martes, 4 de mayo de 2021

La familia Grande 20a. entrega

“...el ingeniero aprovechaba que su mujer asistía
a un grupo de lectura”. Foto: BAER

José era un muchacho que a sus veintiséis años ya había vivido una serie de acontecimientos dignos de una tragedia griega; el año de su nacimiento, 1989 estuvo marcado por un evento que si bien sería el símbolo del fin de una era oscura, también significó el reacomodo en las influencias internacionales, como lo fue la caída del muro de Berlín; en el ámbito nacional, una cinta hizo recordar un episodio que llenó de vergüenza a la nación en el ‘68 que fue “Rojo amanecer”; en lo particular, su casa se llenó de congoja por la muerte de Mauricio Garcés, ídolo de su padre que en el fondo pensaba de sí mismo que era tan apuesto como el galán de cine.

Su nacimiento fue tomado como una mala premonición ya que el dinero comenzó a escasear, por algunas reparaciones que no se hicieron a tiempo, dos cuartos de la casa se cayeron, uno de sus hermanos mayores era condenado a tres años de prisión por haber participado en los alborotos del año anterior y su padre siguió los pasos del difunto actor. Desde su fuero interno, su madre lo culpó porque pensaba que su nacimiento no debió suceder, aunque siempre se negó a abortarlo. Nunca maltrató físicamente al chamaco, pero lo ignoró el mayor tiempo, excepto para echarle en cara su comportamiento cuando era detenido por las autoridades al cometer algún delito menor.

Por tratarse de un adolescente, José nunca fue procesado y en esas circunstancias lo encontró el Gato; éste le vio potencial para encargarse de las tareas que requerían un desgaste que él, Luis o Saúl ya no podían soportar, por lo cual era el indicado para interrogar al responsable de crear e instalar el sistema de seguridad de su víctima. Algo de lo que había aprendido en los separos y otro tanto que había aprovechado de sus empleadores, era lo que siempre funcionaba a la hora de hacer su trabajo. Le fue fácil dar con el proveedor, ya que ése era el único que manejaba la marca del sistema, a decir de la secretaria a la que había invitado a cenar y que se volvió parlanchina con unas copas.

Obtener las especificaciones exactas era otro cuento pues el ingeniero en sistemas en cuestión, era conocido por su estilo de vida sobrio y sin grandes aficiones, pero la devoción que sentía por su mujer podría utilizarse. Para el caso, decidió solicitar la ayuda de Rosa, ya que ella estaba en el rango de edad de la esposa y su experiencia garantizaba resultados inmediatos; ambos objetivos eran de costumbres sencillas y con pocas variantes. Los miércoles, día que escogieron para actuar, el ingeniero aprovechaba que su mujer asistía a un grupo de lectura para ir a su club a jugar un poco de tenis y relajarse después tomando un sauna. Continuará. Salud.

Beto

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