martes, 15 de julio de 2014

Borrón y ¿me da la cuenta?

¿Y o'ra? Foto: Baer
Quienes aún gozamos de periodos vacacionales, podemos entender que el valor del trabajo reside en el crecimiento que se pueda obtener como persona; la actividad, cualquiera que ésta sea, debe proveer de un grado elevado de entretenimiento, lo cual no significa que deba tenernos muertos de la risa, sino que mantenga nuestro interés por el mayor tiempo posible.
Tampoco debe pensarse que el trabajo por sí mismo, deba tener los elementos necesarios para que nos sintamos a gusto en él, por el contrario, es responsabilidad personal que encontremos los beneficios en nuestra labor, es decir, que si estamos en un empleo en el cual no nos sentimos totalmente satisfechos, es nuestra culpa y de nadie más.
Cada uno de nosotros sabemos cuál es el grado de interés que tenemos en nuestro trabajo. Cada quien conoce los puntos a favor y los que están en contra para que sigamos invirtiendo nuestro tiempo en determinada actividad. Y lo mejor del caso, todos nos damos cuenta cuando se termina un ciclo y la necesidad de iniciar otro, ya sea en el mismo empleo o en otro.
Matizaré, si las circunstancias nos lo permiten, cambiar de aires debe ser más benéfico que perjudicial. No estoy para dar consejos, pero creo que si se tiene la oportunidad de dar un giro a nuestro ritmo y estilo de vida, tarde o temprano se verá fortalecido nuestro plan existencial. Cuestión de tener un minuto para analizar en dónde nos encontramos parados. Salud.
Beto

miércoles, 2 de julio de 2014

Pausa

Las ideas como las gotas de agua, caen, se evaporan
y vuelven a caer.
Lo bueno de pasar una buena parte del día solo, es que puedes cuestionar el mundo en primera persona; el pensamiento vuela hacia donde empezaste a pensar en cambiar las cosas que te rodean, en cuánto tiempo te duró la sensación de ser inmortal y omnipotente, en cuántas veces deseaste acompañar a alguna persona durante su viaje en este muy menospreciado mundo.
Algunas de las cuestiones que no creo que vaya a darles respuesta en el corto plazo, tienen como origen el miedo, pero no es un miedo irracional, sino uno fundamentado y razonado por lo que he logrado o perdido. La balanza se mantiene horizontal, lo cual no es bueno aunque tampoco malo. El miedo entra en este punto puesto que, aunque no soy infeliz, mantengo el "gusanillo" de que me falta algo por hacer.
Podría tener que ver con el plantar un árbol, escribir un libro, pero de tener un hijo... de eso nada. No es que no me gusten, pero creo que no me insertaron el gen de la paternidad o quizá se trate de estar harto de cuidar hijos ajenos. Por lo que sea, preguntarme cosas sobre la existencia y la humanidad sumado al sentimiento ya mencionado, se convirtió en un muy buen pasatiempo.
En los momentos de mayor participación neuronal me pregunto ¿qué era lo que deseaba hacer? ¿qué he hecho de mi vida en estos años? ¿qué me falta por hacer? Seguramente de las tres, tenga un montón de posibles respuestas y otras tantas, que no están consideradas. Lo único lamentable sería que los orígenes de mis inquietudes no estuvieran intactos. Por fortuna lo están. Salud.
Beto

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...