martes, 28 de febrero de 2017

¡Ya lo sé!

Y entre más me lo mencionan, más se me antoja.
Foto: Baer
Por supuesto que no estoy buscando adeptos ni tengo la intención de cambiar las creencias de nadie, pero de esa misma manera, quisiera que mis opiniones al respecto fueran escuchadas; no tengo una idea clara por la que debamos culpar a los animales comestibles por lo que hacemos o dejamos de hacer los humanos, pero la cosa es así desde hace mucho.
¿Quiénes son los que pecan en contra de constructos gobernantes de nuestra moral, los animales o nosotros? ¿Nosotros? Entonces ¿por qué proyectamos los males que debamos purificar en nuestro interior hacia la comida? Desde que recuerdo, a propósito o no, cuando he comido carne en los llamados días santos, no pasa de que alguien me recuerde que no debí hacerlo.
No me transformé en un demonio, no me salieron escamas de serpiente, no vomité plasma... bueno, ni siquiera me salieron granitos en la cara por comer carne en viernes a ninguna edad. Y podrá afirmarse que, como a mí no me interesa ser católico como lo es mi familia, pues por eso no le doy importancia, pero a ninguno de los que conozco -católicos-, tampoco les sucedió algo semejante.
Reitero, no soy quién para decir si están todos bien o mal, eso es cosa de cada quien. Lo que me parte el ánimo es que me estén repitiendo que me dan verduras o pescado, porque no se come carne. De una vez por todas trataré de dejarlo en claro: yo como lo que se me dé, sin protestar y sin importar en qué época del año nos encontremos. Que me lo recuerden cada año, está de la tiznada. Salud.
Beto

martes, 14 de febrero de 2017

Salve oh Afrodita

Deberíamos conocer a otros paladines del amor.
Foto: ACI prensa
Apareció mi "contreras" interior y ni modo; no voy a hacer una crítica sobre la mercadotecnia del día ni me proclamaré opositor a regalar cosas. Todos estamos en nuestro derecho de festejar como y cuando se nos dé nuestra real gana; sólo trataré de ajustar mi pensamiento para no tener que dormir con la consciencia intranquila.
Las pocas (o muchas) veces que me meto en lo que no me importa hago la anterior aclaración para no herir en demasía, las susceptibilidades de mis coterráneos, espero lograrlo en esta ocasión. Me refiero a no herir. Por supuesto que mi inquietud es sólo de forma puesto que mi público no se extiende más allá de unas cuantas calles a la redonda.
Así entonces, creo que la universalización de este festejo tiene un pequeño hueco en el cual no nos hemos detenido a pensar y, si lo hemos hecho, es sólo para criticar su ya mencionada comercialización; sin embargo, creo que deberíamos observar que su aprovechamiento monetario obedece más a una inexactitud religiosa que a un plan maquiavélico de intercambio monetario.
¿A qué me refiero? A precisamente tener a un santo como referente del amor carnal o platónico, cuando no se tiene registro de que él mismo fuera casado o haya amado a mujer alguna. Por otro lado, se le dio el título de "patrón de los enamorados" cuando él lo único que defendió, fue el matrimonio por vía de la religión cristiana, es decir, fue más un acto político-religioso que una oposición sentimental.
En este punto, puedo aceptar toda crítica, pero también deben aceptar que en sus biografías, no existen datos sobre que hubiera en todo el imperio romano la prohibición de casarse, se podía hacer, sólo que no por medio del cristianismo. Así pues, con todo y que estoy de acuerdo en los "arrejuntamientos", sí debemos considerar cierta no universalidad en lo que creemos. Salud.
Beto

martes, 7 de febrero de 2017

Otros mundos

Escena de El viaje superficial de Jorge Ibargüengoitia
Foto: José Cruz Barroso
¿Qué hubiera hecho yo en otra época? Sencillo, ser un rebelde indómito con ansias de igualdad que recorriera la zona de la sierra sembrando el terror en las hordas opresoras; quizá un trovador que cantara las hazañas de héroes a los que hubiera acompañado en sus correrías; posiblemente un maestro rural de principos del siglo XX, que diera fe de las carencias del país.
¡Un periodista de ésos que perseguían la noticia por todo el mundo! Que supiera de los riesgos naturales de su profesión. Pero no, me toco un tiempo en el que se habla de todo, pero que se dice muy poco. Aunque mi muy efímera participación dentro del mundo de la actuación me haya brindado la oportunidad de ponerme en zapatos ajenos.
La misma emoción, pero sin los peligros inherentes que deben enfrentar los revolucionarios, los aventureros o los servidores públicos. Una descarga de adrenalina causada por la cercanía y el conocimiento de un público ávido de diversión que, sin embargo, no perdona un esfuerzo a medias o el menosprecio de su inteligencia.
Probé las mieles del espectáculo semana a semana durante un -repito- breve periodo, lo cual me dejó muchas enseñanzas. Lo recuerdo con todo el agrado que me brindó la casualidad y el apoyo de Edmundo Torres junto con toda su compañía. No sé si mi memoria me diera para repetir la experiencia, pero la voy a atesorar por mucho más tiempo. Salud.
Beto

Escritor, ¿luchador social?

¡En guardia! No podrán contra el filo de mi pluma. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. O bligaciones intrínsecas. Las trincheras que nos buscamos ...