martes, 20 de julio de 2021

La familia Grande 31a. entrega

“... obsequiaban bebidas y guiaban a los visitantes...”.
Foto: BAER

Sí, comienza clases la próxima semana”, dijo Ruth adelantándose a la respuesta de la chica. Un poco contrariado y con un dejo de sarcasmo, el hombre preguntó: “¿Acaso no puede responder por ella misma?” Ante la aparente turbación de “su madre”, Lina respondió: “Claro que puedo, nada más que mi madre sigue cuidándome como si fuera una niña”. Para evitar un posible conflicto del cual no estaba dispuesto a ser partícipe, Estévan se disculpo por su atrevimiento y de inmediato cambió de tema; por fortuna para él, estaba por comenzar la primera carrera, solícito ofreció a ambas damas escoltarlas hasta las gradas, donde ya la mayoría de los aficionados estaban esperando el arranque.

La característica voz del narrador comenzó el listado de los equinos que pondrían a trabajar sus cascos en la pista, cada apostador, desde su palco, revisaba más de una vez sus boletas dejando ver su emoción. El ambiente, entre tenso y expectante, envolvió de inmediato al trío de recién conocidos que no pudieron evitar el involucrarse al instante; Lina se acomodó unos lentes oscuros que sacó de su bolso que ocultaban perfectamente la diminuta cámara de video empotrada en el armazón; la señal se proyectaba en el rostro inexpresivo del Gato mediante un monitor, en el interior de un cubículo improvisado en la cocina del restaurante, alejado del calor de las estufas.

Consideró innecesario utilizar intercomunicadores, pues confiaba en la memoria de Ruth y Lina, a pesar de que no habían tenido mucho tiempo para ensayar, eso sí, con la señal de video estaría al pendiente de cualquier problema que pudiera surgir. El planteamiento general era permitir que el joven Corcuera apostara en algunas carreras, que las ganara y aprovechar su euforia para provocar un descuido que lo alejara de su grupo de guardias; al bno contar con un contacto que les asegurara una “predicción” satisfactoria, tendrían que convencerlo de ir a la sala-casino que se había abierto apenas unas semanas antes.

El espacio cerrado ofrecía una experiencia parecida a la de un casino de Las Vegas, pero estaba especializado en las carreras de caballos, no sólo del hipódromo local, sino de varios al rededor del mundo. Desde las puertas de cierre casi hermético, entrar era transportarse a un mundo ajeno a la realidad de la mayoría: la bienvenida la realizaban jóvenes mujeres con ajustados ‘bodies’ monocromáticos que resaltaban la idea de mantener un físico específico, atlético y curvilíneo. Con charola en mano, estas jóvenes obsequiaban bebidas y guiaban a los visitantes al menos por los primero cincuenta metros. Continuará. Salud.

Beto

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