martes, 6 de septiembre de 2016

Clandestinidad para sobrevivir

Alimentar cuerpo y espíritu no está contemplado
en ningún presupuesto oficial. Foto: Baer
En la búsqueda de la sobrevivencia y la persecución consuetudinaria de la chuleta, la imaginación empieza a trabajar como si nunca lo hubiese hecho; la necesidad es una madrastra imperiosa y dominante, no da tiempo a respirar y menos cuando hay gente dependiente de uno. Lo bueno es que no es mi situación, pero ¡ah! cómo aparecen cosas que me hacen falta.
En esa misma lucha estamos todos quienes aún no tenemos resuelta la vida y que, seguramente, nos sabemos incapaces de poner atención a lo que sucede en las altas esferas gubernamentales y económicas del país ya que, como lo he afirmado antes, lo urgente no da tregua a lo importante. Y lo primero en esta vida es asegurar la papa.
Pero la situación en la que hemos caído históricamente, nos impide ser leales con las instituciones; la clandestinidad es la mejor arma para no dejar ir el poco ingreso que va surgiendo cada día en las clases necesitadas, ésas en la que vamos cayendo los clasemedieros que nos descuidamos un poco y que de pronto, por un error o situación no calculada, nos vemos engrosándolas.
Con perdón de los profesionales de la economía, pero creo que manejar un país, sigue siendo semejante a manejar una casa. Si se tienen los recursos, a gastar, si no, pues no. Pero la razón de no tenerlos supera la capacidad del ciudadano común de crear sus propios recursos: el dinero recaudado de impuestos va perdiéndose en un camino escabroso.
La solución es acabar con la corrupción desde nuestro interior, desde nuestra forma de ver la vida en este país. Quizá no sea sencillo, pero sí simple. Si tan sólo nos permitieran a todos tener seguridad para mantener un negocio, sin las complicaciones impuestas desde una administración burocratizada a lo bestia, hasta los servidores públicos podrían tener ganancias lícitas. Sigo soñando. Salud.
Beto

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