martes, 27 de septiembre de 2022

La familia Grande 91a. entrega

“Un señor de edad avanzada los interceptó”
 Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Su excitación era enorme y no era para menos, se habían pasado diez días en un encierro absoluto sin siquiera poder asomar la cabeza por una ventana; la casa de los Grande, por esos días, era un hervidero de gente que, preocupados por lo acontecido, se acercaban a preguntar por el estado de salud de todos los que la habitaban. El espectáculo ante sus ojos logró apaciguar un poco el malestar y olvidaron en ese tiempo las causas de su reclusión; las palabras de Díaz Ordaz por los altavoces polarizaron los ruidos emitidos por las gargantas de los asistentes, sólo ellos evitaron gritar para no llamar la atención, aunque en realidad, nadie reparaba en su presencia, sólo eran dos muchachos más que asistían al evento, a excepción de un par de ojos que los observaba muy detenidamente.

Sergio se había enterado de las indicaciones antes de que las expidieran al escuadrón, su cercanía con el capitán le permitía escuchar lo que los superiores hablaban entre sí, por lo que de inmediato se ofreció para estar en el arresto del “personaje de moda” en la comandancia. Nadie en la corporación sabía que el Gato era su hermano y quería atraparlo antes que ninguno para evitar que lo maltrataran en la captura; sabía que se exponía a un arresto si interpretaban su acción como interferencia, pero a pesar de que sus convicciones eran lo más sagrado, no podía permitir que su hermano sufriera de más en el operativo. También se había percatado de los “trajeados” que no parecían obedecer órdenes de las autoridades, pero que se movían como paramilitares.

La conclusión del evento inaugural trajo de inmediato algunas pruebas a las que no podían quedarse, no por falta de ganas, sino que no deseaban agregar otro detalle a la preocupación que en ese momento ya tendrían sus padres; salieron con un grupo nutrido de personas que, al parecer, tampoco tenían que permanecer en el estadio, mientras otras tantas esperaban turno para entrar. Los de traje fueron los primeros en reaccionar, conforme avanzaban, dibujaron una especie de herradura que cercaba a los dos muchachos que se habían reunido en la escalinata de salida; iban intercambiando impresiones cuando un señor de edad avanzada los interceptó en mitad de la explanada, les preguntó la hora y cuando ambos estaban viendo cada uno sus relojes, el anciano sacó una pistola de bajo calibre y amagó a Saúl recargándosela en el estómago.

“Avancen, no quiero dar un espectáculo en medio de tanta gente”. Su voz cascada no restaba peligro a su amenaza. “Tú por delante si no quieres que tu amiguito estrene un agujero en la panza”, advirtió al Gato que parecía medir la situación. “Vamos al estacionamiento, allí tengo mi camioneta”. Seguían rodeados por un sinfín de personas, una familia tomada de la mano les obstruyó el paso, un vendedor de juguetes tradicionales pasó muy junto de Saúl, varios jóvenes con camisetas blancas parecían escoltarlos mientras repetían los movimientos que habían realizado momentos antes en el estadio y se burlaban del que tuvo una leve equivocación en su ejercicio. Aceleraron un poco el paso para quitarse de encima tanta interferencia y llegar pronto a su destino. Continuará.

Beto

martes, 20 de septiembre de 2022

La familia Grande 90a. entrega

“Todos los espacios lucían llenos”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Adentro, los bailables y las tablas gimnásticas llenaban de orgullo a más de cincuenta mil espectadores; pasado el espectáculo, el desfile de las delegaciones preparó la entrada de la antorcha olímpica que portó para encender el pebetero la primera mujer en el mundo en hacerlo, la esgrimista Enriqueta Basilio. Explotó la algarabía, se escucharon vivas y porras que se confundían con otros gritos que, a decir de algunos, eran para quitarse el mal sabor de boca por las palabras del presidente de la República. Esos juegos significaban otras primeras veces como la participación de El Salvador, Honduras, Kuwait y Paraguay, la organización por parte de un país en vías de desarrollo, por una nación hispanohablante y realizada en América Latina.

Se había corrido el rumor de que el Gato intentaría un atentado en contra de Díaz Ordaz, no se sabía la procedencia de tal afirmación pero, tanto militares como elementos del Departamento del Distrito Federal estaban atentos a cualquier eventualidad. A pesar de las advertencias, Efraín, Luis y Saúl se dispusieron desde temprano a asistir a la inauguración, uno de sus compañeros de la universidad que había logrado entrar al grupo de voluntarios, iba a dejarlos pasar por una de las puertas de servicio, cuota de recuperación de por medio. “¿Ah, sí? ¿Y de qué te vas a recuperar?” “Pues del susto si llegan a descubrirme; no tienen una idea, cualquier libertad que nos tomemos, va a ser considerada casi, casi, traición a la patria”.

Desde ese momento aprendieron a ser escurridizos puesto que, desde su furtiva salida de las casas paternas hasta su incursión en el estadio, tuvieron que aparentar, vestirse y medir tiempos para entender las secuencias; de alguna manera sabían que la búsqueda de los participantes del dos de octubre no había cesado, pero ignoraban por completo que Efraín fuera un blanco definido para un ente ajeno al ejército. Bajaron del transporte y pasaron sin dificultad los cinturones de seguridad implementados por el Estado Mayor Presidencial, el consejo de don Efraín de cortarse el pelo sirvió para no ser detenidos como ocurrió con otro grupo de muchachos cuyo pecado fue vestirse de manera “estrafalaria”, así que los subieron a unas camionetas estacionadas allí.

Luis fue arrastrado por sus compañeros puesto que no deseaba apartarse de Nora, aún convaleciente y con un ligero trastorno en la memoria que la había mantenido esos días, postrada en la cama y sin querer de nada ni de nadie, de hecho, más tardaron en entrar que él en salir rumbo a donde ella estaba. Así que quedaron solos Efraín y Saúl y una ves que se despojaron de las filipinas que les sirvieron de disfraz del staff, fueron a sentarse en alguna de las escaleras que daban al centro del campo, con el inconveniente de que tuvieron que estar separados porque hasta esos espacios lucían llenos, lo que daba al traste la versión de su amigo de que la vigilancia era muy estricta y además debían lidiar con el paso de los vendedores de golosinas. Continuará.

Beto

martes, 13 de septiembre de 2022

La familia Grande 89a. entrega

“No serían mas de veinte”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Abraham Corcuera ni siquiera pestañeó, aseguró que tenía los medios para que ese “muchachito” no siguiera interfiriendo con sus tonterías y que informaría de sus resultados lo más pronto posible. Desde ese instante, la suerte de los Grande estuvo echada, por mucho que Efraín escapara de las trampas de las que era objeto, no podía proteger a todos sus seres queridos de algún “accidente”, lo que fue sucediendo de una forma metódica, con la calma que ostenta un cazador para hacerse de su presa. Lo que Abraham no contempló, fue que en el intento por deshacerse del Gato, su hermano Vicente perecería por su falta de previsión; la culpa atormentó al patriarca de los Corcuera pero, como suele pasar en esos casos, buscó culpar a alguien más.

El objetivo ya estaba dado, no había que buscar porque la causa de su naciente odio deambulaba por la ciudad de México ignorando el dolor que le producía, odio que heredaría a su hijo Emilio, un hombre más intenso e impositivo que él mismo, que a sus cuarenta y cuatro años, en 1968 ya aspiraba a controlar el imperio familiar y esa persecución le abriría las puertas para lograrlo. Para el inicio de los Juegos Olímpicos, el movimiento ya había sido apagado, el régimen de Díaz Ordaz no podía darse el lujo de mostrar al mundo que su mano no era firme ni que no podía brindar seguridad a los visitantes del orbe; las calles volvían a su movimiento habitual pero con la sensación de que algo se había roto dentro del país, otrora un territorio en el que nada pasaba.

Ya que en la tarde del dos de octubre no fue posible cumplir con el cometido porque “quién sabe cómo le hizo el mozalbete” para escurrirse entre las vallas que había puesto el ejército, el nuevo plazo no debía pasar de la inauguración de los Juegos. Para el once, El Universal anotó que la Plaza de las Tres Culturas quedó lavada y remozada además del retiro de las fuerzas armadas de la Primera Zona Militar, al mismo tiempo que la XXI impedía una manifestación en Puebla y las notas sobre otras manifestaciones en Monterrey, Tepic y Sinaloa ocupaban ya pequeños segmentos en los rotativos. La mañana del doce obró el milagro de tener un sol brillante, el aire parecía volver a su región más transparente y toda la pléyade de dioses prehispánicos y santos españoles se asomaban para observar.

El estadio de Ciudad Universitaria rebosaba de cabo a rabo, una conmemoración del día de la raza no pudo tener un marco más espectacular, el palco presidencial era resguardado por elementos del Estado Mayor lo mismo que las inmediaciones; un grupo de jóvenes vestidos de civil se movían como una máquina bien aceitada, no podía ser de otra forma, tan sólo diez días antes habían puesto en práctica sus tácticas de ataque. Otro grupo no identificado realizaba trayectos similares a los del ejército y el batallón Olimpia, bien vestidos y más pausados en sus movimientos, ocultaban sus miradas detrás de gafas oscuras, no serían más de veinte pero tenían bien copada la plancha de acceso mezclándose con una multitud que deseaba acceder al inmueble. Continuará.

Beto

martes, 6 de septiembre de 2022

La familia Grande 88a. entrega

“Había que acallar algunas voces.” Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Un detalle les permitió progresar rápidamente que era el mantenerse en un perfil bajo, a decir del locuaz de Eulalio, el placer estaba en manejar los hilos y no ser las marionetas. El suyo era un caso realmente intrigante para los que solían solicitar sus servicios, ya que no cualquiera metido en esos menesteres de manejar egos tanto dentro como fuera de los escenarios, se resistía a consumir “su producto” y a él nunca se le supo amorío alguno, al menos no con sus actrices ni cantantes. Decía que esa “carne” estaba reservada para otros “lobos”. Cuando Vicente contaba su historia, se limitaba a decir que su hermano había tenido demasiada suerte, pues una noche de 1913 en la que no lograban encontrarlo, estuvo en peligro de convertirse en el número “cuarenta y tres”.

Obviamente la referencia no correspondía en tiempo a la alusión de aquel episodio de 1901 que en su momento, decían, fue la vergüenza máxima del régimen de Porfirio Díaz. Lo licencioso no se le quitaría nunca, a decir de Abraham, suponía que se había juntado con gente que lo mal influenciaba y Vicente solía contestar que, en realidad Eulalio era la mala influencia para los demás, lo cierto es que el mayor no tenía idea de quién era su hermano y el menor se encargaría de que “El 43" fuera su nombre de batalla, cosa que Eulalio tomó con humor. Sus actividades “artísticas” incluyeron algún tiempo, un espectáculo de trasvestismo en donde él fue la estrella; duró poco porque entendió que ese escaparate pondría en riesgo a toda su familia, pero el gusto se dio.

En diferentes épocas, los Corcuera vieron encumbrarse a personajes como Fidel Velázquez, Javier Rojo Gómez, Leonardo Rodríguez Alcaine o Joaquín Gamboa Pascoe, líderes obreros con los que tuvieron algo que ver para que sus negocios fueran prósperos; o Emilio Azcárraga Vidaurreta que vio por su seguridad en una de tantas crisis por las que pasó la economía entre los cincuenta y los sesenta, favor que amplió el área de influencia de Eulalio, una vez tomadas las riendas del negocio televisivo por parte de Emilo Azcárraga Milmo. Sin embargo, las negociaciones más fuertes tuvo que realizarlas Abraham con un personaje que había hecho del petróleo su negocio particular, al menos en dos periodos cruciales para el país, llamado Joaquín Hernández Galicia.

En lo más álgido, el dirigente sindical puso sobre la mesa un nuevo orden, al que debían ceñirse todas las empresas que daban servicio a PEMEX; las formas de producción y distribución de esos días, distaban mucho de la automatización con la que se deseaba contar, por lo que era menester actualizar la tecnología en víspera del cambio de régimen. Díaz Ordaz quería dejar un país que el próximo presidente presumiera en el extranjero, algo que de alguna manera hizo, aunque a un costo muy alto. El cambio beneficiaría a la empresa de Abraham, pero para poder entregarle la concesión, debía primero acallar algunas voces que por esos años andaban alborotando a la juventud, a una de esas voces ya la tenían identificada, lo apodaban El Gato. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...