martes, 24 de febrero de 2026

El texto patrio

Podemos ser muy fuertes, pero el país
está muy desdibujado. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La multiplicidad. Desde poemas hasta novelas y películas, varios pechos se han inflamado de sentimiento patrio para ensalzar a una figura o a un símbolo que nos guíe por los intrincados caminos del amor al país; ríos de tinta han corrido elevando a héroes o eventos que pretenden engrandecerlos más allá del logro terrenal. Los nuevos panteones que producen, dictan las maneras con las que debemos conducirnos respecto de las figuras ya establecidas y de las que esperan establecerse en nuestro imaginario. Llevamos un tiempo desmitificando a los que estaban y mitificando a los que no, los que logres sobrevivir, esperarán una remitificación, porque ya sabemos que los relatos emanados de los intereses nacionales, no pueden estar del todo humanizados pues, ¿dónde estaría el chiste de la veneración?

2. Odas a lo abstracto. Los cultos alternativos nacen con los nacionalismos que suelen ser narrativas que suplen a santos y dioses con héroes defensores de una causa y un territorio, sólo hay una constante: el enemigo. Para las religiones suele ser el demonio (en cualquiera de sus facetas) u otra religión, lo que no tiene lógica si observamos que todas persiguen lo mismo, sólo que se sacrifican y humillan de diferentes formas; las «patrias» tampoco se salvan de la quema porque otras suelen ser las invasoras o tienen a sus «demonios» dentro, por lo tanto en ambos universos, nos manejamos a la defensiva. Y así como lanzamos alabanzas a espacios míticos, cantamos versos a fronteras arbitrarias e inexistentes, poniendo por lo general, un derramamiento de sangre que no alimenta al suelo.

3. Hemoglobina que no será de los dirigentes. En las enaltecidas letras de la poética patriota, se nos conmina enardecidamente a ofrendar la sangre para mantener libre a la nación, sangre que obvia y curiosamente no es de los dirigentes; es posible que se deba a que, como se escriben por encargo (de ellos por supuesto), además del pago de todas las rentas que llevamos a cuestas, también debamos morir con honor por una tierra que ni siquiera nos pertenece. No lo digo para que nos sintamos despojados, sólo intento señalar algo que todos sabemos, estamos aquí de paso, sí con el derecho de ocupar un espacio, pero que al final no vamos a llevárnoslo, en otras palabras, no defendemos la tierra, sino nuestro derecho de hacerla productiva y disfrutar de lo obtenido, que suele ser tan efímero como nuestra propia existencia.

4. No es nuestra. Aunque tengamos el permiso de los docentes de apropiárnosla, más como una obligación que como un derecho, la patria «agradecida» no nos pertenece, bueno, ya ni siquiera la imagen romantizada de Victoria Dorantes en los libros de texto nos inspira el respeto sobre la pertenencia a un país que cada sexenio da tumbos y le cuesta más trabajo mantener en su lugar a las fuerzas productivas, principalmente a la campesina. El pago de la renta, insuficiente para la codicia gubernamental y excesivo para los inquilinos, de ninguna manera garantiza el bienestar de la comunidad, debido a la incertidumbre galopante que, desde la década de los setenta, ha venido acentuándose y extendiéndose por todo el mundo, sin que parezca haber una solución en el corto plazo. Salud.

Beto

martes, 17 de febrero de 2026

Costumbres en la literatura

Los universos se vuelven uno. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Elitismo y no. La novela caballeresca, además de la aventura, dejó establecidas las formas en las que el español debía escribirse y hablarse, que halló su cumbre en la obra de Miguel de Cervantes; por supuesto, no nos expresamos de esa forma actualmente puesto que la costumbre, la ignorancia y el suavizar algunos vocablos, han traído como consecuencia que cada región del mundo hispano haya evolucionado por su lado, lo que implica que nos entendamos en lo general, sin embargo, hay particularidades que nos hacen detenernos al no quedarnos clara alguna expresión. «Sea por lo que fuere -dijo Don Quijote-; que más fío de tu amor y de tu cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más extrañas aventuras que yo sabré encarecer...».

2. Agua quemada. Aunque venga de la pluma de un citadino cosmopolita, su intento de retratar el campo mexicano post revolucionario mediante acciones simples y cotidianas del general Vicente Vergara o las ocurrencias de doña Manuelita o esas «excentricidades» de Federico Silva en las noches de una ciudad que sólo dormita cuando está a punto de amanecer o el día con día de una colonia en una zona marginada que ha tenido que mejorar por sus medios, ponen los cuatro apartados una luz sobre lo que otros hacen para pasar el tiempo en lugares distintos geográficamente, pero muy similares pues el fondo es el mismo, un abandono por un pobre entendimiento o la mala interpretación de las propias realidades; del campo a la ciudad, sólo cambian los entramados sociales, pero la esencia es la misma.

3. Como agua para chocolate. Alguna vez pensé que había una fascinación inexplicable de muchos escritores mexicanos por retratar al campo de principios del siglo XX nacional, hasta que me di cuenta de que eso era una tendencia en los cincuenta, pero que bien visto, de alguna manera todos teníamos antecedentes rurales. Quizá no igual, pero habremos tenido un pariente como Tita, destinada a cuidar a su madre cuando ésta envejeciera por el simple hecho de ser la menor de las hijas; no sé si esa costumbre haya estado muy extendida o si aún existe o si sólo fue ficción emanada de la mente de Laura Esquivel, lo que me pone a pensar es ¿cómo alguien puede ocurrírsele fijar un destino a otro ser, sin importarle las consecuencias de una decisión así, por mucho que se le deba la vida?

4. El nombre de la rosa. Acostumbrarnos a lago requiere de un proceso, repetitivo y constante para poder realizar mecánicamente y para que parezca natural; para empezar, la vida en un monasterio debió ser declarada antinatural, dado que la vida en comunidad se da combinada, hombres y mujeres, segundo, un voto de silencio podría ser un placer para aquellos que no ven razón al hablar constantemente, pero un verdadero tormento para quien no pueda callar. Por último, matar, aunque sea por una idea, es condenable en cualquier instancia y todo lo anterior sucede en un espacio medieval que seguramente sentó las bases para que creamos que así ha sido toda la vida, ¡ah! No me refiero a la novela, sino a la creación de monasterios y conventos en los que la vida parece tener muchos secretos. Salud.

Beto

martes, 10 de febrero de 2026

Los escribanos

Avanzará la tecnología, pero el escribano
será igual. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Elitismo y no. Posiblemente el escribano actual tenga su origen en los escribas, esos curiosos personajes encargados de transcribir y conservar las sagradas escrituras; si recordamos que los menesteres religiosos y políticos estuvieron ligados desde la antigüedad hasta el siglo XIX, entenderemos la liga entre los profesionales de la pluma, pues ambos dan fe y legalidad a lo que tienen anotado, uno en libros sagrados y el otro en libros legales. Pudiera pensarse que serían y son personas de privilegio, lo que posiblemente sea en el sentido del manejo de cierta información, sin embargo, con la aparición de la imprenta, el escriba desapareció o cambió su forma de trabajo y el escribano debió mecanizar el suyo quitándose de ese halo de dignidad real, pasando a ser un artesano de la escritura de contenido legal.

2. Servicios públicos directos. Era fascinante ver en la plaza de Santo Domingo, a toda hora del día, a los llamados «evangelistas», emulados por el mimo de México, Mario Moreno en la película de 1976 «El ministro y yo», donde lo más curioso es que cambia el nombre y dirección de un destinatario, lo pasa de Jacinta Cabañas, calle del Cañón # 150 a Jacinta Jacales, calle del Rifle # 150, porque su máquina era gringa y no tenía «ñ», pero si ponía las comas y las tildes a mano, ¿por qué no las virgulillas? Con ello comienza a satirizar a los servidores públicos sobre lo que dicen qué pueden y qué no pueden hacer, así el evangelista se proponía como un facilitador de trámites antes de la aparición de los nefastos «coyotes», que com idea eran buenos, pero en la práctica no eran deseables.

3. Adaptados a la tecnología. A veces, sin que nos lo propongamos, dejamos pasar a la nostalgia a que aderece nuestros recuerdos y la muy canija acepta y parece sentar sus reales por un buen tiempo, distrayéndonos del presente; no hacen falta sesiones espiritistas, basta con un detalle para detonar escenas completas de una película que jamás volverá a rodarse; salía yo, una extrañamente fría mañana de las oficinas de rentas en la ciudad de León, Guanajuato, cuando al tocar la banqueta casi tropiezo con un cable que casi recorría quince metros del concreto a mis pies, lo extraño no era la longitud de dicho cable, sino en dónde iba a parar. En plena calle, haciendo alarde de la tecnología existente, un moderno evangelista alimentaba su ordenador y una impresora portátiles.

4. De incógnito. Lo más sorprendente del asunto, no sé si por la novedad o por el manejo que tenía de los formatos en la pantalla, es que había una fila igual de larga en espera de ser atendida. Me detuve unos segundos a observar la escena por curiosidad y porque esperar a que el semáforo de la esquina de Juárez y 5 de febrero se pusiera en verde; no alcancé a descubrir qué programa estaría usando ni de dónde estaba tomando la electricidad, pero imagino que ambas cosas se las prestarían o habría pagado alguna especie de renta, pues la línea naranja salía de algún lado de las oficinas y él no era empleado en ninguna de ellas y los formatos le salían cadi perfectos en su impresión. Como la impresión que me llevé al ya no verlo allí después de un tiempo. Salud.

Beto

martes, 3 de febrero de 2026

La práctica epistolar

Para contarnos lo que nos pasa,
no hay como la escritura. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La pluma de verdad. Desde el tintero y la pluma de ganso han pasado varias etapas en las que la tecnología, como en todo, ha facilitado el accionar cotidiano; el punto más alto entre comodidad y portabilidad se alcanzó con el bolígrafo, pero ha estado acompañado por otro tipo de instrumentos donde la estilográfica es la reina; cuando la comunicación habitual se hacía por carta, el tener la mejor pluma posible era una legítima aspiración, dado que era una de las tarjetas de presentación de todo individuo que se preciara de serlo. Junto con la calidad de la pluma iba la calidad de la escritura o, eso era lo deseable porque sacar del bolsillo una Mont Blanc y garabatear rayas sin estética alguna, dejaba mucho que desear; lo contrario tampoco era bueno, pero ésa sería la condición normal de todos, tener una Waterman no era fácil.

2. Todo está en la mano. Una pluma chapada en oro, un repuesto Parker y un papel lacrado no compensan una mala caligrafía, tampoco el papel y la tinta escolares embellecerán más el dibujo redondeado de una letra bien hecha, pero no le hará mella. Una mano educada realizará el mismo trabajo en cualquier superficie y con cualquier instrumento, lo mejor del caso es que no es imperioso aprender desde pequeños, el entrenamiento caligráfico puede realizarse a cualquier edad, con resultados satisfactorios si se tiene paciencia. No tenemos una cultura caligráfica como la que desarrollaron los pueblos prehispánicos o como la que aún conservan en el lejano oriente, pero sin duda apreciamos en el fondo, una buena letra y con mayor razón, si ésta va dirigida a nosotros en una misiva o en una invitación.

3. Retomar el formato. La tecnología pareciera impedirnos el voltear atrás y revalorar a los instrumentos de escritura a mano, lo mismo pasa entre la mensajería tradicional y la electrónica, pero es que aún no hemos descubierto el nicho de oportunidad que el correo analógico (si se me permite llamarlo así) nos presenta hoy en día; ya varias voces se han levantado a opinar y a difundir sobre los beneficios a nivel sináptico que obtenemos empuñando una pluma, algo de razón de haber debido a que la mecanización de movimientos se reduce al dibujo de letras, pero no trasciende a la manera en que vamos a plasmar el pensamiento. Por otro lado, el contacto con el papel, tanto de la pluma como de la mano, nos brinda sensaciones en dos sentidos de valoración, herramienta y ser.

4. Regreso a la personalización. El estilo de escritura necesita ciertos apoyos que faciliten la identificación del autor epistolar, para empezar están el papel y los sobres, nada identifica más rápida y efectivamente que un color o una forma que digan algo sobre su personalidad; junto a esos vehículos de tinta, podríamos aplicar una manera específica de doblar el papel, para aumentar un poco la emoción de descubrir el contenido. No está prohibido el uso de etiquetas o sellos, pero teniendo la precaución de no interferir con los del servicio postal si va a hacerse uso de él; en última instancia están la pluma y la tinta, lo que va más allá de la compra de bolígrafos en una papelería cualquiera, pero por algo hay que empezar, lo más importante será el adquirir el gusto por los colores y las texturas. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...