martes, 12 de abril de 2016

Apretaditos

Muchos y con un problema acorde a su tamaño.
Foto: Baer
Algunas veces, cuantificar un problema no nos pone en camino de la solución; sacar de la circulación a los vehículos que parecen excedentes para así evitar la contaminación, no es más que un paliativo para un problema de fondo que es el uso de hidrocarburos en las prácticas automovilísticas. La hora de implementar fuentes alternativas de energía ya nos rebasó.
Por supuesto que en ciudades que han tenido un crecimiento desmesurado, los problemas se multiplican exponencialmente, principalmente los que se refieren a la distribución de satisfactores primarios como el agua y, más que una necesidad creada por una situación geográfica, se trata de un problema de orden político-económico.
Yo creo que hay muy pocos habitantes de la ciudad de México que no se quejen de las condiciones en las que se vive allí, que la mayoría desearía regresar a los tiempos en que se podían apreciar los días limpios y los servicios no escaseaban más que en las zonas marginadas y asentamientos irregulares, por haber solapado la manipulación de los sectores más pobres.
¡Pero a que no se salen! Siguen creyendo que todo debe centralizarse para (imagino) mantener un control total de lo que producen, comercializan, distribuyen y consumen, cuando en realidad no tienen tiempo ni de cuidarse a sí mismos pues los espacios cada día les pertenecen menos y deben invertir la mayor parte de su vida enlatados en un automóvil.
Siguen un espejismo donde todo lo tienen y en donde nada les queda a la mano. Son muchos los automóviles que circulan diariamente por las calles de la capital de la República, sí, pero no hay capitalino que, por la idea estúpida de sentirse cosmopolita -quizá- retome la responsabilidad de su existencia y se salga de semejante manicomio. Síganle hasta reventar. Salud.
Beto

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