martes, 26 de noviembre de 2024

Arte que no es arte

Cantidad y calidad nunca van a la par. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Antes que todo, debo aclarar que no soy crítico calificado, ni siquiera un seguidor seguidor asiduo de algún artista en particular, sin embargo en mi favor diré que, por mi carrera, debo estar preparado para decodificar mensajes y ¿qué otra cosa son las pinturas o las esculturas, sino mensajes? Empezaré por la definición que entiendo de lo que el arte es y diré que para mí, la academia da la más sencilla y comprensible, «el arte es una expresión que tiene un equilibrio entre fondo y forma», lo que nos da pie a tratar de identificar, mediante la lupa de la belleza, aquello que valga la pena ver, escuchar, oler, acariciar o degustar porque su apariencia corresponde a su estímulo en nuestros sentidos y no es sólo la impresión personal, las coincidencias en las impresiones crea reglas como la manera en que debe cocinarse un pavo, cómo debe presentarse una obra de teatro o qué debe contener un fotograma en un retrato, así que, ¿por qué somos tan laxos con la música?

La industria de las notas y el gorgorito estableció un ritmo de producción industrial muy fuerte en el que la novedad dura lo mismo que un suspiro, por lo cual se apuesta más por la cantidad que por la calidad, dejando con ello, un círculo vicioso que difícilmente va a romperse; la mecánica ha sido muy simple, parece que ahora es poco rentable mantener ventas de acuerdo a una lista de popularidad, así que la vigencia de las canciones es mucho menos que antaño, dado lo anterior, las casas productoras exigirán a los compositores el tener nuevas canciones en un lapso no mayor (por así decirlo) a dos meses, sean éstas éxitos o no, porque un hit deberá salir cada tres (viéndonos generosos), eso solamente para mantener al cantante o al grupo vigentes, ya que si desean que su fama se prolongue por más de medio año, tendrán que sacar un éxito trimestral por al menos cinco años.

O rezar por que su obra original sea de esas pocas que se tocan hasta en las bodas, cumpleaños y primeras comuniones, lo cual tampoco es garantía de ventas porque posiblemente recuerden quiénes son los autores e intérpretes de La macarena pero, ¿y los de Sopa de caracol? Volviendo a la idea de que es mejor producir, los autores son sometidos a un estrés que muy pocos resisten por lo que tienen tres opciones, la primera ya mencionada en líneas arriba y con ello volverse alguien influyente en el medio, hacerse de un equipo de letristas que más o menos aseguren el nivel de calidad de las composiciones así como el estilo o de plano, bajar la calidad tanto de letras como de música para poder trabajar a destajo; aunque no descartaría la opción de combinar las dos últimas como sospecho que siempre lo hicieron Juan Gabriel y Julio Iglesias, porque hay que ver cómo se llegaron a fusilar a sí mismos.

De la música que se escucha ahora tengo muy poco qué decir, no la escucho, pocas veces las notas chillonas sacadas de un acordeón o de la garganta de aspirantes a cantantes populares me son atractivas y tampoco hago mucho caso a denominaciones que parecen haber sido escogidas sólo para salir al paso y no nada más lo digo por el supuesto regional mexicano, porque regionales y del país también son los sones veracruzanos y yucatecos, la música de mariachi y las polkas regiomontanas y tamaulipecas, sino también a mi muy apreciable rock le he cuestionado sus clasificaciones como ópera-rock (si sólo hay un grupo) o el glam-rock (que se basa nada más en la vestimenta y no en un aspecto musical) pero como afirmé en alguna ocasión, las tonterías mejor no entenderlas y si en español van a venderme engaños, dramones de telenovela o asesinatos, mejor consumo otra cosa porque no cualquier pelagatos es artista. Salud.

Beto

martes, 19 de noviembre de 2024

Líneas de investigación artística

Ella sólo pinta lo que la otra toca. Foto: BAER

Irapuato, Gto. El arte, como objeto de estudio, involucra a varias disciplinas siendo la principal en nuestros días, la historia; si tomamos en cuenta el punto de vista del artista, sus averiguaciones tendrían que ver con técnicas, materiales, tendencias y todo aquello que le ayude en su expresión. Un sociólogo posiblemente se interese en para qué se produce, un psicólogo vería la relación entre su historia de vida y el mensaje plasmado en la obra y un comunicólogo se avocaría a averiguar si hay mensajes cifrados, pero la tradición no es investigada, se da como un hecho, es decir, ¿cómo sabemos que lo vivido altera o no la producción artística? Damos por hecho que todos somos hijos de nuestro tiempo, quizá porque nos avocamos a seguir las reglas impuestas por el grupo, sin embargo, suponemos que un artista ve las cosas de manera distinta, por lo tanto, es posible que sienta que lo que nos rige a los «normales» no se aplica a ellos.

Lo que suponemos es que, lo que ven, les sirve de referencia para plasmar aquello con lo que no concuerdan pero, ¿por qué pasaría eso? La segunda suposición es que ellos pueden ver todo eso que nosotros no y la tercera (poco probable), que con su obra proponen alternativas para todo lo que está mal; lo más seguro es que las obras de cualquier artista se queden en el nivel de la denuncia porque su papel no es el de administrar la vida de ninguna nación, apenas y embellece el entorno cumple con ciertas expectativas. Otra línea de investigación sería la de la educación del gusto y la apreciación por medio de la experimentación, es decir, ¿cómo podemos valorar una obra, si no tenemos idea del proceso creativo que implica la misma? Hasta ahora, la educación artística es sólo una nota en las escuelas y poco más o menos, una práctica de ornato, aunque admiramos prácticas pseudo artísticas.

¿Qué pasa con los protagonistas y los movimientos? La forma en la que se presente cada obra es importante porque las técnicas de investigación exigen orden y como una de sus herramientas, la clasificación nos facilitará su observación en sí mismas de las obras y sus contextos; es importante establecer un orden coherente y significativo para los demás pues lo más importante de una investigación (con mayor razón una sobre arte) es la difusión de los resultados pues son ellos precisamente los que dictan los rumbos a transitar en la producción de las expresiones artísticas sean escénicas, de transformación o ingeniería. Las piezas resultantes de todo ese trabajo irán adquiriendo valor conforme se alineen a un propósito sea éste de contemplación o de utilidad, a las de la segunda categoría solemos calificarlas de artesanías porque interviene en ellas la producción en serie.

Desde la generalidad que tiene que ver con la identidad de una región, hasta asuntos más específicos como los materiales, herramientas y tendencias, todo es motivo de investigación en arte, sin embargo, la difusión del mismo se toma como algo hecho cuando los canales, contenidos y exponentes «gozan» de un casi permanente anonimato en lo que a la población en general se refiere; el estilo de la difusión cultural y por ende, del arte, no ha cambiado en casi un siglo, por lo que parece acartonada y sin atractivo en sí misma; sería interesante implementar un estilo más dinámico para ello en el sentido de que tratamos, al igual que en otros planos, sobre la relación entre productos y consumidores, por lo que el objeto de estudio podría ser encontrar un método que incluya la creación de imágenes que provoquen el consumo de arte, ¡está fácil! Salud.

Beto

martes, 12 de noviembre de 2024

La interactividad

Tocar también es un modo
de apreciar el arte. Foto: BAER

Irapuato, Gto. No sé dónde se inició la idea, pero aquí en el país el primero fue Papalote Museo del niño en la ciudad de México, si no me equivoco; debió ser allá por el tamaño y el número de personas que hay, aunque cabría preguntar si realmente el número de visitantes es proporcional a la población total, pero eso es material para otra ocasión, lo que importa ahora es imaginarnos cómo describiríamos la experiencia de hacer uso de instalaciones que parecen contraponerse al concepto clásico de museo. Lo más cercano que tenemos en el estado se encuentra de forma permanente en la ciudad de León con el nombre de Explora que ya con él nos dan una idea de lo que se trata, en la ciudad de Silao, el Parque Bicentenario, de forma itinerante, que cada cierto tiempo cambia sus contenidos y algunos son aptos para manipularlos. Los que no tomamos en cuenta son dos ciudades enteras que son Guanajuato capital y la ciudad de San Miguel de Allende.

Menciono ambas ciudades porque es posible que no tengamos conciencia de que son dos lugares en los que inter actuamos con el pasado directamente, en algunos sectores, desde las mismas baldosas que pisamos, las paredes con las que nos protegemos de sol o los puentes que aún funcionan para cruzar calles o ríos; pareciera que las piedras con las que fueron hechos nos hablaran, pero en un español que apenas va saliendo del medievo, por lo que entenderlas nos cuesta algo de trabajo sin que eso impida admirarnos por su enorme belleza y perenne utilidad. Los utensilios, a pesar de su tamaño, van por el camino de convertirse en piezas de arte como los metates y los molcajetes de Comonfort; no creo que haya más interacción entre una obra de arte y un usuario como cuando alguien machaca unos jitomates, chiles y cebolla con esas piedras fabricadas con técnicas ancestrales conservadas rigurosamente por generaciones.

A veces el llegar a un museo donde está permitido tocar las piezas en exhibición, se siente como estar en casa de la tía que tiene muchos adornos y los cuida como su tesoro más preciado, pero que no se molesta si llegamos a tocar alguno, por el contrario, nos conmina a seguir explorando y nosotros seguimos escuchando la voz de nuestra madre diciéndonos que no toquemos nada porque lo vamos a romper. Un espacio así presenta primero la lucha entre dos partes que parecían irreconciliables porque un museo no es para jugar y si lo inventaron, entonces era para niños. Pareciera que el ser lúdico está prohibido para algunos que deben mantenerse adultos como contrapeso a los infantiles que podemos ser en estos días, lo que podría parecer triste si tomamos en cuenta todo aquello que se están perdiendo pues, por derecho, todos deberíamos tener la oportunidad de seguir jugando o de comenzar a jugar para quienes crecieron antes.

Para que los museos interactivos sigan funcionando, necesitan ser visitados; como todo juego, su atractivo se incrementa con la repetición. Recuerden cómo es que no nos aburríamos con la rayuela, el trompo, el balero, ¡el fútbol! Quizá sea imposible calcular las veces que jugábamos lo mismo cada día y a toda hora sin importar con quiénes lo hacíamos. Posiblemente el atractivo haya residido en eso, en la variedad de la gente con la que compartíamos esos momentos y un museo interactivo pudiera ser la oportunidad de repetir la experiencia de conocer a más personas en un ambiente que provee también las condiciones suficientes para aprender. Para alguien dedicado a sorprenderse con los acontecimientos diarios, un museo interactivo representaría todo un caldo de cultivo para la creación de historias en la que la ciencia y el conocimiento fueran los protagonistas como en una investigación. Salud.

Beto

martes, 5 de noviembre de 2024

Arte contemplativo

El arte también yace en los ojos
de quien contempla. Foto: BAER

Irapuato, Gto. Ver y no tocar pareciera una sentencia que nos dieron de niños para cuidar las cosas delicadas como adornos, aparatos electrónicos, herramientas y piezas de porcelana las que, posiblemente, tuvieran un valor estimativo alto por haber pertenecido a algún familiar querido. Lo mismo que en un museo, hay cosas en nuestra vida cotidiana que deben ser tratadas con tal cuidado que parecieran ser frágiles desde los cimientos y todo por estar llenas de cabo a rabo de adornos que buscan de mil y un formas una identidad propia; las hay con un gran compendio de figuras, artefactos, modelos a escala y cualquier objeto que pareciera contar una historia por sí mismo, las otras, las sofisticadas, revientan esas historias creando otras con acomodos distintos, ya sea por temporadas o a diario, algo que sólo los más fijados de las visitas podrían notar pero quién sabe si lo pudieran apreciar, el gusto es tan volátil como el estado de ánimo de una recién parida en sus dos primeras semanas.

Estar frente a una obra maestra nos transforma pues nuestra razón decide tomar el camino trazado por los sentimientos, la fusión entre ellos se da de manera natural pues a pesar de los racionalistas y de los románticos que suelen ver la vida en una dicotomía irreconciliable, si esa obra nos permite su manipulación, la experiencia se vuelve inolvidable; si fuéramos capaces de recordar nuestra primera experiencia táctil  consciente, quizás entenderíamos la sorpresa que provoca el darnos cuenta de que compartimos cierta parte del proceso creativo que nos acerca a la divinidad. Es algo así como poder tocar una de las cabezas colosales de Palenque, subir las escaleras de la pirámide del Sol o caminar por los pasillos del Castillo de Chapultepec, los constructores y escultores de esos portentos nos dejaron a la mano mensajes que podemos descifrar poniendo atención en los detalles que suelen jugar con nuestras cabezas asomándose de vez en cuando.

¡Y podemos tocarlos! Pero su misma grandeza nos hace sentir tal estupor que no profanaríamos su esencia con nuestra ignorancia, me imagino que lo mismo sucedería si tuviéramos al alcance a la Mona Lisa, los Girasoles o las Majas, con las manos en la espalda en señal de respeto. Es que hay obras que quitan el aliento como los Atlantes de Tula, la Piedad o el David, su tamaño se podría equiparar a la grandeza de sus autores; ya fuera talento individual o educación colectiva, lo que la humanidad ha producido con una gran carga artística se puede observar a diario, en cualquier pequeño taller de talabartería, un campo de fresas o en el hogar de todos los habitantes de este país, pero sólo unos cuantos son capaces de resumirlo con formas, manchas de colores y palabras y a pesar de los cínicos tiempos que vivimos, aún los hay que tienen la facultad asombrosa de dejarnos boquiabiertos.

Pero hay algo que debe complementar la complicidad entre la obra y el observador que son precisamente los ojos de quienes están en el otro lado del lienzo, los cinceles y el papel; la producción artística valdría poco menos que nada si no hubiera quien lo apreciara, las formas carecerían de un sentido más allá de su inserción en las tres dimensiones tangibles, los colores no pasarían de ser bonitos o feos y no habría nada más muerto que las letras. El observador replica la obra en su mente lo que lo convierte en una especie de coautor que pondrá su sello particular el cual añadirá en el momento de narrar sus impresiones a otros igual de inquietos por abstraer la naturaleza al pensamiento; contemplar y disfrutar del arte requiere de educación y quien guíe por un laberíntico camino lleno de sorpresas que nos devuelven parte de la capacidad de asombro que teníamos cuando niños. Salud.

Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...