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| “Un señor de edad avanzada los interceptó” Foto: BAER |
Sergio se había enterado de las indicaciones antes de que las expidieran al escuadrón, su cercanía con el capitán le permitía escuchar lo que los superiores hablaban entre sí, por lo que de inmediato se ofreció para estar en el arresto del “personaje de moda” en la comandancia. Nadie en la corporación sabía que el Gato era su hermano y quería atraparlo antes que ninguno para evitar que lo maltrataran en la captura; sabía que se exponía a un arresto si interpretaban su acción como interferencia, pero a pesar de que sus convicciones eran lo más sagrado, no podía permitir que su hermano sufriera de más en el operativo. También se había percatado de los “trajeados” que no parecían obedecer órdenes de las autoridades, pero que se movían como paramilitares.
La conclusión del evento inaugural trajo de inmediato algunas pruebas a las que no podían quedarse, no por falta de ganas, sino que no deseaban agregar otro detalle a la preocupación que en ese momento ya tendrían sus padres; salieron con un grupo nutrido de personas que, al parecer, tampoco tenían que permanecer en el estadio, mientras otras tantas esperaban turno para entrar. Los de traje fueron los primeros en reaccionar, conforme avanzaban, dibujaron una especie de herradura que cercaba a los dos muchachos que se habían reunido en la escalinata de salida; iban intercambiando impresiones cuando un señor de edad avanzada los interceptó en mitad de la explanada, les preguntó la hora y cuando ambos estaban viendo cada uno sus relojes, el anciano sacó una pistola de bajo calibre y amagó a Saúl recargándosela en el estómago.
“Avancen, no quiero dar un espectáculo en medio de tanta gente”. Su voz cascada no restaba peligro a su amenaza. “Tú por delante si no quieres que tu amiguito estrene un agujero en la panza”, advirtió al Gato que parecía medir la situación. “Vamos al estacionamiento, allí tengo mi camioneta”. Seguían rodeados por un sinfín de personas, una familia tomada de la mano les obstruyó el paso, un vendedor de juguetes tradicionales pasó muy junto de Saúl, varios jóvenes con camisetas blancas parecían escoltarlos mientras repetían los movimientos que habían realizado momentos antes en el estadio y se burlaban del que tuvo una leve equivocación en su ejercicio. Aceleraron un poco el paso para quitarse de encima tanta interferencia y llegar pronto a su destino. Continuará.
Beto



