martes, 28 de septiembre de 2021

La familia Grande 41a. entrega

“Suponía que su hermano se encontraría de frente
con un posible operativo...”. Foto: BAER

La preparatoria fue una etapa de muchos cambios, los tres jóvenes que se habían jurado lealtad, tuvieron varias oportunidades para probar su palabra; la inquietud de Luis por probar su audacia les procuró el entretenimiento suficiente para entrenar las habilidades que caracterizaban a cada uno. En alguna ocasión al asistir a unos de los eventos de la escuela donde un grupo festejaba el haber ganado las votaciones para conformar la mesa directiva estudiantil, el Gato tuvo que separar a sus compañeros de una pequeña cuadrilla que se sintió ofendida por los improperios que Luis les gritaba. Era 1964 y la educación en México había dado un giro hacia el adoctrinamiento, al menos así lo afirmaba Saúl, que en ese año se había aficionado a la lectura de Augusto Comte desde que se enteró que era la base de los contenidos en los programas de bachillerato en el país.

Aún no se notaba la efervescencia que privó cuatro años después en todo el mundo y que en el país culminó en uno de los hechos más bochornosos en los que haya participado un gobierno mexicano. Justo el movimiento del ‘68 fue el marco del primer desencuentro entre Sergio y la incipiente asociación que estaban conformando Efraín, Luis y Saúl; este último convencido de los ideales del movimiento, había sido testigo de varios enfrentamientos entre policías y estudiantes, aunque la participación directa en las escaramuzas corría a cargo de Luis. El Gato, ponderando siempre la ecuanimidad, trató de convencerlos de participar de manera distinta para no tener problemas ni meter a sus familias en alguno que no pudieran resolver.

Pero Luis, siempre de mecha corta y sin haber resuelto los conflictos de autoridad emanados de la relación con su padre, siempre estuvo dispuesto a la camorra al más mínimo pretexto; entonces, el novato de una agrupación semi oculta formada supuestamente para salvaguardar la organización de los Juegos Olímpicos, se encontró con la encrucijada de cumplir a rajatabla con su deber o hacerse de la vista gorda para mantener salvos a su hermano y sus amigos. ese conflicto interno fue haciendo que Sergio se volviera cada día más retraído, al grado de poner en riesgo de terminar prematuramente su relación con Virginia. Ella fue lo suficientemente prudente para no influir de ninguna manera en la decisión que pudiera tomar.

Una semana después del conflicto entre las vocacionales dos y cinco del Instituto Politécnico Nacional y la escuela secundaria Isaac Ochoterena, el batallón Olimpia se encontraba acuartelado en la zona militar No. 1 por órdenes del general Alfonso Corona del Rosal, jefe del Departamento del Distrito Federal; Sergio movía sus piernas repetidamente, nervioso porque suponía que su hermano se encontraría de frente contra un posible operativo al que los enviarían a poner orden. Desde la marca del 26 de julio, las reuniones de representantes de diferentes facultades con las autoridades gubernamentales del día siguiente y el derribo del portón del edificio de San Ildefonso el 29, el ambiente para ese Martes 30 no generaba tranquilidad alguna. Continuará. Salud.

Beto

martes, 21 de septiembre de 2021

La familia Grande 40a. entrega

“Se quedó presenciando todo el trajín, observando
los movimientos de los uniformados”. Foto: BAER

Salió de prisa del cuarto donde interrogaba a Estévan, alzó la voz para no dar tiempo a discusiones e instruyó a su equipo para que apagaran todos los dispositivos antes de salir. “Sigan las rutas de siempre, pero tengan cuidado y asegúrense de que nadie los sigue”. Sin más que añadir, hizo señas para que Saúl se hiciera cargo de trasladar a Estévan mientras él se quedaba para cubrir su salida, al fin y al cabo, con el disfraz que había utilizado ese día, podía pasar inadvertido, pues tuvo el cuidado de no salir a cuadro en ninguna de las cámaras del hipódromo. Pasaron no más de cinco minutos después de su salida, cuando las sirenas de las patrullas rompieron el silencio que hasta ese momento prevalecía en la calle.

Desde la azotea del edificio de enfrente, el Gato observó cómo los agentes irrumpían en el recinto alquilado que les sirvió para el interrogatorio; nunca imaginó que los juegos de niños donde él encarnaba a los forajidos y su hermano Sergio a los representantes de la ley, fueran a convertirse en realidad, aunque bien a bien, no podía decirse que su actitud estuviera dirigida a hacer daño por mucho que estuviera fuera de la ley. El disfraz volvió a funcionar pues, a pesar de haber caminado en medio de algunos de ellos, ninguno de los policías lo reconoció; dentro de la casa había dejado algunas pistas para que se entretuvieran lo suficiente y así dar más tiempo a que su equipo se alejara lo más posible.

Se quedó presenciando todo el trajín, observando los movimientos de los uniformados, el arremolinamiento de los curiosos -que nunca faltan-, escuchando los bocinazos de los automóviles que querían evadir el cerco de patrullas y las órdenes que a grito pelón daba Sergio a diestra y siniestra. Todo lo anotó en su inefable libretita, puesto que de esos apuntes saldrían nuevas estrategias para salvar el pellejo en futuros trabajos. Su hermano adoptivo se veía bien organizando grupos, hubiera sido un buen elemento en su equipo si sus ideas de justicia no estuvieran contrapuestas en lo operativo ni fueran tan cuadrados en lo conceptual. Recordó las innumerables veces en que intentó convencerlo de que lo que hacían estaba basado en la honestidad.

“¿Honestidad mediante el engaño? Creo que debes revisar tus valores, Efraín”. Obtuvo como respuesta la última vez que tocaron el tema; nunca entendió que de verdad quería ayudar al que lo necesitara aunque sus métodos fueran poco ortodoxos y hasta fuera del marco legal, pero siempre en busca de la justicia. De cualquier manera, se alegró de que Sergio hubiera tomado el camino de la policía, quizás entendiendo que debía compensar todo lo que había padecido en la escuela, eventos en los que el Gato, Luis y Saúl habían tenido que salir al quite para que sus problemas, independientemente fueran con la dirección u otro compañero, no trascendieran; en algunos fueron tan discretos que ni el mismo Sergio se dio cuenta. Continuará. Salud.

Beto

martes, 14 de septiembre de 2021

La familia Grande 39a. entrega

“Debemos salir de inmediato por si acaso
tuvieras razón”. Foto: BAER

Las imágenes que Efraín estaba formándose en la cabeza parecían insostenibles, pero en algo tenía razón Corcuera, era extraño que para un trabajo tan simple, el empresario hubiera contratado sus servicios sabiendo que le constaría diez veces más que haber utilizado un comando de ex militares, por ejemplo. Alguien mentía y no estaba dispuesto a esperar demasiado para saber la verdad. “Sabes que tengo los medios para comprobar lo que estás diciendo ¿no?”, lanzó la pregunta imaginando que Estévan terminaría por retractarse. “Por supuesto que lo sé, no muchos se hubieran tomado tantas molestias como para hacer un escenario como el que me fabricaste; ¿qué usaste, un programa de inserción de imágenes? Eso explicaría la racha ganadora en las carreras.

“Eso fue exactamente”, contestó el Gato dándose cuenta de que no trataba con ningún improvisado. Le mostró un pequeño dispositivo con el que gobernaba la inserción de imágenes de su computadora a las pantallas a las que hubiera robado la clave de captación de señales, con lo que podía cambiarlas a placer. “Muy ingenioso, pero una total pérdida de tiempo. En estos momentos la policía debe estar buscándonos y no tardarán en rodear este lugar”. El Gato tomó aire y enfatizando sus palabras le aseguró que todo lo tenían controlado, que cualquier señal emitida desde sus dispositivos era bloqueada para no ser rastreados, por los equipos de la policía y que, en caso de una falla, tendrían al menos media hora para escapar.

“Te creo cuando dices que tienes mejor equipo que la policía, pero mi padre tiene juguetitos como los tuyos y la gente para manejarlos. ¿No sabes que una buena parte de las compañías están en la división de electrónica? Quizá tu equipo tenga partes de las que fabricamos”. Las alarmas en la cabeza de Efraín se encendieron, lo que Estévan decía tenía mucho sentido; las empresas de su padre tenían la fama de fabricar, además de todo tipo de productos para el hogar, armamento codificado para el ejército de los Estados Unidos, pero también, que tenía algo así como una “puerta trasera” para surtir del mismo a varias agrupaciones delictivas con lo que sus ganancias alcanzaban niveles por demás estratosféricos.

Aunque, claro, todo eso se manejaba como una leyenda urbana que, según los medios, se usaba para justificar lo inexplicable de algunos accidentes de fábricas o comercios curiosamente competidores de los Corcuera. Hubo algunas denuncias por parte de los afectados, al menos de los que sobrevivieron, pero la policía guardó silencio y dio pronto carpetazo a todo asunto relacionado. El Gato recordó que en uno de esos “accidentes” murió una de sus hermanas que trabajaba en el diseño de autopartes eléctricas; la compañía se retiró del país sin hacer ruido. “Debemos salir de inmediato, por si acaso tuvieras razón. Ya en el camino aclararemos lo que dices”. “La tengo, de eso no tengo la menor duda”. Continuará. Salud.

Beto

martes, 7 de septiembre de 2021

La familia Grande 38a. entrega

“Sólo falta saber por qué contratarte
precisamente a ti”. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Quedaron en seguir con lo planeado hasta nuevo aviso, Jacinto encendió su auto y se perdió calle arriba en medio del tráfico vespertino. El Gato regresó a la casa de seguridad pensativo, tratando de poner en orden sus pensamientos. No concebía que Luis anduviera tratando de conquistar a una jovencita, lo que había discutido con Saúl alguna vez y que en otra ocasión había sorprendido a los más jóvenes apostando sobre el mismo evento. A todos pidió la máxima discreción hasta aclarar todo el embrollo; llegó preguntando por el cautivo, todo estaba sin mayor novedad puesto que esté seguía en su postura de no hablar si no se le aseguraba su integridad y la de sus escoltas además de que se le revelara la verdadera intención por la que habían sido capturados.

“No deberías preocuparte por ellos, están a salvo. Mejor deberías confesar lo que hiciste con lo del desfalco del mes pasado”, dijo el Gato retomando el interrogatorio. “Lo que entiendo es que si fueran de alguna corporación policiaca, ya me hubieran preguntado por números en específico y si se tratara de secuestradores, la tortura ya habría pasado a un plano físico. No, ustedes son otra cosa, algún tipo de mercenarios que usan la teatralidad para sacar información; sólo me falta saber el motivo”. Ambos hombres se miraron fijamente, el Gato hacia los ojos interrogantes del muchacho y éste a la silueta que recortaba la luz detrás de su captor. El breve instante de silencio hizo que se recrudeciera la duda en la cabeza de Efraín.

“Hay algo que no termino de comprender; desde hace un rato sabes que fue tu padre quien te tendió esta trampa y no pareces muy sorprendido por ello. Cuando él nos contrató, aseguró que tú habías tenido que ver con todas las cantidades sustraídas de la empresa, pero que sólo deseaba darte un escarmiento para evitar futuros robos y no enviarte a prisión”. La cara de Estévan se transformó en un gesto de incredulidad e ironía y las palabras que salieron de su boca, si no hubiera estado en esa precisa posición, pudieron haber sido interpretadas como paternales. “De verdad que pecas de ingenuo, en estos momentos ya debe haber levantado una denuncia en mi contra por los supuestos robos y otra en contra tuya por considerarte mi cómplice.

“Sólo piénsalo por un momento; debe haberte dado manga ancha para revisar mis archivos o al menos, los que te presentó como tales. Quizá tampoco hubo restricciones para que te movieras por la empresa. aún estoy pensando en cómo resolvieron lo de la seguridad del edificio, pero se nota que son gente con recursos”. con cada palabra, los ojos del Gato se abrieron más y más, incrédulo de lo que estaba escuchando. “¿Sólo darme un escarmiento? ¿En qué cabeza cabe que alguien tan prominente haya dejado pasar tanto tiempo de robos sin tomar cartas en el asunto? No, mi amigo. Mi padre está buscando un chivo expiatorio para justificar lo que él mismo ha robado y ése no soy yo. Falta saber por qué contratarte precisamente a ti”. Continuará. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...