martes, 10 de marzo de 2015

A la vuelta y vuelta

No termina de caerse a pedazos, pero casi
lo logramos. Foto: Baer
Los repasos que pudiéramos dar sobre la historia, nos muestran detalles que dejamos pasar por las circunstancias, los intereses, las relaciones y todo lo que pudiera sectorizar nuestra memoria. Así, dependiendo del lugar que ocupemos en la sociedad, serán las explicaciones que demos de lo sucedido antaño; un mismo suceso será contado de diferente forma por quienes ganan que por quienes pierden, quienes poseen que quienes son desposeídos.
Tan sólo podemos verlo semana a semana en los partidos de fútbol; quienes sucumben ante el rival, buscan la explicación que, desde la derrota, les conviene para justificar su desempeño. Generalmente, la culpa la tiene el árbitro. Por supuesto que en la vida cotidiana, las explicaciones a los fracasos o a las victorias son mucho más variadas y más elaboradas, pues no cualquiera se come el cuento de que la mala suerte existe.
Explicar la pobreza es un problema histórico, un mal endémico que no se ha podido solventar por mucho que se le haya explicado y propuesto métodos casi mágicos para hacerla desaparecer. Desde el porfiriato, el grupo de “los científicos” decían tener las soluciones que llevarían al México de principios del siglo veinte, hacia los confines que ya había conquistado Europa, en específico, el país que representaba la vanguardia de entonces: Francia.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el país a seguir se llama Estados Unidos de América. Desde el mandato de Miguel Alemán (o antes), los esfuerzos por ponernos metas han apuntado por convertirnos en una sociedad que logre los beneficios que ese país tiene. Y en cada sexenio, han aparecido grupos de “élite” que dicen tener las soluciones; sólo cambiaron de nombre conociéndoles ahora como “los tecnócratas” y curiosamente, los problemas y las diferencias se han acentuado.
El estudio de la historia se nos presenta como una rueda que en la repetición de sus ciclos, nos hace ver que no hemos avanzado, que no tenemos una idea clara de lo que queremos como nación, que el conformismo nos tiene presos entre necesidades urgentes y visiones mesiánicas inamovibles. la esperanza de cambio, está basada en la aparición cuasi-profética de la aparición de caudillos. Lo peor del caso, es que la rata que hace girar la rueda, siempre es la misma. Salud.
Beto

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