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| Los tamaños se ven en la calidad profesional. Foto: El Universal. |
Notas revueltas y sin un patrón definido, aunque haya secciones, las noticias nos llegan en vendaval; y eso no es lo malo, pues a quienes ostentan el poder, les conviene que nos enteremos a cuentagotas de lo que sucede en el país y, si eso implica que nos estemos llenando de violencia, narcotráfico e inseguridad, pues entonces estamos en el mejor caldo de cultivo para la ingobernabilidad.
En términos administrativos, quienes cambian constantemente de trabajo se traducen en personas poco confiables las cuales difícilmente, aunque tengan capacidades de sobra, son contratadas en diversos espacios productivos. Insisto, desde esa óptica, el caso de Carmen Aristegui nos daría argumentos para entender el porqué ha sido despedida en tantas ocasiones.
Si nos fuéramos por ese tenor, estaríamos cometiendo un grave error. La capacidad de la comunicadora ha sido probada en diferentes ámbitos y escenarios; dentro de un ambiente de desconfianza, sus trabajos tienen el toque de quienes se saben enterados por lo que les da armas suficientes para entender, criticar y juzgar lo acontecido diariamente.
Bajo esta perspectiva y desde mi humilde entender, el conflicto entre ella y la empresa MVS (con antecedentes no tan lejanos) esta siendo magnificado por esta última en un intento velado de cumplir con órdenes emanadas desde el exterior. Los detalles han sido explicados en diferentes espacios más enterados que yo, de ello.
El pueril argumento que nos da la empresa, es que Aristegui "hablo mal" de ella, lo cual se me hace un disparate pues si se observa bien lo expresado, lo que hace es criticar. Para sensibilidades Mickey Mouse, criticar y hablar mal son sinónimos, pero no es así; la crítica siempre es propositiva. El escandalito culminado en el despido de Carmen y su equipo no es otra cosa, insisto, que el intento de quedar bien, por parte de la empresa, con alguien externo a su dominio. Salud.
Beto

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