martes, 31 de marzo de 2015

¡Jesús mil veces!

Cualquiera rezaría si le hubieran cargado
tanto "milagrito". Foto: Google
Fuera de que nos tomamos como santos días que en realidad no lo son, el cúmulo de informaciones sobre los acontecimientos de hace veinte siglos son tan ambiguos, que las dudas emergen como salpullido. Una cosa es cierta, de que les da por tratar de vender ideas a costa de las creencias de la gente, no hay manera de que se les ponga un alto.
Las versiones más socorridas sólo reproducen, vía cinematografía, lo narrado en los evangelios de Marcos y Mateo (creo) sin ningún tipo de explicación. Esto por simple tradición en honrar la memoria de quien nos ha dado el mejor pretexto para vivir en armonía, aunque a veces se ha tomado como otro para hacerle la guerra a un pueblo vecino.
Hay otros que pretenden autentificar los hechos ocurridos siglos después, como consecuencia de los atributos conferidos a ciertos objetos, en distintos encuentros clericales, los llamados cónclaves, en donde bajo un manto de argumentos científicos (algo que suena a veces contradictorio) intentan probar que los milagros producidos por reliquias -por ejemplo- son verdaderos.
Los hay que intentan encontrar verdades históricas (los menos) sobre la vida, pasión y muerte de Jesús pero que, por lo general, no pasan de establecer más preguntas que las respuestas a las mismas. Total que no hay hasta ahora, dos mil años después, quien o quienes tengan argumentos incuestionables sobre lo que sucedió en realidad con tan venerado personaje.
Lo que sí es un hecho, es que se sigue lucrando con su imagen, sigue sirviendo de bandera para la dominación de varios sectores sociales, sigue siendo un monopolio donde se comercia con las creencias de la gente más necesitada de lo básico. Cristo es tan individualmente cercano, como lo lejano que la han puesto sus iglesias, de su feligresía. Salud.
Beto

martes, 17 de marzo de 2015

¡Otra vez!

Los tamaños se ven en la calidad profesional.
Foto: El Universal.
Notas revueltas y sin un patrón definido, aunque haya secciones, las noticias nos llegan en vendaval; y eso no es lo malo, pues a quienes ostentan el poder, les conviene que nos enteremos a cuentagotas de lo que sucede en el país y, si eso implica que nos estemos llenando de violencia, narcotráfico e inseguridad, pues entonces estamos en el mejor caldo de cultivo para la ingobernabilidad.
En términos administrativos, quienes cambian constantemente de trabajo se traducen en personas poco confiables las cuales difícilmente, aunque tengan capacidades de sobra, son contratadas en diversos espacios productivos. Insisto, desde esa óptica, el caso de Carmen Aristegui nos daría argumentos para entender el porqué ha sido despedida en tantas ocasiones.
Si nos fuéramos por ese tenor, estaríamos cometiendo un grave error. La capacidad de la comunicadora ha sido probada en diferentes ámbitos y escenarios; dentro de un ambiente de desconfianza, sus trabajos tienen el toque de quienes se saben enterados por lo que les da armas suficientes para entender, criticar y juzgar lo acontecido diariamente.
Bajo esta perspectiva y desde mi humilde entender, el conflicto entre ella y la empresa MVS (con antecedentes no tan lejanos) esta siendo magnificado por esta última en un intento velado de cumplir con órdenes emanadas desde el exterior. Los detalles han sido explicados en diferentes espacios más enterados que yo, de ello.
El pueril argumento que nos da la empresa, es que Aristegui "hablo mal" de ella, lo cual se me hace un disparate pues si se observa bien lo expresado, lo que hace es criticar. Para sensibilidades Mickey Mouse, criticar y hablar mal son sinónimos, pero no es así; la crítica siempre es propositiva. El escandalito culminado en el despido de Carmen y su equipo no es otra cosa, insisto, que el intento de quedar bien, por parte de la empresa, con alguien externo a su dominio. Salud.
Beto

martes, 10 de marzo de 2015

A la vuelta y vuelta

No termina de caerse a pedazos, pero casi
lo logramos. Foto: Baer
Los repasos que pudiéramos dar sobre la historia, nos muestran detalles que dejamos pasar por las circunstancias, los intereses, las relaciones y todo lo que pudiera sectorizar nuestra memoria. Así, dependiendo del lugar que ocupemos en la sociedad, serán las explicaciones que demos de lo sucedido antaño; un mismo suceso será contado de diferente forma por quienes ganan que por quienes pierden, quienes poseen que quienes son desposeídos.
Tan sólo podemos verlo semana a semana en los partidos de fútbol; quienes sucumben ante el rival, buscan la explicación que, desde la derrota, les conviene para justificar su desempeño. Generalmente, la culpa la tiene el árbitro. Por supuesto que en la vida cotidiana, las explicaciones a los fracasos o a las victorias son mucho más variadas y más elaboradas, pues no cualquiera se come el cuento de que la mala suerte existe.
Explicar la pobreza es un problema histórico, un mal endémico que no se ha podido solventar por mucho que se le haya explicado y propuesto métodos casi mágicos para hacerla desaparecer. Desde el porfiriato, el grupo de “los científicos” decían tener las soluciones que llevarían al México de principios del siglo veinte, hacia los confines que ya había conquistado Europa, en específico, el país que representaba la vanguardia de entonces: Francia.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el país a seguir se llama Estados Unidos de América. Desde el mandato de Miguel Alemán (o antes), los esfuerzos por ponernos metas han apuntado por convertirnos en una sociedad que logre los beneficios que ese país tiene. Y en cada sexenio, han aparecido grupos de “élite” que dicen tener las soluciones; sólo cambiaron de nombre conociéndoles ahora como “los tecnócratas” y curiosamente, los problemas y las diferencias se han acentuado.
El estudio de la historia se nos presenta como una rueda que en la repetición de sus ciclos, nos hace ver que no hemos avanzado, que no tenemos una idea clara de lo que queremos como nación, que el conformismo nos tiene presos entre necesidades urgentes y visiones mesiánicas inamovibles. la esperanza de cambio, está basada en la aparición cuasi-profética de la aparición de caudillos. Lo peor del caso, es que la rata que hace girar la rueda, siempre es la misma. Salud.
Beto

martes, 3 de marzo de 2015

La estupidez no es de género, ¿verdad Layín?

Sevilla Rosas, el peor enemigo de una
mujer, es otra. Foto: Excelsior
Renuncia para "no afectar la marcha del Gobierno de Tijuana"; después de cinco días de su "resbalón", la razón para dejar su puesto en el Instituto de la Mujer de esa localidad parece de lo más infantil (por no decir algo peor) y muestra que aún no han aprendido a cerrar la boca quienes ostentan un puesto público.
Desde Los Pinos hasta los más modestos hogares de los funcionarios locales, el poder hace que sufran de lo que mi tía llamaba "los váguidos" y acusan en consecuencia, diarreas mentales. Pero lo grave no está en que la rieguen a la hora de proferir palabras sin razón, lo peor del asunto es que inclusive, se vuelven ataques en contra de quienes, se supone, deben proteger.
No sé de qué han servido tantos anuncios en contra de la violencia de género, si una mujer es capaz de agredir a sus semejantes tan despectivamente como es capaz. Por supuesto que no conozco a Liliana Sevilla Rosas, pero por las imágenes que hay en la red y haciendo uso en correspondencia de los arquetipos que nos hemos inventado, entiendo lo bruto de su postura.
Si de verdad lo suyo estuviera en Europa, desde hace mucho debió abandonar el país para que lo rubio de sus cabellos y lo blanca de su tez, hicieran juego con el entorno y que encontrara así, cómo rellenar el hueco que tiene en su cabecita. Lo pienso así, porque sólo renuncia, sin una disculpa a las mujeres que insulta con su presencia. Salud.
Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...