martes, 26 de abril de 2022

La familia Grande 69a. entrega

“Los contactó mientras vacacionaban en
alguna playa del occidente”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El haber dejado todo botado para que la policía no los agarrara, truncó la rutina de reabastecimiento que desde siempre habían practicado; las cuentas en los diferentes bancos con los que mantenían relación, debían moverse todos los días para no crear sospechas en las autoridades financieras, por lo que era imperioso realizar los retiros de costumbre. Por lo general el encargado era Saúl quien cada mes iba a realimentar las cuentas desde las oficinas de cada institución, sin sacar el efectivo, sólo haciendo las transferencias a cada cuenta individual, pero la cuenta corporativa no debía quedarse con más de unos cuantos miles de pesos. Lo hacía de esa manera para que el rastreo se dirigiera hacia las propias sucursales y no a su máquina.

Mucho del conocimiento sobre el manejo de los ordenadores en las finanzas lo adquirió el año en que solicitó una beca a la CONACyT y le fue negado por no contar con un empleo en alguna institución debidamente establecida en el país; pensar en dar de alta a la empresa resultaba absurdo pues ¿cómo se registra una agencia de espionaje en el sistema estatal? Como particular, requería de avales que estaban lejos de otorgarle cualquier tipo de ayuda ya que la mayoría de los que podría haber abordado al respecto, habían sido víctimas de sus trabajos. La universidad en Austria era lo suficientemente abierta como para recibir a particulares, pero cualquier aspirante debía presentar una beca del gobierno del país de origen.

Hubo un momento en que pensó en optar por la ayuda del gobierno de Guatemala, pero no tenía ningún nexo en ese país que ofreciera la garantía de que regresaría, lo que era la única preocupación de los austriacos. Sólo le quedaba intervenir la base de datos de la CONACyT, falseando los montos del recurso que bajaría de la federación y abrir un nuevo campo para lo distribución de los mismos. Aunque sería extremadamente raro que hubiera un solo aspirante a la beca y que, además, se le otorgara; buscó entonces en varios dominios del país para encontrar al menos otros dos que, sin pensarlo mucho, aceptaran ir a Europa sin más cuestionamientos que el cuándo partir.

No fue difícil encontrar a dos eternos estudiantes que gozaban de tener una longeva vida académica los cuales, sin importar la naturaleza de los contenidos, partían a cualquier punto del globo a acumular conocimientos y papeles que difícilmente aplicaban en la realidad. Entre los dos acumulaban ocho maestrías y seis doctorados lo que les había redituado en ocasionales consultorías a empresas de alto nivel; a su corta edad de veintiocho años, eso era el indicativo de que se trataba de unos genios. Los contactó Saúl en una tarde en que aquellos disfrutaban de unas vacaciones, cada uno por su lado, en algunos de los destinos playeros de la costa occidental del país. Continuará.

Beto

martes, 19 de abril de 2022

La familia Grande 68a. entrega

“¿Parapeto, para qué?”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Era una declaración demasiado fuerte como para tomarla a la ligera: como si el astro rey se hiciera cómplice de sus palabras, uno de sus rayos se coló entre las cortinas y dio directo en el rostro de Estévan, un parpadeo repetitivo enmarcó la pausa que se tomó para seguir hablando. “Desde niño he sospechado que mi padre no me quiere cerca de él; se obstinó en convencerme que lo mejor para mí era estudiar en el extranjero, que buscara establecerme en Europa y, si fuera posible, tratar de integrarme en alguna de las cortes. ¡Como si eso fuera fácil! Las conexiones de nuestro apellido allá ya no tienen tanta fuerza ni aceptación como antes. El caso es que, desde mi regreso, ha buscado la manera de mantenerme al margen de los negocios familiares.

Eso lo tenía muy claro el equipo, las averiguaciones previas al trabajo dieron pistas al respecto, pero no todo estaba claro pues faltaba la versión del joven hijo del empresario. “¿Crees que la fábrica que diriges sea un parapeto?” Preguntó Efraín suponiendo que con la respuesta, entendería mejor la situación en la que se encontraban y si con ello, dejarían de estar huyendo de la policía. “¿Parapeto para qué? Hasta donde sé, él sólo quiere adjudicarse todo lo que dejó mi abuelo a mi nombre. Si acaso sugiere que hay negocios turbios detrás de las empresas del corporativo Corcuera, tendré que decirle que no lo sé y que me dolería mucho averiguarlo”. Estévan parecía sincero, por lo que el Gato dejó de lado la idea de presionarlo para sacarle más información.

El llamado a desayunar dio el cerrojazo a una conversación que, por lo pronto, no les llevaría a ningún lado. Pasaron la mañana en una paz que estaba lejos de significar tranquilidad, por un lado, porque era evidente que no pasarían mucho tiempo encerrados en esa casa y por otro, la salida de ese lugar significaba poner en riesgo la integridad de la operación y la de cada uno del equipo. De alguna forma, todos pensaban en una estrategia para volver a la ciudad sin ser detectados ni por la policía de caminos, ni por las corporaciones estatales que seguramente ya los tendrían en sus listas de búsqueda; las acciones para atraparlos no serían llevadas a cabo de forma convencional, estaba claro que los considaraban un peligro mayor.

“Sintámonos orgullosos, tenemos patas ‘pa’rriba’ a la policía”, dijo Saúl juguetón, saliéndose de su característica y sobria timidez queriendo aligerar la posible preocupación en sus compañeros o la suya, que para el caso era lo mismo. Algunos se encerraron en sus habitaciones mientras les tocaba el turno de vigilar a Estévan, una tarea que Lina realizaba con especial entusiasmo; Nora aprovechaba para familiarizarse con la dinámica del grupo; Jacinto iba y venía trayendo cosas para la manutención de la casa; Rosa, Ruth y José organizaban la logística para el regreso a la ciudad de México y los viejos hacían un recuento de los recursos con los que contarían en las próximas semanas. Era importante rehacerse en todos los rubros. Continuará.

Beto

martes, 12 de abril de 2022

La familia Grande 67a. entrega

“Tampoco dudaría que mi padre
me quisiera muerto”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Rieron de buena gana y se alegraron de tener a la hija de Luis como aliada. “Vas a tener que contarme todo a detalle, porque tu padre no es muy bueno narrando”, dijo Ruth tomando por la cintura a la muchacha que se dejó conducir hacia la cocina. “Y tú Jcinto, ya me estarás explicando cómo es que no te diste cuenta de que estaban rastreándote”. Jacinto sólo atinó a levantar los hombros honestamente perturbado. “No lo regañes, ya sabes que para las mañas que tenemos, todos conocemos los antídotos”, el Gato únicamente movió la cabeza de un lado a otro; estaba a punto de amanecer y los tres hombres decidieron esperar al alba, como cuando jóvenes terminaban de dar una serenata para la novia de alguno de los múltiples amigos de Luis.

A las siete en punto, José ya bañado y rasurado, se unió a la junta improvisada de admiración de la naturaleza, la casa en la que se encontraban lo permitía pues la terraza trasera daba hacia un bosque profundo que ocupaba casi todo el terreno de un barranco donde a lo lejos se oía el paso de un río de buenas proporciones y cuya desembocadura daba a una zona protegida; el canto de múltiples aves llevaban buen rato dándole la bienvenida a los rayos del sol que evidenciaban las gotas de rocío en las hojas de los arbustos y las agujas de los pinos. El silencio entre los hombres hizo a José esperar un momento adecuado para preguntarles qué deseaban de desayuno y hacer gala de sus dotes en la cocina.

Casi salen las palabras de su boca cuando reparó en la presencia de Luis; “¿acaso no iba a llegar más tarde?” escupió la pregunta sin un destinatario definido. Los cuatro voltearon a verlo sin ofrecer una respuesta más allá de levantar los hombros y en seguida, siguieron admirando el paisaje. El incómodo silencio para José se rompió con las voces de las mujeres provenientes de la sala, el tono de jovialidad indicaba que Lina ya se había enterado de la existencia de Nora y habían tenido tiempo de ponerse al tanto la una de la otra. La turbación que José experimentó en seguida fue interceptada al vuelo por Ruth, “ven, vamos a preparar algo para desayunar; yo te explico”. Se dejó llevar sin dejar de ver a ambas jóvenes charlando animadamente.

“Pues bien, señores. es hora de saber qué haremos para zafarnos o del problema o de quien lo haya causado”. “Crees que el joven Corcuera tenga algo que ver? O si no, ¿que estaría conforme si nuestras acciones afectaran a su familia?” “Que él haya participado en la trampa, los dudo. Ahora que, si tuviéramos que afectar a su padre, deberíamos manejárselo de tal forma que no le dañara demasiado” Saúl y el Gato ya habían comenzado a plantearse las posibles acciones en contra del empresario si descubrían hasta qué punto quería perjudicarlos. Estévan Corcuera atravesó la estancia integrándose de pronto a la plática. “No tengo pruebas, pero tampoco dudaría que mi padre me quisiera muerto”. Se hizo el silencio. Continuará.

Beto

martes, 5 de abril de 2022

La familia Grande 66a. entrega

“Todos miraron a la muchacha con una mezcla de
agradecimiento y admiración”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El rostro de Luis mostró algo de rubor ante la pregunta que, aunque sabía que era la primera cuestión a explicar, nunca tuvo claro qué palabras usaría para hacerlo. Como pudo, ordenó sus pensamientos y tratando de no dar demasiados rodeos, empezó por recordara a Isabel para meter a todos en contexto; hizo referencia a la ocasión en que se desapareció por dos meses sin avisar a nadie y agradeció a Efraín y a Saúl el no haber cuestionado entonces sus motivos y recibirlo de nueva cuenta sin restricciones. Les dijo que después del largo periodo que estuvo ella recluida en un sanatorio particular, fue a conseguir una casa en la ciudad de Cuautla en el estado de Morelos, cosa con la que extrañamente estuvo de acuerdo su padre.

Los médicos le sugirieron eso, pues aseguraban que la tranquilidad de una ciudad pequeña le ayudaría a recuperar la memoria perdida al menos, porque la esterilidad por el golpe recibido, nunca sanaría. “Un momento, ¿cómo que estéril? ¿Entonces..?” “Nora es mi hija por adopción. ¿De verdad pensaste que con nuestra edad tendríamos una hija tan joven?” Saúl se apenó por haber incurrido en tal pensamiento, pero también admiró la entereza de su amigo al narrar lo que había vivido. “Quieres decir que Isabel...” “No, ella sólo  pudo disfrutar de su hija en sus primeros diez años, pero he de decirles que lo que tuvo de lucidez en ellos le permitió vivir feliz”. Un suspiro detrás de Efraín rompió el ambiente que se había generado.

La proverbial entereza de Ruth se vio desplazada por un instante, las palabras de Luis la conmovieron dejando ver una cara que rara vez se asomaba. Se unió a la plática dando a éste un abrazo como un gesto casi maternal que repitió con Nora. “Muy bien, todo me parece aceptable y sabes que te apoyaremos en todo. Así que, ¿cuáles son sus planes? ¿La integrarás al grupo?” Luis no pudo contener una risa sardónica al escuchar tal pregunta. “¿Qué es lo gracioso? Creo pertinente cuestionarlo porque...” No dejó terminar al Gato que en lo referente al grupo, se tomaba todo muy en serio. “¡Qué va! Nora pertenece a esta organización desde que tenía catorce años. No es que sea hija mía, pero es una genio averiguando cosas”.

“¿Recuerdas cuando me dijiste que te había parecido muy rápido cómo conseguí los datos complementarios para este trabajo? ¿O las ocasiones en las que parecíamos atrapados y les dije por dónde había que movernos? Nora”. Todos miraron a la muchacha con una mezcla de agradecimiento y admiración, sorprendidos por enterarse desde cuándo gozaban de esa protección hasta ese momento, clandestina. “Nada más que ya no soportaba su insistencia por conocerlos y aquí está”. “Pero dijiste que sabías que te seguíamos”. Preguntó Saúl casi de manera retórica, pero deseaba escuchar que estaba en lo cierto. “Primero fue una sospecha, la certeza vino cuando Nora me sugirió poner rastreadores a los carros de Jacinto, así fue como lo abordamos hoy”. Continuará.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...