martes, 19 de abril de 2022

La familia Grande 68a. entrega

“¿Parapeto, para qué?”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Era una declaración demasiado fuerte como para tomarla a la ligera: como si el astro rey se hiciera cómplice de sus palabras, uno de sus rayos se coló entre las cortinas y dio directo en el rostro de Estévan, un parpadeo repetitivo enmarcó la pausa que se tomó para seguir hablando. “Desde niño he sospechado que mi padre no me quiere cerca de él; se obstinó en convencerme que lo mejor para mí era estudiar en el extranjero, que buscara establecerme en Europa y, si fuera posible, tratar de integrarme en alguna de las cortes. ¡Como si eso fuera fácil! Las conexiones de nuestro apellido allá ya no tienen tanta fuerza ni aceptación como antes. El caso es que, desde mi regreso, ha buscado la manera de mantenerme al margen de los negocios familiares.

Eso lo tenía muy claro el equipo, las averiguaciones previas al trabajo dieron pistas al respecto, pero no todo estaba claro pues faltaba la versión del joven hijo del empresario. “¿Crees que la fábrica que diriges sea un parapeto?” Preguntó Efraín suponiendo que con la respuesta, entendería mejor la situación en la que se encontraban y si con ello, dejarían de estar huyendo de la policía. “¿Parapeto para qué? Hasta donde sé, él sólo quiere adjudicarse todo lo que dejó mi abuelo a mi nombre. Si acaso sugiere que hay negocios turbios detrás de las empresas del corporativo Corcuera, tendré que decirle que no lo sé y que me dolería mucho averiguarlo”. Estévan parecía sincero, por lo que el Gato dejó de lado la idea de presionarlo para sacarle más información.

El llamado a desayunar dio el cerrojazo a una conversación que, por lo pronto, no les llevaría a ningún lado. Pasaron la mañana en una paz que estaba lejos de significar tranquilidad, por un lado, porque era evidente que no pasarían mucho tiempo encerrados en esa casa y por otro, la salida de ese lugar significaba poner en riesgo la integridad de la operación y la de cada uno del equipo. De alguna forma, todos pensaban en una estrategia para volver a la ciudad sin ser detectados ni por la policía de caminos, ni por las corporaciones estatales que seguramente ya los tendrían en sus listas de búsqueda; las acciones para atraparlos no serían llevadas a cabo de forma convencional, estaba claro que los considaraban un peligro mayor.

“Sintámonos orgullosos, tenemos patas ‘pa’rriba’ a la policía”, dijo Saúl juguetón, saliéndose de su característica y sobria timidez queriendo aligerar la posible preocupación en sus compañeros o la suya, que para el caso era lo mismo. Algunos se encerraron en sus habitaciones mientras les tocaba el turno de vigilar a Estévan, una tarea que Lina realizaba con especial entusiasmo; Nora aprovechaba para familiarizarse con la dinámica del grupo; Jacinto iba y venía trayendo cosas para la manutención de la casa; Rosa, Ruth y José organizaban la logística para el regreso a la ciudad de México y los viejos hacían un recuento de los recursos con los que contarían en las próximas semanas. Era importante rehacerse en todos los rubros. Continuará.

Beto

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