstancias que los llevaron hasta el momento en que se esté retratando en el manuscrito y posiblemente, hasta el punto donde deben llegar en la historia. En un diagrama de flujo, por cada relato, retrataría las relaciones que los personajes desarrollen entre sí, ya sea por cuestiones familiares, laborales o sociales, lo que me permitiría prever los posibles cambios.

La precaución máxima, al igual que en los blogs, sería en no caer en la fascinación de vuelo y entremezclar las obras, lo que haría que perdiera la trama de cada una y el tiempo, un recurso que no puedo darme el lujo de pensar que lo tengo a raudales. Tendré que imaginarme que estoy frente a la partitura de un director de orquesta para leer y escribir en paralelo, en otras palabras, llevar casi al mismo tiempo cada manuscrito en una especie de desdoblamiento como el de un televidente adicto, figura de la cual no estoy lejano que digamos. Siendo optimista, creo que sí podría lograrlo sin volverme loco en el intento, les prometo que ustedes mis fieles diez lectores, se enterarán primero de los resultados. Salud

Beto

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