martes, 28 de abril de 2015

Lo que hace la mano, hace la trás

Si seguimos tan permisivos, ¿cómo
estarán hablando las nuevas
generaciones? Foto: Ana Vargas.
Dicen que nada daña más cualquier relación que las verdades a medias; más que un engaño, más que el ataque directo a algún aspecto de nuestra persona, las verdades a medias tienen el tino de crear duda inmediata, de sembrar la semilla de la desconfianza, de tenernos en completa zozobra ante las personas que se supone nunca nos harían daño.
También son la fuente principal de lo que llamamos malos entendidos; desde cierto punto de vista, las oraciones incompletas son lo mismo que las verdades a medias. Dejan demasiado espacio a nuestro cerebro para completarlas con lo que nos dé la gana y el peligro no está en la variedad de opciones, sino en que los complementos no son otra cosa que lugares comunes.
Digan una frase que otro deba completar y seguramente no resistirá la tentación de hacer referencia a alguna situación de corte sexual, quizá el más decente lo pensará solamente. Reaccionamos ya en automático y eso crea una burbuja que limita nuestra expresión por lo magro en el número de palabras que no tienen connotación hacia los genitales.
Y no es que no existan, sino que cada vez usamos menos palabras y las que usamos, están fuera de su contexto normal; lo peor del caso es que los criterios para que ese tipo de expresiones se integren a la lista de palabras aprobadas por la RAE, es el simple uso por un número relativamente grande de personas, sin mayor averiguación del porqué las usan.
Porque pensémoslo de esta manera: ya que la mayoría es la que impone si se hace una cosa o no, lo que en derecho se llama consuetudo legis (creo) entonces si tuviéramos diez invitados a comer y de pronto notamos que seis de ellos comen con la boca abierta, no por ello los otros cuatro tendríamos que hacerlo los demás. Algo así estamos haciendo con nuestro idioma. Salud.
Beto

martes, 21 de abril de 2015

Etapas espurias

Los adolescentes perennes nos acomodamos
donde sea. Foto: Baer
Ya no es suficiente con ser niño, adulto y anciano, después de que se inventaron las modalidades de adolescente, adulto joven, y adulto mayor (que parecían lógicas todavía), se las ingeniaron para enjaretarnos lo de pre-adolescente y la novedad: adulto emergente. Como si no tuviéramos con toda los conflictos de identidad imperantes.
Pero más que una cualidad por edad, es una etapa circunstancial surgida por el tiempo excesivo que se impuso para la planificación de una "mejor vida", un pretexto para quienes no quieren perder los privilegios de vivir a costa de sus progenitores o el impedimento para quienes sí desean independizarse, pero que no obtienen las condiciones laborales para lograrlo.
La especialización que alguna vez mencioné en otro espacio como este, ha traído como consecuencia que se alarguen las etapas escolares y no son más que distractores de mano de obra y de cerebros que deberían insertarse en el campo laboral, no como empleados, sino como emprendedores de proyectos que promuevan la economía nacional.
También funcionan como filtros para quienes aspiran a los puestos que ya funcionaban con anterioridad y que no han evolucionado pero sí han aumentado los requisitos para acceder a ellos. Por ejemplo, si se desea ser docente en varias de las universidades de prestigio en el país, se requiere mínimo poseer (reitero POSEER) maestría.
El hecho es que, aun cuando tenemos al alcance varios espacios donde poder obtener papeles que avalen un cierto conocimiento para hacer las cosas (aunque a veces no las habilidades para ello), la calidad de vida humana sólo se segmenta en piezas cada vez más pequeñas sin que esto nos lleve a un desarrollo tangible. Seguimos siendo los mismos salvajes de antes. Salud.
Beto

martes, 14 de abril de 2015

De que ya no sirve...

¿Escribir? ¡Qué flojera! Foto: Baer
En el camino a la obsolescencia, nos vamos topando con utensilios que alguna vez nos dejaron muchas satisfacciones, pero que debieron dar paso a nuevos que tenían mejores ofertas en comodidad, rapidez, ahorro y adaptabilidad. Ejemplos hay muchos, desde herramientas simples hasta maquinaria pesada, por ejemplo, la plancha.
Desde las noches de calentar un fierro liso en carbón y tomarlo con un lienso para no quemarse, hasta la implementación de conectores y resistencias, el planchado ha dejado constancia de que, con imaginación y algo de tiempo invertido en el divino ocio, se puede ayudar a las actividades cotidianas a que se conviertan en una carga menos pesada.
Lejanos quedaron aquellos días en que había que levantarse a darle cran al automóvil para que éste encendiera; ya se pueden salvar los dedos pues no es necesario arriesgarlos con el molote al hacer una salsa en el molcajete; el lavado de la ropa ahora puede ser un poco más rápido si se cuenta con una lavadora que haga el proceso completo.
En la realidad analógica, esto es un verdadero avance, al que hemos podido dar cuenta; sin embargo, en la realidad virtual, los avances son tan vertiginosos que volverse obsoleto es cosa de todos los días. Los cambios son tan rápidos que un simple cambio vuelve inútil lo que veníamos utilizando tan sólo hace algunos meses.
¿En qué momento se decidió que el correo ya no era digno de usarse? Es cierto que hay que invertir tiempo y algo de dinero para que un mensaje llegue a cualquier destinatario, pero ¿y el correo electrónico? ¿Quién decidió que, al igual que el analógico, ya sólo sirve para recibir facturas? ¿No será que la flojera de escribir sólo se cambia de ropajes? Salud.
Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...