martes, 3 de marzo de 2015

La estupidez no es de género, ¿verdad Layín?

Sevilla Rosas, el peor enemigo de una
mujer, es otra. Foto: Excelsior
Renuncia para "no afectar la marcha del Gobierno de Tijuana"; después de cinco días de su "resbalón", la razón para dejar su puesto en el Instituto de la Mujer de esa localidad parece de lo más infantil (por no decir algo peor) y muestra que aún no han aprendido a cerrar la boca quienes ostentan un puesto público.
Desde Los Pinos hasta los más modestos hogares de los funcionarios locales, el poder hace que sufran de lo que mi tía llamaba "los váguidos" y acusan en consecuencia, diarreas mentales. Pero lo grave no está en que la rieguen a la hora de proferir palabras sin razón, lo peor del asunto es que inclusive, se vuelven ataques en contra de quienes, se supone, deben proteger.
No sé de qué han servido tantos anuncios en contra de la violencia de género, si una mujer es capaz de agredir a sus semejantes tan despectivamente como es capaz. Por supuesto que no conozco a Liliana Sevilla Rosas, pero por las imágenes que hay en la red y haciendo uso en correspondencia de los arquetipos que nos hemos inventado, entiendo lo bruto de su postura.
Si de verdad lo suyo estuviera en Europa, desde hace mucho debió abandonar el país para que lo rubio de sus cabellos y lo blanca de su tez, hicieran juego con el entorno y que encontrara así, cómo rellenar el hueco que tiene en su cabecita. Lo pienso así, porque sólo renuncia, sin una disculpa a las mujeres que insulta con su presencia. Salud.
Beto

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