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| Y eso que no es cuestión de magia. Foto: BAER |
El creativo encuentra su inspiración en lo cotidiano que quizá, le evoque un pasaje de su vida, una lectura entrañable o un evento importante que pueda compartir con personas significativas, el trabajo de integración girará en torno a la intención y las herramientas con las que cuente para describir el tema, el “cómo” en su máxime expresión, siendo ahí en donde está el meollo del asunto. Crear en términos humanos, es recrear a partir de algo establecido, volverlo otro y presentarlo como novedad, es decir, un giro que nos dé una perspectiva distinta en cuanto a sus formas, dimensiones, usos y estética por lo cual pueda adquirir un valor adicional o la prolongación de su vida útil, por lo tanto, mantenerse en el gusto general.
Quien ya tiene a la escritura como un medio de expresión activo (o terapéutico) se habrá dado cuenta de que se vuelve una necesidad que debe alimentarse a diario, que como en una comida algunos escritos serán el entremés, otros la ensalada, aquellos la sopa, los que más, el plato fuerte... ¿y el postre? Pudiera componerse de nuevas lecturas para tomar nuevos bríos. Cuatro o cinco tiempos que provocan a diario la revaloración de la vida misma a través del acompañamiento de nuestras letras con las de otros; la escritura es nada sin la lectura, así como un mole necesita de un buen arroz y un tequila. Las metáforas alcanzadas sazonarán cada línea para que otros ojos “paladeen” la combinación de ingredientes con un toque puro.
El creativo, en cualquiera de sus facetas, renombrará lo que tenga en su entorno inmediato, algo irremediable porque todo eso lo hará suyo ya que el principio básico de la propiedad (de las cosas) es poner un nombre; esa paternidad la ejercerá en todo momento y en cualquier lugar teniendo como base su particular ritual de trabajo, dará entonces nombre a lo ya nombrado, proveyendo a su creación de nueva identidad y a él mismo de un acercamiento a lo divino. La creatividad no tiene género salvo el otorgado por el lenguaje, ése que estando en buenas manos, transforma lo inerte en movimiento, lo trágico en comedia, lo horrible en hermoso; la transformación también transmuta en todo aquello que mueve las entrañas. Salud
Beto



