martes, 22 de agosto de 2017

¿De verdad tan importante?

Desde que me acuerdo, los eclipses son así.
Foto: Sputnik Mundo
Nunca he sido de los que piensan que sólo su opinión cuenta ni mucho menos, ser el portador de la verdad absoluta, por el contrario y lejos de presentar signos de esquizofrenia, dudo incluso de lo que mi cerebro procesa hasta el grado de presentarme varias opciones de razonamiento que puedan conducirme a respuestas, por lo menos coherentes.
Afirmo esto porque hay en todo este mar de información, un sinfín de aseveraciones que tratan de ser contundentes sobre el ánimo de quienes tienen la curiosidad, el temperamento y el suficiente ocio como para estar revisando lo publicado por el basto universo cibernético; con el consabido riesgo de encontrarse con cada versión que, el cielo nos ampare.
De todo lo que se afirmó, recordó y hasta se predijo sobre el eclipse, sólo una cosa no entendí y es que en varios momentos y lugares se le calificó como "el eclipse del siglo"; posiblemente hubo varios antes de mí que se lo preguntaron pero, ¿de dónde salió la idea de llamarlo de tal forma? ¿qué tenía de particular y que no tuvieron los eclipses anteriores? ¿era alguna forma de congraciarnos con los Estados Unidos porque ahora sí les tocó verlo en su totalidad y a nosotros no?
La mecánica del fenómeno no cambió: la luna se interpuso entre nuestro planeta y los rayos solares para producir una sombra que se proyectara sobre la superficie terrestre. Fenómeno que, al menos en un 50% se produce a diario, pero que por el ángulo de proyección no nos taca verlo así dado por lo dinámica de la trayectoria lunar al rededor de la tierra.
Entonces, vuelvo a preguntar, ¿por qué fue éste el eclipse del siglo? Para el 2024 ocurrirá otro, quizá lo veamos en el territorio nacional otra vez, espero que en un porcentaje mayor al 30% como fue éste. ¿Tendrá menos validez porque las fuerzas cósmicas no estarán presentes? Y a propósito, para quienes me enviaron el presagio de que se acabaría el mundo... Interpreten mi silencio. Salud.
Beto

martes, 8 de agosto de 2017

A dibujar en otros lares

Parte de mi niñez y juventud
se va con él. Foto: Rius
Me desperté con la noticia y no había tenido la misma sensación de haber perdido una gran oportunidad desde el deceso de Chava Flores; ahora con la partida de Rius mis referencias a la irreverencia y al pachanguero cuestionamiento de lo acontecido con este maltratado mundo, se ven muy diezmadas tanto en lo teórico como en lo lúdico.
Eduardo del Río significó en su momento una puerta al entendimiento de eventos que parecían eternos e inamovibles, dictados por la mismísima mano de Dios y sustentados por Cronos ante las rabietas de dioses y semidioses de este mundo y sus alrededores; autocrítico en la mayor parte de sus aseveraciones, vi cómo sucumbió por momentos al irresistible llamado del ego.
¡Y claro que sucumbiría! Fue un parteaguas para quienes fuimos sus indirectos aprendices pues tocó temas que a muchos, por la época en que se vivía, les daba comezón tratar y menos lo harían con la desfachatez del maese; ya que, como él mismo lo afirmó en alguna ocasión en sus obras, si hubiera tenido que tratarlos con solemnidad, tendría que haber utilizado otro medio y otro lenguaje.
Pero fue la caricatura la que vino a facilitarnos a su público, lo que en la escuela, la iglesia o el gobierno, nunca nos explicarían. Arrebató un lugar en la historia (o historieta) de un México al cual se avocó a retratar en paños menores, así, para que fuéramos capaces de mirarnos sin más diferencias que las que nos haya impuesto la naturaleza... que de las otras, él se encargó de desmitificar. Salud.
Beto

El que no sabe

La sospecha no siempre está bien documentada. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. S ospecha. Varios son los personajes que en una novela cuestiona...