![]() |
| “Suponía que su hermano se encontraría de frente con un posible operativo...”. Foto: BAER |
Aún no se notaba la efervescencia que privó cuatro años después en todo el mundo y que en el país culminó en uno de los hechos más bochornosos en los que haya participado un gobierno mexicano. Justo el movimiento del ‘68 fue el marco del primer desencuentro entre Sergio y la incipiente asociación que estaban conformando Efraín, Luis y Saúl; este último convencido de los ideales del movimiento, había sido testigo de varios enfrentamientos entre policías y estudiantes, aunque la participación directa en las escaramuzas corría a cargo de Luis. El Gato, ponderando siempre la ecuanimidad, trató de convencerlos de participar de manera distinta para no tener problemas ni meter a sus familias en alguno que no pudieran resolver.
Pero Luis, siempre de mecha corta y sin haber resuelto los conflictos de autoridad emanados de la relación con su padre, siempre estuvo dispuesto a la camorra al más mínimo pretexto; entonces, el novato de una agrupación semi oculta formada supuestamente para salvaguardar la organización de los Juegos Olímpicos, se encontró con la encrucijada de cumplir a rajatabla con su deber o hacerse de la vista gorda para mantener salvos a su hermano y sus amigos. ese conflicto interno fue haciendo que Sergio se volviera cada día más retraído, al grado de poner en riesgo de terminar prematuramente su relación con Virginia. Ella fue lo suficientemente prudente para no influir de ninguna manera en la decisión que pudiera tomar.
Una semana después del conflicto entre las vocacionales dos y cinco del Instituto Politécnico Nacional y la escuela secundaria Isaac Ochoterena, el batallón Olimpia se encontraba acuartelado en la zona militar No. 1 por órdenes del general Alfonso Corona del Rosal, jefe del Departamento del Distrito Federal; Sergio movía sus piernas repetidamente, nervioso porque suponía que su hermano se encontraría de frente contra un posible operativo al que los enviarían a poner orden. Desde la marca del 26 de julio, las reuniones de representantes de diferentes facultades con las autoridades gubernamentales del día siguiente y el derribo del portón del edificio de San Ildefonso el 29, el ambiente para ese Martes 30 no generaba tranquilidad alguna. Continuará. Salud.
Beto



