| Los reyes, hasta en los juegos se escudan detrás del pueblo. Foto: Baer |
Cuando las notas de antaño aseguraban que las adecuaciones al presupuesto y otras acciones de carácter político servían sólo para realizar cambios que en nada cambiarían al país, sentía que eso era una forma muy inteligente de hacer política. Por supuesto, a los catorce años no tenía idea alguna de cómo contrastar tales notas y comparar la situación del país.
De aquello lejanos años setenta a la fecha, los problemas no sólo han aumentado, sino que ahora es una moda entre medios que se presuma el tener el mayor número de notas rojas en sus espacios informativos, angustiantes y con todo un sentido de que nunca podremos salir del atolladero; eso sí, con los reclamos propios de una señora de vecindad.
Palabras como crisis, violencia, tortura, explotación, desastre y otras tantas linduras, se han hecho un lenguaje cotidiano en el que participamos sin entender los alcances que con su uso se avecinan. El primer efecto está casi completo, que es la inmunidad por la perdida del asombro. Es tal la información sobre calamidades, que ya no nos extraña.
La indignación que externamos parece más el comentario que nos hizo la vecina chismosa sobre el escándalo que hicieron los del cuatro cuando la mujer descubrió la infidelidad del marido, chisme que terminaría con un salomónico: "se veía venir, ya ves como son los del cuatro". ¿Será esa pachorra la que usaremos cuando se nos caiga el país en pedazos? Se ve venir. Salud.
Beto
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