martes, 25 de octubre de 2022

La familia Grande 95a. entrega

“Al poco tiempo pasaron a una flotilla de cuatro”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Jacinto seguía asistiendo a los partidos de fútbol aunque ya no jugara, aprendió en un curso por correspondencia a aplicar masajes deportivos, así que ofrecía sus servicios no sólo al equipo donde solía jugar, sino a todos los de la liga y el “Pichirilo” vino a facilitarle las cosas puesto que con él, no tendría objeción en cargar los linimentos ni las pomadas para tal efecto. En uno de esos juegos el hijo del jefe de Tránsito sufrió una falta que se vio muy aparatosa, una patada en la pierna de apoyo en el momento en que iba a disparar a puerta, el tobillo se le hinchó de inmediato y ya no pudo ponerse en pie. De inmediato pidieron que lo atendiera “el masajista”, que no era otro que Jacinto, quien con la experiencia adquirida en el terreno, se dio cuenta de que eso requería atención médica.

El hospital lucía repleto, varios médicos y enfermeras corrían de un lado a otro tratando a varios accidentados de un choque automovilístico en la carretera México-Puebla a la altura de Río Frío; al parecer a un camión de carga se le chorrearon los frenos y fue a darle alcance a otro de pasajeros, ambas unidades volcaron dejando un total de treinta y dos heridos y dos muertos, así que debieron esperar aproximadamente dos horas para que los atendieran. Se les acercó una trabajadora social y después de llenar unas formas, les pidió que esperaran otro poco a que se desocupara un médico, lo que aprovechó Jacinto para hacer plática y sondear un poco con quién estaba tratando. Una vez que lo supo, agradeció que el “Pichirilo” no le fallara en el transcurso del campo al hospital.

El parte del accidente no especificaba cómo se había dado la falla mecánica, sólo se limitaba a ofrecer una descripción general de los hechos; durante su plática, Jacinto pudo enterarse de cómo el muchacho se había interesado por jugar fútbol, de qué artimañas se había valido para que su papá patrocinara al equipo y de cómo influían para que siempre les apartaran las mejores canchas para jugar. Por su parte, el futuro empresario del transporte de alquiler le contó su tragedia y qué le motivó a dedicarse al masaje deportivo, así como su interés en hacerse de varios carros para fincar su compañía de taxis. Las formas y el aire de honradez de Jacinto despertaron la simpatía del hijo del funcionarios que le prometió ver la manera de hacer que sus planes se cumplieran, si estaba dispuesto a tener un socio.

Las negociaciones no tuvieron mayor dificultad y se cerraron con un simple apretón de manos porque si algo caracterizaba a los Grande y a los niños criados por ellos, era el sostenimiento de su palabra. No tardaron en ver los frutos de su trabajo, al poco tiempo, de un carro de sitio, pasaron a una flotilla de cuatro y en dos años ya tenían copada una parte del sector sur de la ciudad, algo que a la agencia fundada por Efraín, Luis y Saúl les benefició en gran medida por la facilidad que les representaba el mover ágilmente el equipo y personal y, sobre todo, la discreción con la que llevaba a cabo cada misión al mismo tiempo que mantenía al tanto de cualquier menester a su socio y a su hermano. Continuará.

Beto

martes, 18 de octubre de 2022

La familia Grande 94a. entrega

“En el fútbol había conocido al hijo
del jefe de Tránsito”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los primeros en morir fueron los de su sangre en un orden cronológico estricto como para hacerle ver que su vida sólo serviría para lamentar sus decesos, en accidentes extraños y fuera de contexto, con un cuidado y precisión quirúrgicos, lo que le había impedido averiguar quién estaba detrás de todo. La muerte de Teresa había quedado totalmente en manos de las autoridades, por lo que la información al respecto fluía de manera lenta hasta que se empantanó de tal forma, que llegó el día en que se archivó y nada pudieron hacer; fue a partir del choque en que perecieron Juan y Mariano que Efraín comenzó a involucrarse en las averiguaciones, tratando de ubicar los hechos que le llevaran a esclarecer el porqué estaban sucediendo esos eventos.

“Repasemos qué estaban haciendo tus hermanos el día del accidente”, dijo Ruth con el mismo interés que si los hubiera conocido. “Habían asistido a un partido de fútbol; estaban muy interesados porque irían unos visores de la primera división a buscar jugadores”, dijo Efraín pero fue interrumpido por Jacinto. “Lo recuerdo, yo no pude jugar ese día por una infección intestinal, aunque sí asistí”. “Y según este reporte, te regresaste en la misma camioneta que ellos”, afirmó Ruth con autoridad. “Es cierto, nada más que yo venía en la cabina y ellos en la parte de atrás que, como estaba destapada, al momento del impacto, fue la causa de que salieran volando junto con otros miembros del equipo”. “Nunca se explicó cómo fue que dos de las llantas explotaran antes de que se estrellaran con esa barda.

“Fue inevitable, quien manejaba no tuvo oportunidad de controlar el vehículo; al menos pudo evadir a los coches que circulaban cerca”, logró decir el Gato con un nudo en la garganta. “Y por suerte, tú no pereciste también”, continuó sinceramente conmovido. “Pero me dejaron este recuerdito para toda la vida”, contestó Jacinto señalándose la pierna. Desde aquel día había cojeado ligeramente de la pierna derecha, producto de una fractura en la rótula y ruptura de ligamentos que no lo dejaron inválido, pero sí lo alejaron para siempre de las canchas, así que su sueño de ser jugador profesional, al igual que el de sus hermanos, se vio trunco y como había abandonado la escuela, no tuvo más remedio que buscarse empleos de medio pelo para empezar.

Hasta que vino el Gato a proponerle que se hiciera cargo de sus traslados por tierra en la ciudad de México; comenzaron con un pequeño Renault 8 que apodaron “El Pichirilo” por las condiciones en que lo adquirieron y, a pesar de que solía dejar de funcionar en ocasiones, le tomaron mucho aprecio por ser el primero que compraron con su dinero; para ese tiempo era poco común que un servicio de taxi se ofreciera en una unidad de tal índole, plan que Jacinto tenía como muy seguro gracias a que en el fútbol había conocido al hijo del jefe de Tránsito capitalino y le había brindado su amistad por un favor otorgado, así que quedaba conseguir otro carro para ponerlo a trabajar con todas las de la ley, oportunidad que se les presentaría precisamente por esa relación. Continuará.

Beto

martes, 11 de octubre de 2022

La familia Grande 93a. entrega

“Algo que recordó el Gato, puso en alerta
a todos los presentes”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Como despertando de un mal sueño, las imágenes en la cabeza de Efraín se disiparon al escuchar la voz de Ruth. “¿A dónde te fuiste? ¿Al menos escuchaste lo que te contamos?” “Sí, claro. Sólo estaba recordando algunas cosas”. Volvieron a la lista y con cada nombre, el conteo de porcentajes en la posibilidad de que cada uno de ellos fuera su perseguidor. Algo que recordó el Gato puso en alerta a todos los allí presentes que era que en cada una de las víctimas mortales de su familia, él había encontrado una nota que decía. “Por cada minuto que nos hiciste sufrir, tú padecerás el doble”. Escritas a máquina, sólo variaba la fecha que coincidía con las del deceso, como si llevaran un macabro conteo del tiempo que él debía estar inmerso en el dolor.

Pero en cada caso, ése era el segundo aviso, ya que estaban los que antecedían a los “accidentes” que, por diferentes medios le avisaban del peligro y en ninguno de los casos había podido evitar. La resignación no estaba en su vocabulario, pero tampoco era de los que andaban por el mundo lanzando amenazas; confiaba en que llegaría el tiempo de vengar cada atentado y con ello, reconciliar la memoria de toda su familia; la búsqueda del responsable había sido infructuosa y el secuestro del joven heredero de Emilio Corcuera, abría puertas que él no había contemplado; aún tenía más interrogantes que certezas pero ese último trabajo no parecía haber sido obra del azar, por el contrario, tenía tintes de ser un plan bien elaborado donde estaba en juego más que el deshacerse de Estévan.

Por un lado, Estévan había sido designado el albacea de su tío Eulalio aun sin haber nacido, uno de esos caprichos que tienen los millonarios; En una cláusula de su testamento, decía que dejaba todos sus bienes al primer hijo varón de su hermano mayor, éste por supuesto era Emilio, pero para evitarse problemas transfirió tal responsabilidad a su posible hijo futuro cuando cumpliera ciertos requisitos o don Emilio muriera pero al parecer, la muerte no estaba en sus planes y deseaba prolongar la administración de esos bienes por un tiempo más prolongado. saber eso fue quizá lo que mantenía apático a Estévan que había dedicado su tiempo a distraerse y conformarse con la pequeño empresa a su cargo, lo que hasta ese momento no sabía es que podía acceder a la riqueza de su tío.

Bajo esas circunstancias, decidieron analizar cada una de las pérdidas que habían sufrido los Grande, sin omitir adopciones ni relaciones cercanas; tenían tiempo pues la casa que estaban ocupando les ofrecía cierta privacidad, lo que se traducía en poca vigilancia, así que podían actuar sin sobresaltos. sabían que no sería por mucho pero quizá sí lo suficiente para entender su situación actual; los más jóvenes, además de aplicarse en la parte cibernética-informativa, también saldrían a comprar la despensa, confiando en su agilidad y la suposición de que poco los identificarían, tenían además, la asesoría en cuestión de disfraces que les proporcionaba el Gato. Los demás de encargarían de ordenar y clasificar la información que irían compilando, con una ayuda adicional. Continuará.

Beto

martes, 4 de octubre de 2022

La familia Grande 92a. entrega

“El eventual captor cayó de espaldas sobre
el pavimento”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Por este pasillo a la derecha y nada de trucos que sé bien de qué eres capaz”, rió socarronamente como alguien que ha cometido una fechoría sin ser descubierto. “El gusto que le dará a mi hermano cuando se entere que fui yo y no los inútiles que contrató, quien terminó su encargo. La verdad no sé qué tengan en su contra joven, pero si esto sirve para que mi familia siga viviendo tranquila, no tendré empacho en llevarlo a cabo”. Un montón de dudas saltaron en la cabeza de Efraín, era evidente que el sujeto no era militar ni mucho menos policía, pero qué interés podría tener como para retenerlos y la causa por supuesto que no podía ser el movimiento estudiantil, los archivos de los dirigentes y participantes en general se estaban manejando como desde el principio, con total discreción, al menos eso parecía.

“No pongan esas caras, noes algo personal. Sólo quiero reconciliarme con mi hermano y que deje de verme como un inútil, aunque sea yo quien mete las ganancias más jugosas a la familia”. Más que una explicación, las palabras del viejo parecían una confesión. atónitos ambos, Efraín y Saúl intercambiaron miradas, ampliaron su ángulo de visión con el fin de encontrar una manera de zafarse del problema. En otro lado del estacionamiento, un destelló evidenció la presencia de un francotirador agazapado en un camión de redilas y por el lado contrario, Sergio se acercaba rápidamente con otros dos elementos de camiseta blanca; los de traje parecieron reconocer al anciano que seguía apuntando su arma junto a al garganta de Saúl que estaba esperando una señal de Efraín.

El Gato señaló con la mirada el flanco izquierdo de Saúl y éste casi al instante dio un pisotón al viejo en el pie del mismo lado, al mismo tiempo que una detonación hizo que el eventual captor cayera de espaldas sobre el pavimento; ambos jóvenes permanecieron en cuclillas por unos segundos y después se fueron colando entre los autos hasta percibir que se habían alejado lo suficiente para perderse entre la multitud que buscaba sus vehículos. Un par de trajeados levantaron al herido metiéndolo en la camioneta cercana, instantes previos a que llegara Sergio con sus dos compañeros; éste no daba crédito del cómo pudieron escapar Saúl y Efraín, de inmediato ordenó a sus acompañantes que buscaran entre los autos estacionados.

La noticia en casa de don Abraham Corcuera cayo como un balde de agua helada, Emilio enmudeció quedándose de una pieza, su tío Eulalio, como fuera que haya sido siempre veló por los intereses familiares y le dolía que su muerte hubiera sido de esa manera; a partir de ese momento, después de escuchar el parta de los hombres contratados por su padre, no hubo más culpable de esa tragedia que el tipo apodado el Gato, así que, cuando recibió la encomienda de eliminarlo, hizo de ella su más cara misión y tendría que verlo arrastrarse y suplicar por su vida. Sus días estarían contados y pondría a trabajar en ello todos los recursos a su alcance. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...