martes, 28 de junio de 2022

La familia Grande 78a. entrega

“Te perdiste de conocer a tres muchachas
que están...”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “¿Dije algo que le molestara?” “No, para nada. Es que nunca me había importado tanto el porvenir”, en ese momento no lo sabían, pero sus vidas acababan de enlazarse para siempre- El esquema de estudio de la historia del arte que la “güerita” proponía en su trabajo de titulación resultó de gran interés para Saúl pues él estaba casualmente elaborando un plan para el manejo de obras de arte y la información de cada pieza en la agencia formada con Efraín y Luis; muchos de los trabajos que realizarían en el futro, implicaban fraudes en la venta de pinturas o esculturas, cuyo mercado aunque se realizaba mayormente en el extranjero, México había sido un punto de encuentro para su tráfico hacia los Estados Unidos y Europa.

Se cumplió el tiempo en que la muchacha debía regresar a clases, Saúl de inmediato se ofreció a esperarla para acompañarla a su casa pero ella rechazó la oferta a cambio de que se vieran al otro día. Era lunes y ya se habría librado del compromiso escolar que tenía pendiente, así que el llevarla a su casa no significaría problema alguno; coincidentemente salían a la misma hora y los planteles no distaban mucho uno del otro, así que a Saúl le pareció buena idea, además agradeció que se negara porque a él le faltaba terminar algo del trabajo por entregar ese mismo lunes. Se despidieron con un abrazo, confiados en que su encuentro significaría mucho más que la simple atracción que a leguas se notaba se profesaban mutuamente.

Un susurro escapó de los labios de la mujer: “me llamo Amelí”, pero los oídos de Saúl ya no pudieron escucharlo porque el murmullo de los estudiantes llegando a la universidad lo impidió, así que sólo la siguió con la mirada hasta que desapareció entre mochilas y cabelleras alborotadas. Regresó pensativo a su cuarto y los “mellizos” ya estaban allí esperándolo, cesaron de hacer lo que los mantenía ocupados, Rafael se adelantó a preguntar: “Dónde te metiste? Estuvimos esperándote por casi dos horas-, te perdiste de conocer a tres muchachas que están...” Las manos serpentearon en el aire con la clásica señal de curvas femeninas. “Es cierto”, reiteró Gustavo, “la que te tocaba decidió irse porque no vio claro”. Saúl los miró como quien entiende la creación frente a gente que necesita ser orientada.

Bromearon unos instantes más hasta que Saúl los dejó helados materialmente con su afirmación: “Creo que encontré al amor de mi vida”. “Estás bromeando”, dijo Rafael un tanto incrédulo y otro sorprendido. “Yo creo que se volvió loco”, afirmó Gustavo sin dejar de masticar las papas fritas en cu boca. “Nada de eso; seguramente recuerdan a la rubia de la que ustedes me apartaron en el concierto callejero. No, no es ella, resulta que tiene una hermana gemela y parece que no le soy indiferente”. Los tres guardaron silencio por unos segundos hasta que Saúl preguntó con cierta sorna: “¿Acaso no puedo encontrar el amor aunque parezca de telenovela?” Sin poder contener la carcajada los “mellizos” le dieron un efusivo abrazo. “Tienes que contarnos a detalle”. Continuará.

Beto

martes, 21 de junio de 2022

La familia Grande 77a. entrega

“Por fin gritó como si hubiera descubierto
la cura contra el cáncer”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- “Es una historia muy graciosa que te contaré una vez que se me pase la impresión. ¿Por qué no vamos a que comas algo y me platiques cómo te fue en clases?” Nuevamente se le encendió el rostro tratando de disimular su turbación, detalle que la muchacha no dejó pasar inadvertido, pero nada mencionó al respecto, no al menos por el momento. “Hay una pequeña cafetería a dos cuadras, podemos ir allí”, dijo con su voz cantarina. “Como darle un sablazo a caballo de espadas”. “¿A qué se refiere?” “A que si trabajas en una, pareciera malo de mi parte el llevarte a otra igual”. “No se preocupe, si de algo presumimos los austriacos, es de una gran variedad en servicios de ese tipo; además, el lugar es lo de menos con tal de platicar con usted”.

“¿Con quién aprendiste a hablar español?” “En la escuela, era una materia optativa, ¿por qué lo pregunta?” “Porque me parece muy curioso que, siendo de la misma edad, me hables de usted”. “¿Está mal que lo haga?” “De ninguna manera, pero me sentiría más cómodo si me tutearas”. “Supuse que todos los de habla hispana lo hacían de esta manera”. “Algunas veces, para mostrar respeto a un rango o a alguien de mayor edad”. ”Ah, nuestro maestro nos enseñó así, de esta manera se dirigía a todos nosotros sin importar si éramos más jóvenes”. “Bueno, en algunos países sudamericanos aún se acostumbra, por ejemplo en Colombia o Ecuador, así como en Costa Rica y Panamá. Para México, eso es muy formal”.

Sonrieron con la complicidad que da el mutuo entendimiento y acordaron que se hablarían como estuvieran acostumbrados sabiendo que eso no obstaba para sentir familiaridad el uno con el otro, total, el colombiano que les enseñó a hablar en español ni se enteraría. Sólo faltaba una cosa que, con la intimidad que empezaba a surgir, le apenaba al muchacho preguntarle, pero debía ponerle un nombre a ese rostro cuya amabilidad había robado toda su atención. “Esperaba la ocasión en que lo preguntara, pero las cosas han fluido tan bien, que no creo necesario o urgente que lo sepa”, contestó pícara y le propuso un juego que según ella, daría mayor interés a su relación. “De acuerdo, pero debo llamarte de alguna forma”. “La que crea sea la más familiar”.

Hizo un gesto como de estar pensándolo mucho, hasta que por fin gritó como si hubiera descubierto la cura contra el cáncer, “¡Güerita!” La muchacha abrió los ojos dando a entender que no comprendía ni la expresión ni el entusiasmo. “Es la manera cariñosa en que nos referimos a las rubias en mi país”, explicó Saúl entre divertido y travieso. “Sólo espero que no se trate de un insulto”, contestó la rubia fingiendo un mohín. “¿Cómo crees, nunca te haría algo así”. Volvieron a reír y los treinta minutos que les restaban se fueron volando entre preguntas sobre sus lugares favoritos, las causas de sus aparentes felicidades y posibles tristezas o lo que esperarían que fuera su futuro, esto último hizo que Saúl se pusiera serio. Continuará.

Beto

martes, 14 de junio de 2022

La familia Grande 76a. entrega

“La sorpresa lo dejó paralizado”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pasó esas dos horas inventándose escenarios, algunos de ellos francamente absurdos aunque bien intencionados; anduvo unas cuadras admirando la arquitectura, los espacios abiertos y lo bien acomodados que parecían los edificios, ya que no había ninguna zona que no fuera aprovechada, nada parecida a la visita al bajío con sus parientes americanos para que conocieran la tierra de sus abuelos donde, pasando por las ciudades de Irapuato y León, se le ocurrió preguntarles qué les parecían, a lo que resueltos contestaron: “muy bonitas, cuando las terminen, van a estar mejor”, en franca alusión a los terrenos baldíos que abundaban intercalados entre construcciones y que llevaban años sin ser ocupados más que para criar ratas.

Cadi eran las seis de la tarde cuando decidió regresar a las puertas de la universidad donde había dejado al objeto de sus pensamientos más recientes, esta vez tuvo la precaución de no alejarse demasiado para no tener que correr nuevamente; se plantó justo en el medio de las dos hojas que separaban al interior de la institución de la calle, éstas se abrieron para dejar salir a los estudiantes que esperaban disfrutar de un pequeño descanso antes de continuar con sus extraordinarias labores dominicales, a lo lejos alcanzó a ver la cabellera rubia de su cita que, de pronto, paró en seco, volteó hacia su derecha y recibió un gran abrazo de un tipo que la levantó en vilo plantándole un beso en la boca que a leguas se notó que ella correspondió totalmente.

La sangre se le fue a los pies, la pequeña flor que llevaba en la mano resbaló entre sus dedos y cayó al piso sin que Saúl pudiera evitarlo; la escena se prolongó por algunos segundos más, instantes en que pudo ver cómo el vestido de ella bailaba dando un marco que cualquier cineasta hubiera filmado sin chistar. Sus pensamientos se agolparon en su cabeza pero sólo uno escapó entre sus labios: “¿cómo pude ser tan estúpido?” Personas iban y venían tratando de no arrollarlo en su prisa, mientras los enamorados  repetían una y otra vez el beso que desgarró el corazón del muchacho. Los hombros adquirieron un peso extra y sintió cómo el estómago dejaba su espacio provocando un hueco terrible; a punto estaba de salir huyendo cuando escuchó una voz: “¿Qué ve?”

La sorpresa lo dejó paralizado, allí estaba la rubia sonriéndole, con el cabello recogido como si acabara de bañarse ¡y con otra ropa! “¿Cómo es posible? Acaba de verte besando a un tipo a medio pasillo” “¿Se refiere a esa pareja que viene allí?” “S-sí”. “Es mi amiga Amelí, me pidió de favor ayer que le trajera el vestido que ahora porta, pero como no me era posible cargar una maleta más grande, optamos por cambiarnos en el baño. Está bonito, ¿verdad? Quería impresionar a su novio y creo que lo logró”. “No nada más a él”, murmuró Saúl a la vez que se apuró a levantar la florecilla del piso. “¡Para mí! ¡Qué lindo detalle! Espero que no haya tenido problemas para obtenerla. aquí está penado cortarlas de los jardines. ¿Y qué hacia en el piso?”. Continuará.

Beto

martes, 7 de junio de 2022

La familia Grande 75a. entrega

“De inmediato vio otra oportunidad de volver
a verla”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Abrió los ojos sintiendo el corazón acelerado, volteó a ver el despertador que tenía en el buró y rápido se espabiló para salir corriendo rumbo a la cafetería, faltaban quince minutos para las dos, mismos que debía invertir en un trayecto que normalmente le tomaría cuarenta caminando; no había tiempo de averiguar qué autobús lo llevaría hasta su destino, menos pensar en un taxi, eran carísimos y no tendría dinero suficiente hasta la siguiente semana; ¿cómo era posible que se hubiera quedado dormido por tanto tiempo? Corrió tan rápido como pudo hasta sentir que las piernas se le desbarataban y los pulmones se le salían por la boca, pero para alguien que nunca había destacado como atleta, su rendimiento fue bueno.

Jadeó al son que le impusieron sus piernas, los ojos casi se le desorbitan al llegar a la esquina, ochocientos metros antes de la puerta del café; sudoroso pero contento de haber llegado con cuarenta segundos de anticipación, los invirtió en normalizar su ritmo cardiaco y secarse el agua del rostro. Todavía se detuvo a observar su cabello en un ventanal y componerlo un poco para ocultar los estragos de la carrera. “Puntual, eso habla muy bien de usted”, dijo la muchacha cuando al mismo tiempo ambos tomaron por cada lado el picaporte. “Moriría antes de llegar tarde o faltar a la cita”, contestó Saúl pensando que por poco se cumplía esa sentencia; aún con la respiración algo agitada, le cedió el paso y solícito le preguntó si deseaba comer algo.

Amablemente negó con la cabeza, arguyendo que generalmente lo hacía en la universidad después de la segunda hora, en la que podía disfrutar de un descanso. El joven de inmediato vio otra oportunidad de volver a verla, así que ofreció acompañarla a esa hora también, “si no te resulta incómodo”. “De ninguna manera; por lo pronto, debemos darnos prisa, el autobús no tarda en pasar”. Mientras abordaban, platicaron sobre la facultad, la carrera, el tiempo que estaría Saúl en Austria, los gustos de cada uno, lo que sabían o ignoraban del arte de cada uno de sus países y lo ameno de su charla tuvo la magia de hacer que el tiempo pasara volando. Descendió él primero para ofrecer su brazo a la chica y su breve despedida se transformó en una promesa.

No tenía una idea clara sobre lo que debía esperar si iniciaba una relación con una mujer que, al parecer, tenía muy clara su idea de vida, al menos así lo percibió al escuchar la cantidad de planes que tenía para ella y su hermana, detalle que no podía dejar pasar dad la condición que la mantenía sin poder ver. Además, apenas tenía unas horas de conocerla y no era prudente que hiciera conjeturas ante la incertidumbre, lo único que sabía era que al terminar sus propios estudios, tendría que regresar a México, al país que tuvo que engañar de alguna manera para poder viajar al extranjero, donde era impensable que una universidad abriera sus puertas en Domingo para ejecutar un programa especial de capacitación para estudiantes necesitados. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...