martes, 8 de agosto de 2017

A dibujar en otros lares

Parte de mi niñez y juventud
se va con él. Foto: Rius
Me desperté con la noticia y no había tenido la misma sensación de haber perdido una gran oportunidad desde el deceso de Chava Flores; ahora con la partida de Rius mis referencias a la irreverencia y al pachanguero cuestionamiento de lo acontecido con este maltratado mundo, se ven muy diezmadas tanto en lo teórico como en lo lúdico.
Eduardo del Río significó en su momento una puerta al entendimiento de eventos que parecían eternos e inamovibles, dictados por la mismísima mano de Dios y sustentados por Cronos ante las rabietas de dioses y semidioses de este mundo y sus alrededores; autocrítico en la mayor parte de sus aseveraciones, vi cómo sucumbió por momentos al irresistible llamado del ego.
¡Y claro que sucumbiría! Fue un parteaguas para quienes fuimos sus indirectos aprendices pues tocó temas que a muchos, por la época en que se vivía, les daba comezón tratar y menos lo harían con la desfachatez del maese; ya que, como él mismo lo afirmó en alguna ocasión en sus obras, si hubiera tenido que tratarlos con solemnidad, tendría que haber utilizado otro medio y otro lenguaje.
Pero fue la caricatura la que vino a facilitarnos a su público, lo que en la escuela, la iglesia o el gobierno, nunca nos explicarían. Arrebató un lugar en la historia (o historieta) de un México al cual se avocó a retratar en paños menores, así, para que fuéramos capaces de mirarnos sin más diferencias que las que nos haya impuesto la naturaleza... que de las otras, él se encargó de desmitificar. Salud.
Beto

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