martes, 28 de marzo de 2023

La familia Grande 117a. entrega

“Una sincera acogida para mejores tiempos”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Habló unos minutos sobre lo que había decidido y lo que esperaba de cada uno de ellos; a los viejos les deseó suerte y una vida productiva, en lo que quedara de ella, a los jóvenes, que vieran en su organización la oportunidad de hacer algo bueno por los demás, aunque fuera desde una práctica no muy legal. A Sergio lo conminó a unirse a la idea, que se permitiera ver a su organización como la manera de convivir con su familia. “Porque sé que estás allí, sé también que eres excelente en tu trabajo y quedaba poco tiempo para que dieras con nosotros. Sabes de igual manera que l único culpable de lo que hoy pasó, he sido yo, así que te pediré que dejes a todos en paz”. La voz se le quebró un instante, tragó saliva y sin despegar la mirada de la cámara se dirigió a Estévan.

“Hijo mío, me atrevo a llamarte así no porque crea que merezca ser tu padre, sino porque en este corto lapso ha caído en la cuenta de que mi vida hubiera dado un giro radicalmente opuesto y quizá, con otro tipo de conciencia en la que te mostrara por más tiempo mi aprecio. Pero más vale tarde que nunca; lo único que puedo dejarte, es mi parte ne la organización, tú decidirás así como los demás son libres se hacerlo, si continúas con el trabajo que hasta ahora hemos realizado. Imagino que están pensando en que tendrán problemas como la justicia cuando las autoridades se enteren de lo sucedido aquí, así que les dejo la grabación en video y espero que me perdonen por dejarlos así. Era esto o hacerlos padecer con el cáncer terminal que me fue diagnosticado hace poco”.

El silencio se hizo más denso, la imagen volvió al momento en que el Gato discutía con Emilio Corcuera, el primero tomó la mano del segundo y puso el detonador en ella para después accionarlo, la pantalla se volvió gris por la estática siguiente; un grito se apagó en la garganta de Ruth y los demás sólo atinaron a abrir más los ojos. Pasaron unos minutos sin que nadie se atreviera a pronunciar palabra alguna, Sergio dio media vuelta y se retiró en silencio, tendría tiempo de lamentar su pérdida, al igual que los demás. Lina se acercó a Estévan por la espalda y lo abrazó por la cintura, Luis y Nora recargaron sus cabezas el uno en el otro, José y Rosa se tomaron de las manos, Saúl se recargó sobre sus codos y Ruth se sentó junto a él.

“No puede ser que no supiera lo que sucedía”. “Calma, seguramente nadie conocía su estado; ahora debemos prepararnos para enfrentar lo que viene”, dijo Ruth tratando de consolar a Saúl. “En eso tienes toda la razón, debemos llegar a un acuerdo para cumplir con su último deseo. No creo que nos quisiera lamentando su partida por mucho tiempo”, asentó Luis tratando de contener el llanto. “Tienen razón, sólo falta saber si Estévan está dispuesto a tomar las riendas del negocio”. “En muy poco tiempo me he enterado de cosas que en otras circunstancias me hubieran devastado, pero creo que la única manera de honrar al Gato y al trabajo de todos ustedes, es seguir con todo esto, si están de acuerdo”. No hubo júbilo, pero sí la sincera acogida para lo que prometía mejores tiempos. Continuará.

Beto

martes, 21 de marzo de 2023

La familia Grande 116a. entrega

“... habrán visto también mi propio testamento”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Todos guardaron silencio, las dos figuras en la pantalla parecían tener una plática apacible, como si hubieran terminado alguna ríspida negociación de compra-venta internacional. El audio siguió su curso, el diálogo entre los dos hombres aun calmado, no fue otra cosa que la sentencia de dos seres que habían acumulado demasiado rencor como para contenerse un día más. “Bien, ya tiene lo que deseaba, seguro sus secuaces ya encontraron los documentos así que terminemos con todo esto. ¡Libéreme!” “Voy a hacerlo, eso es seguro, pero antes debo confesarle algo. La vida era triste pero tranquila, la posibilidad de encontrar el descanso para mi familia y el mío propio era remota, hasta que usted se le dio la gana aparecer, lo cual le agradezco”.

“Me ahorró una búsqueda que ya daba por inútil, también debo aceptar que cuando nos encargó ocuparnos de Estévan, algo no encajó desde el principio. Sólo tuve que apretar algunos botones, hacer unas llamadas y voilá, todo apuntó hacia usted. Lo demás lo tiene conocido”. El Gato observó su reloj y sacó de su bolsillo un pequeño dispositivo que mantuvo en su mano izquierda mientras siguió hablando. “¿Le parece extraño que tenga esto en mi poder? Es la prueba de que sus empleados no saben buscar; debe disculparme por haberle mentido porque, efectivamente, sí traje conmigo el detonador”. “Pero usted dijo que el control lo tenían sus compañeros en ¿cómo lo llamó? Su centro de control”.

“Exactamente, también le dije que quería evitarle a mi muchacho la pena de enfrentarlo en este trance; ojalá él pueda perdonarme el que le haya puesto un somnífero en su café”. Los presentes en casa de Estévan no daban crédito a lo que escuchaban. “¿De qué está hablando?”, preguntó Luis. “No tengo idea”, contestó Saúl conmocionado. “No sé qué piensen ustedes, pero creo que está a punto de cometer una locura”, dijo Sergio tratando de no mostrar su incertidumbre. “Fíjate si la conexión del detonador remoto aún está vigente, tengo un mal presentimiento, apuró Ruth a Saúl, mientras José revisaba desde su máquina los enlaces periféricos. “He estado tratando de rehacer los protocolos, pero ninguno de los enlaces responde”.

De pronto, ambas pantallas se volvieron negras, daba la impresión de que se había suspendido la energía eléctrica; unos segundos después, la imagen de Efraín apareció en el monitor principal, estaba sentado frente a la cámara vistiendo otras ropas con una actitud serena, podría decirse que nada le perturbaba. “Si están viendo esto, seguramente se ha cumplido la última parte de mi plan. Tengan por seguro que estoy tranquilo y satisfecho con el resultado. Si encontraron los documentos que acreditan a Estévan como heredero absoluto de la fortuna de los Corcuera, habrán visto también mi propio testamento junto con instrucciones... perdón, sugerencias de lo que podrían hacer con nuestra organización. Continuará.

Beto

martes, 14 de marzo de 2023

La familia Grande 115a. entrega

“Tarde o temprano daría con ustedes”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Es curioso, lo mismo pienso de usted”, contestó el Gato apenas mostrando cierta molestia. Las insinuaciones continuaron por unos minutos, hasta que Efraín mostró las copias de unos documentos que incriminaban a don Abraham Corcuera en la muerte de su hermano; pudo ser un accidente o pudo ser planeado así, el hecho es que fueron sus hombres los que, de un balazo, ultimaron a Eulalio Corcuera en ese fatídico año. Lo del engaño con la esposa de Emilio estaba de más tratar de explicarlo, pues hasta para Efraín resultaba difícil creer que había sido una coincidencia, lo que importaba ahora, era dejar las cosas lo mejor posible para que cesaran las persecuciones y las muertes porque de seguir así, era inevitable un enfrentamiento fatal con Sergio.

“Ya que también estamos ciertos de que de ahora en adelante la protección de Estévan correrá a cargo de mi equipo, deseo externarle las condiciones de nuestro futuro trato”, la voz del Gato tornó de casi calmada y cínica a un tono grave. “Ni crea que voy a aceptar sus condiciones, en cuanto me libere de usted...”. “No sé por qué insiste en pensar que va a librarse, pero en fin, sólo debe decirnos en dónde tiene escondido el testamento que deja a Estévan como heredero universal de los bienes de su familia, para que el muchacho pueda disponer de ellos en cuanto usted muera”. “De nada le serviría, en estos días mis abogados deben haber terminado el nuevo testamento que lo deja sin efecto, porque la orden de su muerte sigue vigente; un plan alterno, usted sabe”.

“¿Se refiere al grupo de matones que contrató en caso de que nosotros no cumpliéramos con sus planes? Déjeme decirle que también están en custodia pues por casualidad contrataron el servicio de taxis de mi hermano Jacinto. ¿Le sorprende? Fue el único que se salvó del ‘accidente’ que usted ordenó, sí, también lo averiguamos, así como todos los ‘eventos infortunados’ en los que se encargó de fastidiar a mi familia. Pero algo de ella va a quedar, mientras la suya aquí acaba”. La sentencia dejó sin palabras a Emilio, así como a todos los que escuchaban en el departamento de Estévan. Una voz ajena interrumpió sus cavilaciones. “Sí, es lo que están pensando”, dijo Sergio con voz algo apagada. “¿Por qué se sorprenden? Tarde o temprano daría con ustedes”.

“Bien sabes que no puedes impedir que terminemos este trabajo”, atinó a contestar Saúl, antes de que Luis se le echara encima. “Técnicamente no hay delito que perseguir, veo al señor Corcuera y no parece estar a la fuerza, además de que se trata de su domicilio. Según la parte de los vigilantes del condominio, ustedes trabajan para él”, dijo en un tono de resignación que estaba muy lejos de sentir. De pronto Ruth, Rosa y José irrumpieron en el departamento, agitados como si hubieran corrido la maratón. “¡Tenemos que salir de inmediato! Acabamos de ver patrullas afue...”. “Sí, también nos acabamos de enterar”, respondió Luis un poco más clamado. “Dejémonos de cosas, tenemos que seguir monitoreando los movimientos de Efraín”. Continuará.

Beto

martes, 7 de marzo de 2023

La familia Grande 114a. entrega

“¿Qué más va a inventar para evadir
su responsabilidad?”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Muy dentro de sí don Emilio sintió quizá por primera vez, el desamparo que produce el sentimiento de soledad. “Tanto usted como yo, hemos hecho cosas de las que deberíamos arrepentirnos, bueno, quizás usted más que yo pero, ¿quién quiere entrar en detalles?” “Ya, termine de una buena vez. No estoy dispuesto a escuchar cursilerías tontas”. “El que usted no esté dispuesto es irrelevante. No está en posición de ordenar o discutir nada. Ahora le toca escuchar y pedir que su creador lo perdone”. El Gato se acomodó en la silla frente a Corcuera, acomodó los papeles y algunas figurillas que tenía éste en su escritorio para después posar su brazo en el descansabrazos y sostener su mentón con la mano izquierda ya que en la derecha mantuvo un pequeño auto rojo convertible.

Corcuera empezaba a impacientarse, se recargó con ambos brazos en su escritorio y apuró a Efraín a que de una vez le dijera qué quería. “Para empezar, déjeme decirle que iba a ser Estévan quien estuviera aquí negociando, pero no lo creí conveniente; supongo que ese poco de paternal que me queda, brotó para impedirle este mal momento. Además, con el único con quien tiene usted que arreglar cuentas, es conmigo”, dijo el Gato seguro de dominar la situación. “No sé qué es lo que pudiera preocuparle en lo que a mi hijo respecta”, contestó don Emilio con cierto sarcasmo. “En su boca suena muy hueco. Imagino que siempre le resultó una carga tener que verlo a diario”. “No veo la razón de esa suposición”. “Es tiempo de dejar de fingir, señor Corcuera, ambos sabemos a qué me refiero”.

“Si así lo desea”. “Bien, ya que estamos claros, permítame decirle que no vengo más que a acabar con todo lo que haya planeado para seguir interfiriendo en nuestro trabajo y, en lo posible, a cobrarme lo sucedido en el pasado”, la expresión de Corcuera cambió, ya no era el fastidio por estar soportando la trampa en la que estaba metido, sino el odio insatisfecho durante tantos años acumulado. “Entonces entiende bien, señor Gato, que lo hecho apenas retribuye un poco la afrenta que usted me hizo”. “Ahora compruebo todas mis sospechas de estos últimos días, comprenderá a su vez que no podía quedarme cruzado de brazos”. “Así como yo debía continuar la venganza por la muerte de mi tío y el engaño de mi mujer. La coincidencia fue lo más desagradable en todo este embrollo”.

“Nunca entendí ese afán de desquitarse por algo de lo que no fuimos responsables, ni siquiera la policía pudo dar cuenta del suceso. Lo he hablado largo y tendido con Estévan; nosotros nunca portamos armas y en esa ocasión, menos. Repasamos varias veces lo acontecido y todo apunta a una sola persona”. “Eso debe ser otro engaño como los que usan para engatusar incautos. Según usted, ¿quién sería esa persona?” “Espero que esté preparado para lo que va a escuchar. ¿Le resulta familiar la matrícula 456 AZF? Posiblemente no; es de uno de los carros que utilizaba su padre para algunos de sus negocios, usted sabrá cuáles”. “¡Eso es una vil calumnia! ¿Qué más va a inventar para evadir su responsabilidad? Acepte de una vez que es un vulgar asesino”. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...