martes, 7 de septiembre de 2021

La familia Grande 38a. entrega

“Sólo falta saber por qué contratarte
precisamente a ti”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Quedaron en seguir con lo planeado hasta nuevo aviso, Jacinto encendió su auto y se perdió calle arriba en medio del tráfico vespertino. El Gato regresó a la casa de seguridad pensativo, tratando de poner en orden sus pensamientos. No concebía que Luis anduviera tratando de conquistar a una jovencita, lo que había discutido con Saúl alguna vez y que en otra ocasión había sorprendido a los más jóvenes apostando sobre el mismo evento. A todos pidió la máxima discreción hasta aclarar todo el embrollo; llegó preguntando por el cautivo, todo estaba sin mayor novedad puesto que esté seguía en su postura de no hablar si no se le aseguraba su integridad y la de sus escoltas además de que se le revelara la verdadera intención por la que habían sido capturados.

“No deberías preocuparte por ellos, están a salvo. Mejor deberías confesar lo que hiciste con lo del desfalco del mes pasado”, dijo el Gato retomando el interrogatorio. “Lo que entiendo es que si fueran de alguna corporación policiaca, ya me hubieran preguntado por números en específico y si se tratara de secuestradores, la tortura ya habría pasado a un plano físico. No, ustedes son otra cosa, algún tipo de mercenarios que usan la teatralidad para sacar información; sólo me falta saber el motivo”. Ambos hombres se miraron fijamente, el Gato hacia los ojos interrogantes del muchacho y éste a la silueta que recortaba la luz detrás de su captor. El breve instante de silencio hizo que se recrudeciera la duda en la cabeza de Efraín.

“Hay algo que no termino de comprender; desde hace un rato sabes que fue tu padre quien te tendió esta trampa y no pareces muy sorprendido por ello. Cuando él nos contrató, aseguró que tú habías tenido que ver con todas las cantidades sustraídas de la empresa, pero que sólo deseaba darte un escarmiento para evitar futuros robos y no enviarte a prisión”. La cara de Estévan se transformó en un gesto de incredulidad e ironía y las palabras que salieron de su boca, si no hubiera estado en esa precisa posición, pudieron haber sido interpretadas como paternales. “De verdad que pecas de ingenuo, en estos momentos ya debe haber levantado una denuncia en mi contra por los supuestos robos y otra en contra tuya por considerarte mi cómplice.

“Sólo piénsalo por un momento; debe haberte dado manga ancha para revisar mis archivos o al menos, los que te presentó como tales. Quizá tampoco hubo restricciones para que te movieras por la empresa. aún estoy pensando en cómo resolvieron lo de la seguridad del edificio, pero se nota que son gente con recursos”. con cada palabra, los ojos del Gato se abrieron más y más, incrédulo de lo que estaba escuchando. “¿Sólo darme un escarmiento? ¿En qué cabeza cabe que alguien tan prominente haya dejado pasar tanto tiempo de robos sin tomar cartas en el asunto? No, mi amigo. Mi padre está buscando un chivo expiatorio para justificar lo que él mismo ha robado y ése no soy yo. Falta saber por qué contratarte precisamente a ti”. Continuará. Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...