martes, 31 de enero de 2023

La familia Grande 109a. entrega

“Por la puerta principal hizo su aparición
don Emilio Corcuera”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Mientras tanto, Ruth hacía lo propio pero desde los pasillos atendiendo a lo que ella llamaba jocosamente “su mercado” y a uno que otro “chavito” que no parecía querer superar su “Edipo”; ambas tenían muy bien aprendidas sus líneas, juntando grupos de cinco personas cada veinte minutos, entre empleados de la Secretaría y visitantes que nada más iban a admirar el recinto. Desde el complejo de Santa Fe, el Gato, Saúl y Estévan monitoreaban sus movimientos mediante las imágenes que les enviaban Rosa y José en la camioneta de transmisiones conectada a las cámaras de seguridad tanto externas como internas, un trabajo que les había tomado más de una semana ejecutar debido a lo complejo de la red y de que eran tres compañías de seguridad las que ofrecían el servicio, a las que hackearon una a una.

“no te preocupes, muchacho. Lina sabe cuidarse sola”. La frase de Efraín sacó de sus cavilaciones a Estévan que miraba fijamente la pantalla y tamborileaba en el escritorio cada vez que un nuevo sujeto se acercaba a pedir informes, el verse sorprendido así, provocó que el color se le subiera por el rostro sacando una sonrisa socarrona a los viejos. “No es una vergüenza que te guste, se te notó desde el primer día”, dijo Saúl con un tono paternal. “Además, confiamos en el buen juicio de Lina, no por nada la hemos aleccionado lo mejor que hemos podido”, remató Jacinto palmeándole la espalda. “Si ella te corresponde, es porque ha visto algo bueno en ti”, terminó el Gato pensando que con eso calmaría las ansias de Estévan por querer ir a protegerla.

Un pequeño contingente de presuntos jubilados entró al edificio guiado por un supuesto trabajador de turismo; cuatro matrimonios de edad madura y otros dos más jóvenes se arremolinaban al sujeto que, con un discurso evidentemente ensayado por mucho tiempo, les explicaba tanto la arquitectura como los ornamentos que les rodeaban; con cada oración emitida por el guía, el grupo soltaba una leve exclamación, fuera por admirar las columnas o por el color gris de las piedras que daban un aspecto sobrio a la construcción. A paso lento fueron recorriendo las pasillos a los que se le permitía acceder al público en general, con la intención de abarcar las tres plantas. Cada puerta con su arco de medio punto era analizada comparativamente con la anterior buscando posibles diferencias entre ellas.

Especial atención tuvo la escalera curva que conectaba al primer nivel con el segundo, sus grandes ventanales proveían de una luz melancólica a los sobre relieves de escenas infantiles muy cerca del techo. Las lámparas con pantallas de burbuja estaban encendidas ya que el día se había nublado amenazando lluvia; afuera, la calle de Tacuba comenzaba a incrementar su bullicio, aunque aún no alcanzaba lo habitual. Por la puerta principal hizo su aparición don Emilio Corcuera, dos de sus escoltas se adelantaron para revisar la escalinata, otros dos se quedaron en el patio como apoyo y el restante lo acompañó hasta el tercer nivel donde se encontraba su oficina, obtenida por un trato en el sexenio de Salinas de Gortari. Continuará.

Beto

martes, 24 de enero de 2023

La familia Grande 108a. entrega

“Puenteó los circuitos después de forzar la llave”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un conocido en la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, dolido por el despido masivo -así lo veía él- del que fueron objeto en el 2009, mantenía contactos en la CFE por haber laborado un corto tiempo en esa empresa ya cercano a su jubilación; en una ocasión, el Gato lo salvó de ser el chivo expiatorio de un fraude millonario perpetrado por un funcionario de medio pelo en la década de los noventa, por lo que Nicolás que era su nombre, siempre le guardó un profundo agradecimiento, así que no tuvieron que negociar demasiado para que don Nico sustrajera los planos de la red eléctrica de la Secretaría. “Y si necesita el de Palacio Nacional, nada más me avisa”, le dijo al Gato una vez que los depositó en sus manos. La corrupción en el gobierno daba frutos.

Provocar un apagón selectivo en tan vetustos edificios no debería ser un gran problema para José, menos teniendo el apoyo de Rosa desde los monitores, lo único que debían hacer era localizar la caja de distribución de energía o, en su defecto, entrar a la red de la Comisión; lo segundo les hubiera tomado demasiado tiempo, así que, enfundado en su disfraz de electricista, el muchacho se trepó al poste que su compañera le había indicado por radio, “puenteó” los circuitos después de forzar la llave de seguridad pues ésa no la consiguieron y terminando, volvió a colocar la escalera en la camioneta blanca con los logos perfectamente colocados en las portezuelas. Habían tenido que conseguir por fuera otra camioneta porque justo ese día, las institucionales estarían ocupadas, nada que algo de pintura no solucionara.

José tuvo el cuidado de colocarse un paliacate rodeándole en cuello que le cubriera parte de la cara, nada ilógico pues esa mañana había empezado particularmente fría; así que las cámaras de vigilancia sólo captarían la silueta de un trabajador, pero difícilmente identificarían su rostro en caso de una investigación policial; desde el primer instante que quedó instalado el “diablito”, Rosa recibió en su ordenador el esquema de los circuitos y el mapa digital de cómo estaban hechas las conexiones en todo el recinto así que ya podía dirigir el flujo eléctrico a voluntad. Obviamente no se trataba de dejarlos a oscuras, pero sí de entorpecer los equipos de cómputo y las alarmas, además de bloquear los accesos automáticos a las oficinas principales en las que se encontraría don Emilio Corcuera, posiblemente con una quinteta de escoltas.

La burocracia comenzaba a ocuparse de sus labores cotidianas sin reparar en el kiosco temporal que llevaba algunos días colocándose en el centro del patio ofreciendo paquetes vacacionales para jubilados, algunos a centros de meditación en las playas oaxaqueñas, otros en complejos de montaña entre Jalisco y Michoacán, sin dejar de lado la ruta del vino en Guanajuato, que de alguna manera ofrecía un buen número de los treinta y dos existentes en la localidad. El pequeño local lucía carteles de los paisajes jalisciences y michoacanos así como fotografías de los hoteles San Agustín, Chachacual y Santa Cruz en Huatulco y Corazón Mexicano y Abadía Plaza en Guanajuato capital. Lina se esmeraba en sonreír y repartir papelería para los curiosos que sólo querían platicar con ella. Continuará.

Beto

martes, 17 de enero de 2023

La familia Grande 107a. entrega

“Fueron callados durante todo el trayecto”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Jacinto, Saúl, Estévan y Efraín recorrieron en silencio el trayecto que los llevaría al centro de operaciones, un espacio abierto ya conocido desde la vez que sustrajeron a Estévan de su departamento; el conjunto habitacional de Santa Fe proveía del ambiente propicio para pasar inadvertidos, más cuando uno de sus inquilinos era su pasaporte de entrada, por lo que no fue necesaria una estratagema para ingresar, sólo debían mantenerse en una actitud indiferente mientras el joven Corcuera ponía al tanto a los vigilantes subre su “nuevo personal” de seguridad, trámite que duró unos minutos en los que tomaron fotos de cada uno para extenderles una identificación. Estévan dio instrucciones para que no fuera molestado y preguntó si su padre ya había salido rumbo a su oficina.

“No señor, aún sigue en su departamento, le dará mucho gusto saber que regresó usted sano y salvo”. “¿Por qué no sería así? Tan sólo fui unos días de vacaciones”. “Es que en las noticias dijeron...”. “No me diga que cree todo lo que dicen las noticias”. “Bueno, es que su señor padre también...”. “El viejo se alarma de todo, como no le avisé que me iba, supongo que se imaginó lo peor; ya, basta de charla, no le diga nada que quiero darle yo mismo la sorpresa”. El guardia sólo atinó a levantar los hombros y accionar la palanca de la pluma para permitir el paso del automóvil; Jacinto condujo hasta el subterráneo donde se encontraba el lugar de Estévan y una vez apagado el motor, los cuatro hombres sacaron del portamaletas el equipo de comunicación para la operación.

Plaza La Mexicana apenas empezaba operaciones, una camioneta de DHL salía de Paseo Ancho para tomar Vasco de Quiroga, la secundaria número 231 tenía un receso entre clases y dos camionetas apostadas afuera de la vulcanizadora Libra esperaban para unirse en caravana al carro de su jefe en cuanto éste les indicara. En “El Chaparrito”, Luis y Nora estaban pendientes del movimiento a la vez que habían ordenado unos tacos de suadero y de pastor. Del Camino Real a Toluca, bajaban infinidad de automóviles para unirse al flujo vehicular citadino; el camino a la calle de Donceles, en pleno centro de la ciudad no prometía ser del todo apacible, menos con la manifestación anunciada frente a Palacio de Bellas Artes en punto de las diez de la mañana, así que don Emilio debía tomar todas las precauciones posibles.

Debido a ese contratiempo, su paso habitual por Avenida Juárez debía cambiarse hacia Artículo 123, seguir por Venustiano Carranza, doblar a la izquierda en Isabel la Católica, conectar con República de Chile, después República de Cuba hasta Pensador Mexicano, volver a doblar a la izquierda en 2 de Abril y Santa Veracruz para poder conectar con su destino, el antiguo palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Contra todo lo que pudiera pensarse, ese edificio antiguo era más propicio para llevar a acabo todo el plan que en ninguna otra parte, debido a la vigilancia que presentaba, pero debían actuar con precisión si no querían verse interrumpidos durante el proceso. La máxima dificultad a la que debían enfrentarse era el ingreso con todo el equipo electrónico. Continuará.

Beto

martes, 10 de enero de 2023

La familia Grande 106a. entrega

“Estrechó cada una de las manos que
se le extendieron”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La alarma del reloj colocado en el buró de la derecha forzó al Gato a abrir los ojos, el día se había llegado y todo estaba listo para cumplir con el trabajo. se levantó, con la pausa obligada por los años de desgaste, se puso la bata y fue a revisar que el calentador no se hubiera apagado con alguna de las ráfagas de viento que se habían producido con la lluvia de la noche anterior, dispuso cada uno de los accesorios que requería para bañarse desde el shampoo anti canas que a leguas se veía que nunca había funcionado, la vieja máquina de rasurar de una hoja que heredó de su padre o mejor dicho, que rescató porque nadie la quería, el jabón corporal líquido que usaba porque no le producía la resequedad en la piel como los demás y la toalla, regalo de la última de sus esposas.

Debió guardarla por mucho tiempo pues era conmemorativa de la obra teatral del Fantasma de la ópera, hasta que decidió usarla la mayor cantidad de veces posible después de que ella descubriera su infidelidad con... Lo peor del caso es que no recordaba con quién, ni siquiera si lo había disfrutado, sólo se trató de la manera que se le ocurrió en el momento para romper con ese matrimonio antes de que a ella le ocurriera lo mismo que a las anteriores, táctica que no resultó como él esperaba ya que falleció en circunstancias que la policía nunca aclaró, lo mismo que a los seres que amaba. Sólo mencionaron que, en el momento de su muerte, se encontraba en compañía de un hombre no identificado, sugiriendo un amante, algo que Efraín no creyó pues su mujer no hubiera sido capaz de una relación clandestina.

Pero ésa fue precisamente la clave para entender que nada de lo sucedido había sido casual y por ello, el tono y el motivo de sus “trabajos” habían cambiado; sabía que quien o quienes lo vigilaban se sentían cómodos en su incógnito y llevar un ataque precedido de una búsqueda específica, sólo los pondría en alerta, pero sí debía extremar precaucione para no sufrir más bajas. Terminó de arreglarse y bajó a la sala donde estaban todos esperándolo incluido Luis que, por esa ocasión, prescindió de sus “elegantes apariciones” como llamaba a las veces que llegaba tarde. Las miradas se concentraron en su figura faltando cinco escalones para llegar al piso, en esa ocasión no para recibir instrucciones pues ya todos sabían lo que debían hacer, el ambiente era más bien como de despedida a quien se jubila.

Estrechó cada una de las manos que se le extendieron y besó en la mejilla a cada mujer presente; les dedicó unos segundos en los que les hizo patente que su confianza en ellos seguía intacta y firme como en la primera vez que los contactó. Para su sorpresa, la mesa estaba dispuesta para un, quizás, último desayuno juntos; nadie estaba seguro de lo que les depararía, pues el riesgo que correrían sería mucho y, aunque Efraín nunca lo hubiera mencionado, todos intuían que sus intenciones rebasaban los límites que hasta entonces se habían impuesto. Comieron como si nada más importara en el mundo, una suave música envolvía el momento con la selección escogida por Ruth, en el modular que reproducía compactos en una platina de cinco piezas, de pronto el Gato comenzó a cantar y todos le siguieron. Continuará.

Beto

martes, 3 de enero de 2023

La familia Grande 105a. entrega

“Como en una gran puesta en escena itinerante”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El séptimo día de planeación trajo para el grupo la oportunidad que esperaban para comenzar a actuar; un cargamento de autopartes pasaría por la zona de Lechería proveniente del estado de Guanajuato y haría una escala por el rumbo de Santa Fe antes de salir rumbo a Veracruz; las escalas intermedias representaban un problema puesto que la vigilancia en esas carreteras superaba a sus presupuestos, así que lo óptimo era abordar ese envío justo cuando aún se encontrara en la ciudad de México. El arsenal que habían acumulado de vehículos, herramientas y medios de comunicación, se pondría en operación desde el mismo momento en que Estévan pusiera un pie en la oficina de su padre y que los demás estuvieran en los puestos en que se les había asignado, buscando tener el control total del edificio.

El amanecer no podía ser más premonitorio, una lluvia leve pero continua daba a esas horas un aire sombrío a las afueras de la gran urbe; como si pasaran lista, fueron encontrándose todos en el desayunador, Luis con su hija, Saúl y el Gato fueron los primeros, por lo que se dispusieron a preparar el desayuno. A los pocos minutos e incorporaron Ruth y Rosa junto con Lina, se habían quedado la noche anterior a ultimar los detalles del vestuario. Por su parte, José se encargaba de alistar a los choferes de la flotilla de Jacinto que los transportarían en toda la jornada. Nora había preparado algunos compuestos que servirían de distractores en cada locación y auxiliaba a Saúl con la logística general. “Parece que tu padre te aleccionó muy bien durante todos estos años”, dijo Saúl.

“No tienes idea”, contestó la muchacha sin quitar la mirada del monitor. “¿Saber que tú también podrías ser heredera de una importante fortuna?” “Algo de eso me ha comentado mi padre, pero no es algo que me interese o me quite el sueño”, dijo mientras volteaba a verlo a los ojos; Saúl esbozó una sonrisa y asentó con la cabeza. Siguieron revisando las rutas cotejándolas con las noticias del tráfico y posibles marchas, que para esos días parecían incrementarse. La página virtual de El Economista anunciaba las declaraciones de la Secretaría de Seguridad Pública sobre las afectaciones viales a partir del medio día del Jueves 19 de noviembre, justo la fecha en la que pondrían en marcha la operación y a dos días de ello, el tiempo era un factor que no podrían dejar al azar.

Luis se apareció con los reportes del clima, los pronósticos de lluvia eran probables, lo que en la ciudad se traducía en poca confianza; la geografía de Santa Fe no ofrecía mucha comodidad para el tránsito vehicular pesado, por lo que debían mover todo el equipo en camionetas de corta eslora, automóviles compactos y motocicletas. Cada rincón de y entre los edificios estaría monitoreado con el mismo sistema de vigilancia del conjunto habitacional y sólo tenían cuarenta y ocho horas para sincronizarlo todo. Llevaban para tal efecto, tres días ensayando los movimientos, tanto para especializarse en cada sector como para acostumbrar a los habitantes a su presencia, como en una gigantesca puesta en escena itinerante en la que se verían involucrados personajes que nada tenían que ver con la operación. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...