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| “Te perdiste de conocer a tres muchachas que están...”. Foto: BAER |
Se cumplió el tiempo en que la muchacha debía regresar a clases, Saúl de inmediato se ofreció a esperarla para acompañarla a su casa pero ella rechazó la oferta a cambio de que se vieran al otro día. Era lunes y ya se habría librado del compromiso escolar que tenía pendiente, así que el llevarla a su casa no significaría problema alguno; coincidentemente salían a la misma hora y los planteles no distaban mucho uno del otro, así que a Saúl le pareció buena idea, además agradeció que se negara porque a él le faltaba terminar algo del trabajo por entregar ese mismo lunes. Se despidieron con un abrazo, confiados en que su encuentro significaría mucho más que la simple atracción que a leguas se notaba se profesaban mutuamente.
Un susurro escapó de los labios de la mujer: “me llamo Amelí”, pero los oídos de Saúl ya no pudieron escucharlo porque el murmullo de los estudiantes llegando a la universidad lo impidió, así que sólo la siguió con la mirada hasta que desapareció entre mochilas y cabelleras alborotadas. Regresó pensativo a su cuarto y los “mellizos” ya estaban allí esperándolo, cesaron de hacer lo que los mantenía ocupados, Rafael se adelantó a preguntar: “Dónde te metiste? Estuvimos esperándote por casi dos horas-, te perdiste de conocer a tres muchachas que están...” Las manos serpentearon en el aire con la clásica señal de curvas femeninas. “Es cierto”, reiteró Gustavo, “la que te tocaba decidió irse porque no vio claro”. Saúl los miró como quien entiende la creación frente a gente que necesita ser orientada.
Bromearon unos instantes más hasta que Saúl los dejó helados materialmente con su afirmación: “Creo que encontré al amor de mi vida”. “Estás bromeando”, dijo Rafael un tanto incrédulo y otro sorprendido. “Yo creo que se volvió loco”, afirmó Gustavo sin dejar de masticar las papas fritas en cu boca. “Nada de eso; seguramente recuerdan a la rubia de la que ustedes me apartaron en el concierto callejero. No, no es ella, resulta que tiene una hermana gemela y parece que no le soy indiferente”. Los tres guardaron silencio por unos segundos hasta que Saúl preguntó con cierta sorna: “¿Acaso no puedo encontrar el amor aunque parezca de telenovela?” Sin poder contener la carcajada los “mellizos” le dieron un efusivo abrazo. “Tienes que contarnos a detalle”. Continuará.
Beto



