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| “Todos miraron a la muchacha con una mezcla de agradecimiento y admiración”. Foto: BAER |
Los médicos le sugirieron eso, pues aseguraban que la tranquilidad de una ciudad pequeña le ayudaría a recuperar la memoria perdida al menos, porque la esterilidad por el golpe recibido, nunca sanaría. “Un momento, ¿cómo que estéril? ¿Entonces..?” “Nora es mi hija por adopción. ¿De verdad pensaste que con nuestra edad tendríamos una hija tan joven?” Saúl se apenó por haber incurrido en tal pensamiento, pero también admiró la entereza de su amigo al narrar lo que había vivido. “Quieres decir que Isabel...” “No, ella sólo pudo disfrutar de su hija en sus primeros diez años, pero he de decirles que lo que tuvo de lucidez en ellos le permitió vivir feliz”. Un suspiro detrás de Efraín rompió el ambiente que se había generado.
La proverbial entereza de Ruth se vio desplazada por un instante, las palabras de Luis la conmovieron dejando ver una cara que rara vez se asomaba. Se unió a la plática dando a éste un abrazo como un gesto casi maternal que repitió con Nora. “Muy bien, todo me parece aceptable y sabes que te apoyaremos en todo. Así que, ¿cuáles son sus planes? ¿La integrarás al grupo?” Luis no pudo contener una risa sardónica al escuchar tal pregunta. “¿Qué es lo gracioso? Creo pertinente cuestionarlo porque...” No dejó terminar al Gato que en lo referente al grupo, se tomaba todo muy en serio. “¡Qué va! Nora pertenece a esta organización desde que tenía catorce años. No es que sea hija mía, pero es una genio averiguando cosas”.
“¿Recuerdas cuando me dijiste que te había parecido muy rápido cómo conseguí los datos complementarios para este trabajo? ¿O las ocasiones en las que parecíamos atrapados y les dije por dónde había que movernos? Nora”. Todos miraron a la muchacha con una mezcla de agradecimiento y admiración, sorprendidos por enterarse desde cuándo gozaban de esa protección hasta ese momento, clandestina. “Nada más que ya no soportaba su insistencia por conocerlos y aquí está”. “Pero dijiste que sabías que te seguíamos”. Preguntó Saúl casi de manera retórica, pero deseaba escuchar que estaba en lo cierto. “Primero fue una sospecha, la certeza vino cuando Nora me sugirió poner rastreadores a los carros de Jacinto, así fue como lo abordamos hoy”. Continuará.
Beto

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