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| “Debemos salir de inmediato por si acaso tuvieras razón”. Foto: BAER |
“Eso fue exactamente”, contestó el Gato dándose cuenta de que no trataba con ningún improvisado. Le mostró un pequeño dispositivo con el que gobernaba la inserción de imágenes de su computadora a las pantallas a las que hubiera robado la clave de captación de señales, con lo que podía cambiarlas a placer. “Muy ingenioso, pero una total pérdida de tiempo. En estos momentos la policía debe estar buscándonos y no tardarán en rodear este lugar”. El Gato tomó aire y enfatizando sus palabras le aseguró que todo lo tenían controlado, que cualquier señal emitida desde sus dispositivos era bloqueada para no ser rastreados, por los equipos de la policía y que, en caso de una falla, tendrían al menos media hora para escapar.
“Te creo cuando dices que tienes mejor equipo que la policía, pero mi padre tiene juguetitos como los tuyos y la gente para manejarlos. ¿No sabes que una buena parte de las compañías están en la división de electrónica? Quizá tu equipo tenga partes de las que fabricamos”. Las alarmas en la cabeza de Efraín se encendieron, lo que Estévan decía tenía mucho sentido; las empresas de su padre tenían la fama de fabricar, además de todo tipo de productos para el hogar, armamento codificado para el ejército de los Estados Unidos, pero también, que tenía algo así como una “puerta trasera” para surtir del mismo a varias agrupaciones delictivas con lo que sus ganancias alcanzaban niveles por demás estratosféricos.
Aunque, claro, todo eso se manejaba como una leyenda urbana que, según los medios, se usaba para justificar lo inexplicable de algunos accidentes de fábricas o comercios curiosamente competidores de los Corcuera. Hubo algunas denuncias por parte de los afectados, al menos de los que sobrevivieron, pero la policía guardó silencio y dio pronto carpetazo a todo asunto relacionado. El Gato recordó que en uno de esos “accidentes” murió una de sus hermanas que trabajaba en el diseño de autopartes eléctricas; la compañía se retiró del país sin hacer ruido. “Debemos salir de inmediato, por si acaso tuvieras razón. Ya en el camino aclararemos lo que dices”. “La tengo, de eso no tengo la menor duda”. Continuará. Salud.
Beto

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