martes, 28 de julio de 2020

Fútbol y vida

La inteligencia y el fútbol sí se llevan. Foto: BAER.
El grupo de creadores aumenta su número; sorprende en gran medida que los medios alternativos sean ocupados por una variedad significativa, sin exclusividades y con un intercambio dinámico que tiene como base a una buena parte de egresados universitarios; el oasis que va surgiendo, trasciende fronteras que hasta hace unos años serían impensables dadas las condiciones de propiedad de los medios de información. Ahora, la democratización ha traído consigo la gran oportunidad del acceso libre y de primera mano a eventos que antaño eran de incumbencia exclusiva de intermediarios.
En este sentido, me fue muy gratificante saber que la jugadora de Tigres, Natalia Gómez Junco posee un podcast llamado Futbholístico, donde por derecho propio, toca temas variados relacionados no sólo con el deporte que practica, sino con otras disciplinas que también tienen que ver con el desarrollo personal. Afirmo que tiene el derecho pues es una mujer preparada, dedicada, con una evidente curiosidad por descubrir qué hay en su entorno que pueda ayudar a los demás a verse como seres productivos y curiosos como lo es ella, usando recursos variados como la colaboración de especialistas.
Lo más curioso, es que su formación universitaria nada tiene que ver con los medios, es ingeniero civil, pero su desenvolvimiento ante el micrófono revela que de mucho le sirvió haber tenido una instrucción a nivel superior, posiblemente lo esquemático de su carrera contribuyó a que la estructura de su programa, además de tener una simpleza muy útil, es bastante amena y dinámica. En aproximadamente treinta días (supongo), ha logrado lo que a algunos les hubiera tomado meses en los medios tradicionales; tener una identidad radiofónica y un sello que fácilmente competiría con su tío.
Dicen que lo que se hereda no su hurta por lo que podríamos ver una constante en los Gómez Junco, hacia la criticidad y el saber conjuntar conceptos que definan situaciones específicas en pro de entender, en este caso, el fútbol. Vale la pena entonces, darse una vuelta por este podcast, dejarnos sorprender por un trabajo que denota preparación con un plan bien definido y la promesa de mantenerse con un aceptable control de calidad. Algo bueno debía dejar el confinamiento, pues las oportunidades de aprendizaje surgen de donde menos se espera. Salud.
Beto

martes, 21 de julio de 2020

Ficción o realidad

Observamos la realidad sin saber cuándo nos
asaltará la fantasía. Foto: BAER
El oficio de narrador ofrece diversos senderos por los cuales transitar, muchas veces fantásticos, otras tantas crudos y sin adornos, esos caminos están ahí, a la espera de ser descubiertos por nuevos andantes que no se conformen con lo dicho por otros viajeros; si bien es cierto que fueron construidos por antiguos, también lo es que no pierden vigencia y tienen la facultad de reinventarse con cada caravana de cronistas, sin importar cuántas veces éstos los hayan recorrido; veredas que se resisten asimismo, a convertirse en supervías, pues lo que importa es el camino más que el destino.
Desearíamos que alguno de esos senderos fueran eternos y lo más cercano a ello, es la repetición del peregrinaje sobre los ladrillos que componen sus palabras, que cambian de color o tamaño según sea el entusiasmo, la habilidad o el tiempo con los que contemos; en cada descubrimiento, agregamos una parte de nosotros a la historia, lo que de ninguna manera tergiversa su sentido, por el contrario, da profundidad a los paisajes, provee de rostros a los personajes, intensifica las sensaciones y así, entre todos vamos conformando el gran relato.
No importa qué tipo de narración estemos escuchando o leyendo, al final todo se refiere o gira alrededor del amor y el desamor; así se refiera a un tratado de física cuántica o una fábula de dragones y unicornios, ambos tuvieron la misma motivación: la consecución del objeto amado o la pérdida de él. Escribir, entonces, es un acto de amor, independientemente de que se trate sólo de un reporte de actividades, pues en el fondo, con mayor o menor impacto, lo que se busca es la cercanía con el otro, alguien que posiblemente sea anónimo pero que nos importa en la medida del compromiso.
La elección del sendero a transitar por medio de la palabra escrita o hablada dependerá de nuestros intereses y habilidades, sí, pero también de las influencias a las que les hayamos permitido jugar en nuestro parque de diversiones que es el bagaje acumulado desde la infancia. Ambas, ficción y realidad conviven en una simbiosis que traza una espiral a lo largo de nuestras vidas, a veces se mezclan y otras se disputan el privilegio de nuestra atención, pueden compartir el espacio o liarse en justas encarnizadas, al final los ganadores seremos nosotros. Salud.
Beto

martes, 14 de julio de 2020

Falto de amperaje

El poema es el resumen de la lírica y la música. Foto: BAER
Hay de corrientes a corrientes, como las que nos proveen de energía o las que no saben comportarse en sociedad; la que nos concierne ahora es la poética, ésa que inunda algunos escritos para embellecerlos, provocando que nuestros cerebros realicen malabares con las palabras, al punto de coquetear con los sinsentidos. Evocar pasajes de nuestras vidas resulta fácil frente a un poema, al menos eso dicen quienes entienden a López Velarde o les queda claro el dominio masculino para quienes leen a Sor Juana Inés o desahogan sus más profundos problemas existenciales aquellos admiradores de Borges.
Habrá quienes, como Serrat, trasladan la musicalidad del poema a una canción pues el todo pasar y quedar como afirmaría Machado, lo que impera en la poesía, es el saber rebautizar a lo ya creado de la mejor manera posible; la poesía es entonces, el espíritu que guía la pluma del poeta, que flota en un ambiente de discordia con lo cotidiano humano y lo rompe para parir algo divino que es el poema. En palabras de Alejandro Aura, éste es una “mosca” que se aventura a volar entre la más dulce de las frutas o la más repugnante de las mierdas, sin perder su esencia.
La corriente poética viene así, a dar un sentido nuevo a las cosas, sin caer en metáforas baratas, a dar un sabor exótico a lo que paladeamos comúnmente, como el agua de limón de la doctora Ramírez, que realmente no sabía a limón, pero que estaba muy buena, el agua... Debo aclarar que no cualquier rima, alegoría o palíndromo escritos en un verso, conforman un poema ni por mucho que sea llegador en una tarde de caguamas en algún jardín anónimo, por lo que me disculparán los admiradores de Joan Sebastian; su título popular no lo convierte, desde mi punto de vista, más que en un buen compositor.
Y podrán alegarme lo que quieran (algo que difícilmente sucederá pues lo que yo opine del señor, les viene guango a la mayoría) pero, sin menospreciar sus creaciones, creo que un poema debe contener más de nueve voltios. Lo que sí considero que es un buen mérito, es que logra conmover con sus canciones, a un gran número de personas, cuya identificación con sus letras resulta, por demás, evidente. Toda esta “predica” en el desierto tuvo que ver con el tratar de imaginar cómo es que algunos cantantes adquieren sus motes. Al parecer, es una de esas manifestaciones donde la democracia nada tiene que ver. Salud.
Beto

martes, 7 de julio de 2020

La revolución de la palabra

La lectura es un viaje en el tiempo. Foto: BAER
A veces me pregunto cómo habrá sido el primer relato que un proto humano dirigió a otros, ¿de qué habría tratado? ¿A quiénes tendría como protagonistas? Necesariamente habría hecho uso de palabras y de señas pero, ¿cuántas serían éstas? Ya debían haber tenido un lenguaje definido aunque no reglamentado; si así fue ¿cómo lo acordaron? ¿Votarían por el uso de unos sonidos sobre otros? ¿Quién llevó la memoria para que dichos sonidos se usaran siempre bajo las mismas estructuras? Si, como dice la historia, no contaron con lenguajes escritos, entonces ¿la palabra detonó el desarrollo cerebral?
Por supuesto, no tengo las respuestas y ni siquiera una teoría lógica sobre el asunto, pero debe haber sido fascinante el momento primigenio en que un individuo pudo mantener la atención de otros sobre lo que contaba, quizá sin saber que lo que estaba haciendo, le confería cierto poder. Porque el uso de las palabras otorga poder, aunque la mayor parte de los relatores y escritores se conforman con el prestigio, ya sea desde una plataforma crítica o de entretenimiento. Dirían los clásicos: “la pluma es más poderosa que la espada”, yo agregaría, si no tiene un “doble filo”.
El relator, así como el escritor, adquieren un compromiso muy fuerte, pues no basta con aprovechar la complicidad del escucha o del lector (de la que ya hice referencia en otro espacio) sino que deben ser coherentes y advertir de lo que intentarán con su trabajo, ya que quien avisa no es traidor. Puede pensarse que al definirse por pertenecer a un bando o mantenerse neutral, se condenan al uso de un grillete que dejará poco margen para el libre ejercicio de la creatividad. Nada tan alejado de la realidad, ya que el compromiso es personal y no con un esquema laboral.
En todo caso, se trataría de un grillete auto impuesto del cual, sólo el propietario tendría la llave. Por fortuna, aún estamos en una sociedad donde cada quién es responsable de lo que dice o lo que escribe, donde las argumentaciones -y sólo ellas- son el vehículo para la comprensión del entorno, donde el insulto barato o gratuito nada más sirve para evidenciar la poca capacidad de apertura y entendimiento de quienes los profieren. Estoy seguro que ese primer relator no se imaginó que daría inicio a la acción más revolucionaria que el humano haya soñado con realizar. Salud.
Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...