martes, 28 de octubre de 2014

LA vida que merecemos

La vida flota encerrada en burbujas.
Foto: Baer
Llega uno a cierta edad, en la que ya no es posible entender el porqué se hicieron algunas cosas; tonterías de chamacos, dirían algunos; errores de juventud, otros. Lo cierto es que desde que tenemos uso de razón, sabemos lo que está bien y lo que está mal, pero no nos hacemos responsables de las ansias de experimentación que nos invaden en algunas etapas de nuestra vida.
O simplemente no queremos responsabilizarnos ya que tenemos quién lo haga por nosotros, quienes nos protejan de lo que nos ponga en riesgo o quienes solapen nuestras acciones. Al menos alguna vez, en alguna situación todos gozamos de ese privilegio, ya sea por simpatía, por obligación, por lástima o por complicidad.  El pretexto es lo de menos.
Cualquiera que éste sea, debería tener una fecha de caducidad pronta, pues hay quienes han hecho del solapamiento, un estilo de vida, ya sea a nivel personal o institucional. Lo peor del caso es que se da a cualquier nivel y, por muy simple o baja importancia que éste tenga, los compromisos que se producen, parecen ser más fuertes que el acero.
Cualquier favor, bajo esta circunstancia se vuelve obligación. La deuda se hace imperecedera y lo que debió ser un instante anecdótico, se vuelve un grillete de partidismo. Las decisiones ya no tendrán autoría personal sino grupal, a menos que la idea de la cual surgió, sea tan buena que pase a ser botín de alguien con mayor poder.
La juventud se alarga al grado de llevar la idea de formación de contubernios, hasta estructuras de poder que "respetan" formas pero que no aportan fondos. Se crean "pandillas" que arrebatan lo que debería ser bases para la convivencia y las transforman en ejes de coacción. Así, casi sin alternativas visibles, entendemos la razón de que nos gobiernen eternos adolescentes. Salud.
Beto

martes, 21 de octubre de 2014

La corrupción es lo último que muere.

¿Alcanzan a ver algo?
Foto: Baer
La vida del país está pasando rápido y el escenario nacional no tiene el espacio suficiente para las representaciones que quiere hacer cada sector público; todos están ocupados haciendo -dicen- lo que les corresponde para implementar las soluciones a cada uno de los problemas a los que nos hemos sometido como sociedad, sin hacer caso a opiniones divergentres.
Y no hacen caso aunque esas opiniones contengan las soluciones que están buscando. El sistema está envejecido pero se niega a morir, permanece con vigencias inventadas desde laboratorios especializados en crear espejismos, disfrazados de entretenimiento, progreso y paz, pero el uso de espejos es cada vez más insultante para quienes habitamos este territorio.
Y en un acto de magia, la evidencia se convierte en virtualidad; el "pudiera ser" inunda nuestras ya escasas certezas que se rinden ante lo abrumador de la realidad, creando una cortina de escepticismo fabricada de humo. Ahora preferimos meternos en burbujas de irrealidades esperando que todo se componga por obra de la Divina Providencia.
Las desapariciones, los asesinatos, los rezagos económicos, educativos y sociales, la pobreza, se arraigan gracias a un sistema cíclico de autoengaño cuya sofisticación tiene como base un enredado hilo de verdades engañosas, de disimulos, de argumentos intercambiados por albures. El sistema envejece pero no muere, sólo se transforma en un zombie. Salud.
Beto

martes, 7 de octubre de 2014

Comunicación, con emociones encontradas

Cada vez sirven menos para acercar. Foto: Baer
Cuando en la carrera nos mencionaron el estudio de las nuevas tecnologías de la comunicación, las posibilidades a las que han llegado nos parecían remotas. La ciencia ficción nos daba pistas pero sólo lograba sacarnos una sonrisa. De verdad parecía tan lejano que no concebíamos las posibilidades, aunque muy en el fondo de nuestros seres, las deseábamos.
Poco a poco las necesidades fueron imponiendo el camino a seguir, si no en la concepción de los aparatos, sí en el uso de los mismos. Quienes del salón encontraron, a pesar de las diferencias generacionales, un nicho de empleo, no podían ocultar su satisfacción por haber entrado en el ancho mundo de la computación.
Los que nos mantuvimos renuentes, tuvimos que sucumbir algo más tarde al impactante avance de la tecnología, a acoplarnos a las recientes formas de hacer las cosas, lo que trajo consigo que dejáramos de realizar algunas reglas de convivencia. Pero nada comparado con la dependencia actual; las "pasivas" actividades que llevamos a cabo como grupo reducen los criterios.
Las explicaciones pueden ser muy variadas, según la cantidad de años que tengamos, pero hay algo cierto: éstas son cada vez más simplistas. Hace tiempo criticábamos el hecho de todo empezaba a volverse utilitario y desechable, ahora hay que aunarle el término virtual, es decir, actividad o cosa de la cual tenemos nociones pero que no es necesariamente tangible.
Esto vino a radicalizar el deterioro de algunas formas de convivencia, por ejemplo, ofendámonos o no, cuando terminamos una conversación por mensajero generalmente no nos despedimos, damos por hecho que con dejar de escribir, el otro ya entendió que se terminó la conversación, si embargo, el problema es que no le prestamos importancia a ello.
Por lo tanto, si eso es extensivo a otros ámbitos del espacio cibernético, digamos un noviazgo, imaginen qué estaría pasando en nuestro interior si el iniciar o terminar una relación se determina por pulsar del teclado y no enfrentando a la otra persona para discutir los problemas, principalmente ahora que el escribir no es una fortaleza de la cual presumamos. Salud.
Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...