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| El poema es el resumen de la lírica y la música. Foto: BAER |
Hay de corrientes a corrientes, como las que nos proveen de energía o las que no saben comportarse en sociedad; la que nos concierne ahora es la poética, ésa que inunda algunos escritos para embellecerlos, provocando que nuestros cerebros realicen malabares con las palabras, al punto de coquetear con los sinsentidos. Evocar pasajes de nuestras vidas resulta fácil frente a un poema, al menos eso dicen quienes entienden a López Velarde o les queda claro el dominio masculino para quienes leen a Sor Juana Inés o desahogan sus más profundos problemas existenciales aquellos admiradores de Borges.
Habrá quienes, como Serrat, trasladan la musicalidad del poema a una canción pues el todo pasar y quedar como afirmaría Machado, lo que impera en la poesía, es el saber rebautizar a lo ya creado de la mejor manera posible; la poesía es entonces, el espíritu que guía la pluma del poeta, que flota en un ambiente de discordia con lo cotidiano humano y lo rompe para parir algo divino que es el poema. En palabras de Alejandro Aura, éste es una “mosca” que se aventura a volar entre la más dulce de las frutas o la más repugnante de las mierdas, sin perder su esencia.
La corriente poética viene así, a dar un sentido nuevo a las cosas, sin caer en metáforas baratas, a dar un sabor exótico a lo que paladeamos comúnmente, como el agua de limón de la doctora Ramírez, que realmente no sabía a limón, pero que estaba muy buena, el agua... Debo aclarar que no cualquier rima, alegoría o palíndromo escritos en un verso, conforman un poema ni por mucho que sea llegador en una tarde de caguamas en algún jardín anónimo, por lo que me disculparán los admiradores de Joan Sebastian; su título popular no lo convierte, desde mi punto de vista, más que en un buen compositor.
Y podrán alegarme lo que quieran (algo que difícilmente sucederá pues lo que yo opine del señor, les viene guango a la mayoría) pero, sin menospreciar sus creaciones, creo que un poema debe contener más de nueve voltios. Lo que sí considero que es un buen mérito, es que logra conmover con sus canciones, a un gran número de personas, cuya identificación con sus letras resulta, por demás, evidente. Toda esta “predica” en el desierto tuvo que ver con el tratar de imaginar cómo es que algunos cantantes adquieren sus motes. Al parecer, es una de esas manifestaciones donde la democracia nada tiene que ver. Salud.
Beto

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